miércoles, 20 de agosto de 2008

Estudios de Marketing (I)

Y una vez escrita nuestra primera novela, convencidos de su calidad… ¿ahora qué?

Pues ahora es cuando empiezan las caídas. Y será una tras otra, así que hay que prepararse para tener paciencia.

Quien escribe, y más aún quien escribe una novela, lo hace para que su historia sea leída. Y si se puede ganar algo de dinero (y digo “algo”, no convertirse en un megaventas), mejor que mejor. Y eso pasa, indefectiblemente, por ser editado.

Algunos se deciden por la autoedición y otros buscan editoriales. Muchos empiezan por lo más grande, entre otras cosas porque es lo más conocido.

Con independencia de cuál sea la opción que escojas, hay algo que hay que tener en cuenta: la presentación de la obra.

En este mundo hay que saber venderse para todo: para conseguir un trabajo, para conseguir pareja. Cualquier acto que implique que se nos elija a nosotros por encima de otros no depende exclusivamente del azar. Podemos hacer mucho para obtener el éxito, y en el mundo editorial, eso pasa, necesariamente, por una buena presentación de tu obra.

¿Cuántas novelas pensáis que puede recibir por ejemplo Minotauro al día? ¿Y Timum Mas? ¿Y Planeta? ¿Alfaguara? ¿SM? ¿Espasa-Calpe? ¿Cuántas? ¿Veinte, cincuenta? Quizá más.

Y ahora llega la nuestra, de un autor del que nadie, jamás, a escuchado hablar. Encuadernada igual que las demás: Papel blanco con letras negras y espiral negra; cubierta transparente y contracubierta roja, o negra, o azul. Una más.

Y pasa, de forma inmediata, al final de la pila, lugar en el que, tras varios meses de espera, la tomará alguien que lleva leídas ese día quinientas páginas de diez o quince novelas distintas, veinte o treinta páginas tal vez de cada una de ellas.

Con ojos agotados, pensando ya en sus asuntos posiblemente: mi jefe me paga poco, vaya bodrio lo de la novela anterior, seguro que esta es más de lo mismo, yo lo que quiero es escribir, mi novela es mejor que aquella que acaban de publicar...

Y en esas veinte o treinta páginas, que os toca, de cualquier porción de nuestra novela, tiene que descubrir algo que le llame la atención, que le impacte, que le marque de alguna manera para que decida que quiere leer algo más.

Hacer eso es una apuesta perdedora. Alguno llega, claro… uno de cada mil, o dos mil, consigue llamar la atención de este modo. Puede ser debido a tener la suerte de ser el primero del día, cuando el lector está descansado. O puede ser porque tiene la suerte de que su obra ha sido abierta por una escena especialmente buena. O puede ser, por supuesto, por ser un auténtico mago de las palabras, que también los hay.

Pero, en general, es apostar a caballo perdedor.

Hay otro modo de presentarte ante una editorial, o ante un agente, si es lo que prefieres.
Y esa forma es saber venderte; y saber venderte mejor que los demás, porque, de entre todos esos cientos de originales, algunos también se habrán vendido.

Así que, aguza el ingenio, ponte tus mejores rompas lingüísticas, y prepárate para trabajar un poco más. Si lo haces bien, si consigues llamar la atención, lograrás el primer paso: que alguien se fije en ti, rescate tu obra del fondo de la pila de originales, y se disponga a valorarla con un ánimo diferente.

10 comentarios:

B. Miosi dijo...

Magnífico, Teo, muy bien explicado. Analizas a la perfección los motivos que mueven a los esritores y los consejos son muy buenos.

Está resultando enriquecedor e interesante,
Saludos,
Blanca

Blas Malo Poyatos dijo...

Puro marketing, cierto, Teo. Por muy bueno que sea el caballo, si no llega a la pista del hipódromo, el público jamás lo conocerá.

