martes, 21 de octubre de 2008

La Vida Propia de la Novela

Durante el encuentro de literatura fantástica de hace unos días, hubo un tema recurrente: ¿los personajes de una novela pueden llegar a cobrar vida propia o por el contrario deben permanecer bajo el control del autor?

Hubo opiniones para todos los gustos: Nerea Riesco, José Carlos Somoza, Javier Márquez, Pepe Carrasco y José Ángel Muriel comentaban que a ellos los personajes sí se les rebelaban en ocasiones del papel que ellos, como autor, les habían asignado, y que eso podía llegar a enriquecer sus novelas . Por su parte, Santiago García-Clairac declaraba que en absoluto permitía que eso le pudiera suceder. Sus personajes existían con un propósito concreto, que él, como autor-arquitecto (Santiago comparó en varias ocasiones la labor del escritor con la del arquitecto por aquello de organizar la trama, los personajes, etc…) les había otorgado y que, como subordinados a él, tendrían que cumplir tal y como estaba marcado.

Bueno, pues yo no voy a entrar en si un personaje puede cobrar vida o no. En realidad, voy a ir un poco más allá. Y es que, lo que de verdad está vivo no son los personajes de la novela. No, lo que realmente está vivo es la novela en sí misma.

Suele decirse que no es el escritor quien elige la historia, sino la historia quien elige al escritor. No sé yo si eso será verdad, pero lo que sí es verdad es que, normalmente, el escritor no hace con la historia lo que tiene pensado desde el principio. Para nada.

Lo normal es que el autor tenga un momento de inspiración, ¡CHAS! ¡ESTO SERÍA UNA HISTORIA GUAPÍSIMA (OTROS DIRÁN COJONUDA) PARA CONTAR!

Vale… la historia te atrapa y quieres contarla. Y ahora, te pones ante el ordenador, o el papel o la máquina o las notas y empiezas a darle forma… ¡Y nunca termina con la forma que has pensado darle!

Pongo un ejemplo: HIJOS DE HERACLES.

HIJOS DE HERACLES es mi segunda novela. Hoy es una novela histórica que cuenta lo ocurrido en Esparta entre los años 735 A.C. y 655 A.C., momento en el que se dio forma a la idiosincrasia espartana y sus habitantes dejaron lo que era una vida rica en cuanto a cultura y economía para cerrarse en sí mismos y convertirse en el mito de hombres y mujeres valerosos y abnegados que ha llegado hasta nuestros días.

Pero esa no era la idea original.

Al principio, esa novela comencé a concebirla como la continuación de mi primera novela: LA PIEDRA DE ALDUR, una historia de fantasía épica. Vamos, nada que ver una cosa con la otra. Un día, sin embargo, se me encendió la luz, llegó la inspiración, me miraron las musas, o lo que quiera que pasara. Pero de pronto me di cuenta de que la historia que estaba empezando a escribir (la de dos hermanos enfrentados), no tenía nada que ver con la primera y que estaba escribiendo algo con entidad propia, completamente ajeno a lo anterior.

Decidí que el pueblo en el que esos hermanos crecieran debía ser duro, especialmente duro , manteniendo a sus habitantes bajo un yugo cruel. Y para eso, comencé a estudiar al pueblo espartano. Un día le mandé los 8 primeros capítulos (de un total previstos de unos 15) a Leonardo Ropero, un buen amigo y gran escritor. Y tanto había estudiado al pueblo espartano, que cuando llevaba leídos 4 capítulos me dijo: “Teo, esto es en realidad una novela histórica fuera de contexto. ¿Por qué no escribes la novela histórica que hay aquí dentro en realidad?”.

Bueno, no lo dijo con esas palabras, pero sí con ese sentido. Lo cierto es que yo le había estado dando vueltas a esa posibilidad, había buscado un periodo histórico que pudiera encajar con la historia, pero no lo había encontrado. Sin embargo, tras las palabras de Leo, me animé de nuevo e intenté una nueva búsqueda.

