martes, 26 de agosto de 2008

Estudio de Marketing (II)

Es la hora de intentar que nos publiquen. Como ya hemos comentado, hay diversas formas para intentarlo aunque, invariablemente, tendremos que enviarla a alguien para que decida si se gasta los euros en publicarla o no. Porque, no nos engañemos, esto es un negocio y de lo que se trata es de ganar dinero. He de decir, además, que la editorial NO es quien más dinero gana con la venta de libros… pero bueno, eso es otra historia.

De lo que se trata es de convencer a una persona que normalmente no nos conocerá de nada, y menos aún si somos un escritor novel, para que decida gastar SU dinero para que nuestro nombre aparezca en el lomo de cartoné de un libro impreso. Y como nosotros hay cientos que ya le han enviado su novela.

Por tanto, hay que intentar ser más inteligente que todos esos “rivales”. Así que toca pensar.

Bien, pensemos pues. Imaginemos que somos nosotros quien va a comprar un libro a una librería. No buscamos uno concreto, vamos sencillamente a ver qué nos traemos a casa de la librería. Nos encontramos con cientos, miles de volúmenes, todos puestos en fila. Normalmente, lo que haremos será irnos a la sección en la que se encuentren los libros que tratan los temas que más nos gustan, o que nos apetece leer: novela histórica, romance, fantasía, thriller, policiaco…

Una vez allí, cogemos uno. No suele ser al azar. Algo nos llama la atención, normalmente la portada o el lomo, el tipo de letra del título, o el título en sí mismo. Cuando lo tenemos ente las manos, el 90% de las veces lo primero que hacemos es ver quién escribió aquello. Lo segundo es darle la vuelta y leer la sinopsis. Y (y este condicional es muy importante), si la sinopsis nos ha parecido interesante abrimos las primeras páginas y comenzamos a leer. Y (y este condicional es importante, aunque menos), si nos gusta lo que leemos, pasamos varios cientos de páginas y volvemos a leer un párrafo, esta vez sí, al azar.

Si nos gusta lo que leemos, si nos parece interesante, si nos ha hecho vibrar algo dentro de nosotros, y (de nuevo un condicional), si pensamos que el valor del libro es más bajo de lo que puede hacernos disfrutar, tal vez (y esto es lo más importante de todo), compremos el libro.

Acabamos de convertirnos en editores.

Eso es el proceso reducido y simplificado que sigue una editorial. ¿Queremos que nos publiquen? De acuerdo, pues hay que jugar con sus reglas.

Regla nº I
Seleccionar.

No hay una sola editorial (ni agencia) que publique todo tipo de historias. Algunas tendrán línea juvenil y otras no. Algunas tendrán línea de novela histórica y otras no (aunque parezca mentira). Algunas tendrán línea de fantasía y otras no. Y hay muchas que están especializadas en una de esas líneas y que prácticamente no publican otra cosa.

De modo, que si escribimos novela juvenil y la enviamos, por ejemplo, a Edhasa es más que probable que nos la rechacen, aunque les guste la novela, pues es una editorial especializada en historia y, aunque tiene colecciones donde nuestra obra podría encajar, su presupuesto para esa colección será más reducido y lanzarán menos obras al año, por lo que elegirán para ello autores conocidos.

Regla nº II
El Título.

Es lo más importante de nuestra obra. Si no tiene un título que enganche, que sea evocador, que llame la atención, QUE DIGA ALGO!!!!, lo tenemos mal.

Un ejemplo: Cumbres Borrascosas. Por Dios… ¡¡¡¡si lo dice todo!!!! Te sitúa en el lugar en el que sucede la acción y ya te dice qué tipo de novela vas a leer: no va a ser una historia romántica, desde luego.

Otro ejemplo: El Hobbit. ¡¡¡¡Pero si no dice nada!!!! ¿Quién, que no conozca la obra de Tolkien, sabe qué demonios es un Hobbit?

Y sin embargo, los dos títulos hacen que te sientas atraído por el libro, ¿o no?

Pues eso… a cuidar el título. Personalmente (esto es deformación personal) creo que los títulos cortos son mejores que los largos. Porque son más contundentes, porque dicen más (aunque no digan nada) que un título largo que intente explicar algo. El propósito del título no es explicar, es hacer que te acerques a la explicación.