Así que no basta con engalanar al caballo, darle lustre, comprar un megáfono, pasearlo, poner fotos, describir sus maravillas y logros, llevarse de copas al portero del hipódromo... al final hay alguien, normalmente inaccesible que hace la criba de verdad, "sí" o "no" (el empresario del hipódromo en nuestro símil)

Aunque sospecho que de eso hablará la próxima entrada.

Un saludo:

(Blog: A Hemingway le negaron 27
http://www.lenegaron27.blogspot.com )

Martikka dijo...

Excelente blog, Teo.
Te he encontrado hoy por casualidad y te añado a mi blog para leerte seguido.
En unos meses terminaré mi quinta novela (las otras están inéditas, pues han estado reposando años y ahora he lanzado 3 a concursos) y dudaba si contratar agente o no con ésta última (aún no la he acabado, llevo casi 3 años con ella).
Con tus posts has despejado mis dudas. Mil gracias y un saludo!

Teo Palacios dijo...

Muchas gracias, Blanca.

En realidad, creo que los motivos para que alguien se siente a intentar crear algo frente a un folio en blanco es algo es algo incontrolable, un burbujeo interior que, o lo sacas, o te vuelve loco...

Un placer que te sirva de algo lo que voy contando, Blanca.

Un beso, y ¡ánimo!

Teo Palacios dijo...

Cierto, Blas. Lo que hay que intentar es, justamente, que nuestro caballo sea el mejor engalanado de todos, para que llame la atención.

Es algo necesario... de eso pretendo hablar próximamente.

Saludos

Teo Palacios dijo...

Martikka... ¡5 novelas! Waw!!! eso es creatividad y constancia... yo estoy ahora trabajando en la que será, algún día, mi tercera. Me está costando un esfuerzo y un trabajo enorme por ser una novela muy compleja con muchos personajes y en una trama enrevesada que espero llevar por buen puerto.

Me alegra haberte servido de alguna ayuda... suerte con el intento.

Ya pegaré un vistazo a tu blog con calma.

Saludos y gracias!

Susana Eevee dijo...

Hola, Teo.
Creo que ésta es una de las entradas más interesantes de las que has escrito. Has sido muy claro (y didáctico), respecto a las escasas posibilidades de que una gran editorial se interese por uno de los muchísimos libros que reciben.
Como tú bien dices, la clave está en llamar la atención. Y me temo que para eso no es suficiente con escribir una buena novela.
Quedo a la espera de la segunda parte de este tema.
Gracias por compartir tu opinión y experiencias con todos.

Un abrazo.

Elisabet dijo...

Ja, ja, Teo, ¡así es! Venderse, venderse bien... ¿Recuerdas la carta que te envié, traducción de la que le mandé a Sandra? Un poco a saco, pero resultó. Y, por supuesto, siempre es preferible, en cuanto sea posible, el contacto directo: la persona antes que la voz, la voz (el teléfono) antes que el e-mail, y sólo al final la carta. Y siempre, claro, la persistencia, ¡que se acuerden de ti! y buscar a un interlocutor concreto. Bueno, en esto me ha servido mi experiencia profesional, pues me paso la vida "vendiendo", en cierto modo... y vendiendo cosas no siempre fáciles.

La novela debe estar bien enmarcada, y los recursos para vender (supongo que lo explicarás) son dos: la carta de presentación y la sinopsis, que debe ser como el trailer de las películas, que incite a ver "qué hay dentro" del manuscrito.

Saludos,

Eli

Teo Palacios dijo...

Voy atrasado con los comentario, Susana...

Me alegro de que te pareciera tan interesante. A ver si las siguientes están a la altura.

Besos

Teo Palacios dijo...

Buenas, Eli!

Por supuesto que recuerdo aquella carta...´Supongo que tú también reocordarása la que envié yo... Al parecer, la modestia es algo que desconocemos, jajajaja.

Y sí, hablaré, con tu permiso y el de los demás, de la carta de presentación y la sinopsis, pero como ves en la última entrada, hay otras cosas que también se deben tener en cuenta.

Un besazo, maestra.

P.D. A ver si actualizas tu blog!!