Y de repente, ahí estaba. Había un momento en la historia de Esparta en el que varios acontecimientos que yo había imaginado para mi historia de fantasía épica encajaban como un guante. Pero claro, ese periodo histórico aparecía enriquecido con tramas paralelas maravillosas, intrigas y asesinatos. Y lo más importante: los dos hermanos sobre los que yo estaba basando la novela fantástica que escribía, encajaban a la perfección con dos personajes históricos. Además, uno de ellos era motivo de una controversia histórica interesante, lo que me permitía jugar con su vida de forma increíble.

Y para colmo, se trataba de un periodo de la historia de Esparta fascinante ¡Y SOBRE EL QUE NO HAY NADA ESCRITO! Es muy anterior a las Termópilas, que se ha erigido como lo único de importancia en la historia espartana. Es, de hecho, un periodo tan oscuro, que cuando me puse en contacto con un especialista en la historia de Esparta para comentar el proyecto y solicitar su ayuda en determinadas cuestiones (a lo que accedió muy amablemente durante varios meses), me dijo textualmente: “me alegro de que alguien, por fin, se atreva a escribir algo sobre la Esparta arcaica, aunque dicho proyecto sea una locura”.

Terminé la novela, por supuesto. Durante el pasado mes de Agosto, Sandra, mi agente, la ha leído y valorado. Hace unas semanas me llegó su comentario sobre ella. Pero lo que me comenta ya os lo diré otro día, que esta entrada es para hablar de otro asunto.
Algo parecido a todo esto me pasó con Pecado Capital, que es el proyecto en el que trabajo ahora, como algunos ya sabéis. Pero eso os lo cuento también otro día.

Así que, volviendo al tema principal… Algunos dicen que sus personajes cobran vida mientras escriben una novela.

La verdad, no me sorprende. A mí, me cobran vida las novelas completas: personajes, situaciones, fechas… e incluso historia.

A lo mejor soy uno de esos a los que una historia ha elegido para ser contada. ¿Quién sabe?

15 comentarios:

B. Miosi dijo...

Las novelas surgen de una idea que de un momento a otro se incrusta en nuestras mentes. Empiezan entonces a cobrar vida los personajes, pero ellos no se escapan de nuestras manos, somos los encargados, como creadores, de que ellos cumplan con el papel que les hemos designado. Puede resultar, sí, que a lo largo de la novela, un personaje que en principio no debería ser muy relevante, llevado por los acontecimientos y la trama, empiece a cobrar más importancia que el personaje principal. O que adquiera una personalidad arrolladora que opaque al protagonista. Pero ello no depende del personaje, depende de nosotros, los escritores, que nos dejamos llevar por nuestra imaginación y en muchos casos, una trama que parecía resolverse de una manera, a medida que avanzamos resultaría incomprensible o absurda y debemos modificarla o cambiarla. Los personajes entonces, deben adaptarse a las nuevas situaciones, en algunos casos debemos empezar a dibujarlos desde las primeras páginas otra vez, en otros casos, convertirlos en viudos, cadáveres, o padres de familia.
De ninguna manera los personajes deberían llevarnos, es nuestra mente la que los lleva, la que crea, la que soluciona sus vidas o las desgracia para siempre.
Yo también he escuchado aquello de: “el personaje cobró vida propia e hizo lo que quiso”. No creo que sea posible. Aunque no tengamos la mínima idea al empezar un cuento, relato, o novela, siempre somos nosotros quienes vamos llevando de la mano hasta donde queremos a los personajes. Lo contrario sería un caos. Lo que sí puede llevarnos por caminos insospechados es la misma novela, cuya trama ofrece siempre infinitas posibilidades, y no debemos cerrarnos a ellas.

Un saludo!
B. Miosi

Teo Palacios dijo...

Genial, Blanca... empieza la polémica. A ver qué surge de los comentarios... espero que sea un debate interesante.

Yo no te contesto... ¡por ahora!

John Anthony dijo...