Ya llevamos un buen rato pensando, y sólo hemos tratado dos de las reglas que hay que tener en cuenta. ¿Descansamos un poco?

13 comentarios:

Elisabet dijo...

Teo, veo que eres versado en marketing... ¿Deformación profesional? Estás siguiendo, paso a paso, las recomendaciones de un experto publicitario para vender cualquier otra cosa.

Oye, ¿y quién gana dinero, si no es la editorial? ¿Quiénes son los señores grises a la sombra...?

De acuerdo con lo del título. Mi novela, aunque suena folletinesca, ha llamado la atención por su título a todo quisque, desde la agente hasta el chico del registro de la propiedad intelectual... Sin duda es clave.

Y, por supuesto, también la portada del libro y casi más la contra. Yo he comprado "compulsivamente" algunos libros por leer precisamente la sinopsis de la contratapa.

Saludos, fiera,

Eli

Martikka dijo...

Marketing, ventas, expertos... Son palabras a veces difíciles para quienes nos dedicamos a escribir. Es un oficio solitario, introspectivo, en otra onda.
Supongo que la otra característica que nos define, la imaginación, nos ha de salvar de esa selva a la que nos enfrentamos!
Un saludo!

Teo Palacios dijo...

Bienvenida de nuevo, Martikka.

No dejes que esas palabras te asusten. El escritor debe dedicarse a escribir, ciertamente. Respecto a lo que comentas acerca de la soledad del escritor, puedes leer algunas opiniones (mía y de otros) aquí: http://fantasticaliteratura.blogspot.com/2008/07/la-soledad-del-escritor.html

Ahora bien, si eres escritor NOVEL (como es mi caso), e intentas abrirte paso en el mundo editorial, te vas a encontrar con una jungla completamente desconocida, que habitualmente rechaza y desespera a los que intentan atravesarla.

Cierto es que mi experiencia no es mucha, aún no tengo nada publicado, aunque espero que eso cambie pronto. Sin embargo, hubo algunos que me ayudaron, y mucho, a entender mejor a qué juega el mercado editorial. Gracias a la aplicación de esos consejos conseguí dar mis primeros pasos para lograr ver alguna de mis obras publicada.

Lo único que intento en este tipo de entrada (verás que no todas son del mismo estilo) es explicar lo mejor que puedo esos "conocimientos".

Espero que sean útiles para algunos, igual que lo fueron para mi.

Saludos y no desesperes!!

Teo Palacios dijo...

Tal como digo, Eli, el escritor novel tiene que saber venderse. Una vez tienes varios libros en el mercado la cosa cambia, claro. Empieza a conocerse tu nombre y, en principio, se da por hecho que escribes con cierta calidad, de lo contrario no habrías publicado en varias ocasiones, lo que facilita todo el proceso. Algunos incluso pasan a ser "escritores de plantilla", que firman sus libros con la misma editorial y demás. Pero el novel, ¡ay!, eso es otra cosa...

Estuve a punto de mencionar el título de tu novela en los ejemplos que he puesto en la entrada, jejeje, pero como no es conocido (aún) ni puede comprarse (todavía) me decidí por Cumbres Borrascosas. Si te fijas, el tuyo sigue la misma línea: en 2 palabras te resume el libro. ;)

Y sobre quién se lleva la pasta... ¿de verdad no lo sabes? Bueno, pues ya te lo contaré entonces...

Abrazos

Elisabet dijo...

Hola, Teo y Martikka,

pues yo creo que aunque el acto de "crear" sea solitario y necesite de calma y retiro, el arte de vender tiene mucho que ver con la literatura. Muchas empresas requieren expertos que sepan escribir, e incluso buscan a escritores o personas hábiles con las letras para sus campañas de marketing. Lo que pasa es que tenemos un cierto puritanismo y eso de mezclar arte con dinero como que nos repele un poco... Pero pensemos en los grandes artistas de la historia, por ejemplo Miguel Angel, que trabajaba por encargo de poderosos mecenas (que no eran otra cosa que los capitalistas florentinos y romanos) o en escritores como Víctor Hugo o Galdós, que publicaban sus novelas por fascículos, que acompañaban periódicos. La eclosión del arte siempre ha ido paralela al auge económico. Por eso es importante sacudirse la timidez de encima para salir a la luz y entrar en el mercado, porque nuestras obras, como dice el anuncio... ¡lo valen!

Teo, qué elogio que pensaras en el título de mi novela. ¡Pero no compares con Cumbres Borrascosas!!! (Novela que me enganchó no veas cómo, cuando la leí)

Por cierto, ¡quiero saber quién se lleva la pasta!!

Blas Malo Poyatos dijo...

Hola Teo y compañía:

Además, lo del título es francamente difícil... ¡por la ingente cantidad de títulos NUEVOS que salñen cada año! (y que por tanto dejan de ser utilizables, si es que queremos ser originales y personales y no incurrir en una demanda por plagio)

En fin... difícil, difícil.

Un saludo:

Espartano

(Blog: A Hemingway le negaron 27
http://www.lenegaron27.blogspot.com)

B. Miosi dijo...

Hola Teo, me está gustando leer cómo enfocas el mundo comercial literario. ¿Quién se lleva los reales? ¡No me digas que no son las editoriales! Porque el escritor, con seguridad, no es. Aunque hay algunos que se pueden dar el lujo de vivir de eso.
El nombre, el título de una obra es sin duda uno de los elementos más importantes, dices bien, la contratapa también, pero ¿qué me dices del autor? se estila que aparezca su foto. Ahora el autor es un medio publicitario, una imagen. Antes ni siquiera hacían presentaciones, ahora es casi indispensable, y debe tener cierta imagen, algo que haga decir al lector: "quiero leer algo que esa mujer haya escrito" (o ese hombre)
De manera que tenemos que cubrir muchos puntos: Un buen tema, un buen título, una buena contraportada, una foto atractiva, y por supuesto, una escritura con estilo que atrape de tal forma que no quieras dejar el libro ni aunque venga un huracán.
Eli tiene razón al decir que las campañas, los dossier que se reparten a la prensa deben ser hechos por especialistas. El que hicieron a La búsqueda (mi novela) es de antología.
El problema surge cuando no se tiene una buena imagen. La gente quiere escritores jóvenes, atractivos, con estilo, con carisma, si no se tiene eso... ¿pasará el libro por debajo de la mesa?
Eso me preocupa especialmente a mí.
No cumplo con los requisitos. Ustedes están sobrados, y sé que ambos, tú y Eli llegarán muy pero muy lejos. Lo dije siempre y lo mantengo.
Besos,
Blanca

Susana Eevee dijo...

Hola Teo,
Yo también creo que el título es muy importante.
Hay escritores que no le dan tanta importancia a esto, e incluso terminan su novela sin decidir cuál será su título. No sé si yo seré un poquito exagerada, pero mientras no encuentro el título, no siento que tenga un proyecto firme, aunque ya haya escrito varios capítulos. Es como si hasta ese momento, el libro no tuviese alma, como si le faltase algo que le diese una entidad que me comprometa e ilusione a tirar adelante con la historia.
¿Hay alguien a quien que le haya pasado algo parecido?

Teo Palacios dijo...

Blas, personalmente creo que el título es algo que, se revela por sí mismo una vez tienes claro cuál es el tema principal de una novela.

Eso sí, a veces, la cosa cambia radicalmente. Por ejemplo, en la novela que estoy escribiendo ahora, no encontraba un título claro. Se me ocurrieron dos o tres, hasta que finalmente llegó el definitivo.

Como con cualquier otra fase del proceso creativo de la literatura, el título es algo que hay que trabajarlo y pulirlo hasta que estemos contentos con el resultado.

Saludos

Teo Palacios dijo...

Buenas, Blanca.

Veo que voy a tener que hacer una entrada acerca del negocio monetario editorial, jajaja. Pues no, en realidad, no son las editoriales las que más dinero se llevan en este negocio... Prometo que os lo cuento ;)

Respecto al tema de la imagen. Llevas razón en parte. Hoy, la imagen es algo sumamente importante y que hay que cuidar para todo. Es una de las cosas que hay que tener en cuenta para "venderse". No hay artículo en el mundo que no cuide su presentación, desde un yogourth a un vehículo de lujo.

Ahora bien, tampoco creo, y esto es una opinión muy personal, que sea necesario tener una imagen determinada, ser una persona "guapa" por decirlo de alguna forma, ni irradiar magnetismo. Si tu literatura es buena y sabes venderla, antes o después llamarás la atención de alguien que apueste por ti. ¿Que ser un tipo 10 te puede ayudar en cierto modo? bueno, todo lo que sea ayudar, bienvenido sea, pero no creo que sea un factor determinante.

¡Más me vale! ¡Que yo soy un tío muy corriente!

A todo esto, me alegro mucho de la resolución que ha tomado BUBOK. Sigo a menudo tu blog, como bien sabes y ha sido una grata noticia para todos.

Besos

Teo Palacios dijo...

Pues te voy a contar, Susana uno de mis recuerdos de la infancia...

Tendría unos seis o siete años y estaba sentado una tarde a la mesa camilla de la sala de estar, con mi madre al lado. Recuerdo que era invierno pues serían las 7 o las 8 de la tarde y fuera ya estaba oscuro.

Yo estaba, como no, escribiendo. Era una historia de robots (no me preguntes por la trama, afortunadamente la olvidé hace mucho!!) y transcurría en el espacio.

Pero llevaba un rato con el lapiz en la mano, sin escribir nada. entonces, mi madre me preguntó qué me pasaba y le dije que no sabía que título ponerle a la historia. Ella me contestó mientras seguía clavando sus ojos en la aguja que manejaba: "sigue escribiendo, ya te saldrá el título. Es lo último que se pone"

Pues lo siento, mamá, pero no puedo estar más en desacuerdo... Es cierto que normalmente el título es algo que no llega hasta que la historia no está avanzada, al menos, hasta que no tienes claro qué quieres contar. Pero, al menos en mi caso, hasta que no encuentro el título apropiado no soy capaz de ver la novela como algo completo. Una vez me decido por el título, todo me resulta mucho más fácil.

Supongo que no seré el único.

Un abrazo.

Elisabet dijo...

SOBRE TÍTULOS, ¡ah, qué interesante! Pues sí, yo creo que el título es como el nombre de la criatura, tiene que venir pronto...al menos en mi modesta opinión y experiencia. La verdad,a mí se me ocurre primero la historia. Pero luego, apenas me pongo a escribirla, el título "me viene" inspirado. Ja, ja, no riáis, que parece cosa de magia, pero es así, simplemente. Os aseguro que me llega como por instinto, como si estuviera ahí, con vida propia y formando parte de la obra. El título de la novela que me van a publicar, Teo, me salió así, de sopetón, en apenas unos segundos, sin pensarlo siquiera. Y el de la trilogía y las otras que he escrito después, igual. Y los de las novelas que aún no he escrito pero ya rondan en mi mente también están ahí. Sé que esto no es muy científico ni racional... ¡alguna explicación habrá, pero aún no la sé!

SOBRE LA IMAGEN. Ah, Blanca, cuántas escritoras jóvenes y guapas se han visto vilipendiadas y cuestionadas injustamente por eso... Al menos conozco el caso de dos. No, la imagen en este caso no siempre vende. En la literatura, son las PALABRAS -o las letras- lo que venden, creo, y el TEMA que traten.

Besos,

Eli

Teo Palacios dijo...

Yo creo,Eli, que el título de una novela aparece una vez tienes claro qué quieres contar, cuál es la trama principal de la historia (porque una buena novela no tiene sólo 1 trama...).

Y es así porque el título es (o al menos debe ser en mi opinión) la condensación del espíritu de la historia.

Sin embargo, yo hasta ahora nunca me he quedado con el primer título que me ha venido a la mente. Por ponerte un ejemplo: La historia de Ar-Dum, como tú la conocerás de por vida aunque ya no sea la historia de Ar-Dum.

Esa novela tuvo un primer título: Tambores de Guerra. Pero me sonaba tan ñoño que tenía claro que debía cambiarlo.

Luego llegó otro, uno que me gusta mucho, en realidad, muchísimo: ANAXÁNDRIDAS.

Tiene fuerza, es atrayente, te sitúa en un contexto concreto (a poco que sepas una pizca de griego)... PERO!!! tiene un problema: nadie tiene ni idea de quién es Anaxándridas. No es como ALEJANDRO, ni mucho menos...

Por fin, me llegó lo que buscaba: HIJOS DE HERACLES.

Te sitúa en la época exacta y el lugar correcto, tiene tintes épicos a la vez que históricos y, encima, resume el espíritu de todo un pueblo. Una vez has leído la novela, además, el título cobra una fuerza aún mayor.

Por eso digo que el título hay que pulirlo... a menos que, como en tu caso, uno sea un genio de nacimiento y punto.