Yo sí que estoy de acuerdo en que casi siempre o siempre, la historia cambia. Aunque la raíz se mantiene. Yo tengo claro donde empieza, donde acaba, y ciertas cosas que ocurren entre ambos extremos, pero hay cosas que aparecen o se le ocurren a uno de repente y que no estaban previstas.

¿Cobra vida el personaje? El personaje y, como dice Teo, la novela en si.

¿Se rebela el personaje? Sería una rebelión subconsciente, pero sí es cierto que a veces el personaje realiza o actúa de manera que no iba acorde a su personalidad.

¿Hay que evitar la rebelión? Mientras pueda concordar y no quite coherencia al texto, no creo que sea algo malo.

La rebelión podría ser originalidad.

Chao.

Javier Márquez Sánchez dijo...

Tengo el privilegio de ser uno de esos que ha vivido el cambio de rumbo de esas historias de las que habla Teo, y la verdad es que resulta fascinante escuchar cómo un autor te explica que, de pronto, la cosa no le cuadraba, que la historia, los personajes, todo, le impulsaban a tirar por otros derroteros. ¡Es la magia de la escritura!

Oye, ¿qué te ha dicho Sandra sobre 'Hijos de Heracles'? No nos dejes mucho tiempo con la incógnita... jejeje

Un abrazo

Martikka dijo...

Javier lo ha definido de forma perfecta: es la magia de la escritura. En esos momentos de revelaciones espontáneas es cuando mejor nos podemos sentir, cuando esa especie de varita mágica que deben de tener las musas tocan nuestros personajes, o nuestras historias, y todo cambia hacia otra dirección o hacia aspectos que no teníamos pensado tratar. La magia también aparece a veces en momentos de estancamiento, de dar vueltas a un capítulo o una escena, y entonces percibes ese clic y todo cobra sentido de repente. Mágico, de verdad mágico.
Saludos!

Martikka dijo...

Precisamente, en el curso que estoy haciendo de Teoría Literaria se nos dice que los personajes son seres de papel porque son creaciones del lenguaje, que sólo existen dentro de los límites del texto y de la imaginación del lector. Pero también se dice que tal vez son algo más, pues muchos viven en la memoria de los lectores (Ana Karenina, Emma Bovary, Sherlock Holmes, Don QUijote) y son tema de conversación y de especulación. Están tan vivos que se convierten en símbolos.
Volvemos a la magia de la que hablé ayer.

Teo Palacios dijo...

Interesante, Martikka. Qué curso es ese??

Blas Malo Poyatos dijo...

Yo opino que la libertad de los personaje es relativa. El escritor actúa como un dios; si bien es cierto que cobran su propia personalidad y vida siguen siendo marionetas pendientes de mi escritura.

¡Aunque a veces te salven de un apuro! "Hablando" con ellos más de una vez me han dado el cómo continuar.

Un saludo espartano

Martikka dijo...

Teo, es un curso de extensión universitaria de la UOC (Universitat Oberta de Catalunya), a distancia: Teoría Literaria I, es la que curso ahora, y si me va bien, en febrero me matriculo para la II. Si todo sigue como espero, después haré uno de Literatura Comparada. Todo sea por llenar lagunas de conocimiento.:)

Teo Palacios dijo...

Es evidente, cada autor comprende el asunto de un modo distinto. Lo mejor de todo, es que todos los sistemas valen. Todos los modos son válidos si permiten al escritor llegar al fin de su propósito: terminar su obra. Para algunos todo tiene que estar bajo control, otros controlan una parte y dejan que el resto fluya, mientras que los más osados se lanzan a la página en blanco para que realice una transformación y la historia surja a través de las yemas de sus dedos.

No hay una clave para el éxito, pues de todos los modos posibles se puede conseguir. Tal y como decía Jav, es mágico. Sí, es la magia de la literatura.

José Angel Muriel dijo...

Uf, cómo cambian las ideas de sentido, incluso cuando ya están escritas. Yo convertí una novela fantástica en histórica y muy posiblemente la vea publicada el año que viene. Eso demuestra que la historia en sí misma tiene cierta solidez y puedes transportarla a entornos distintos.

Armando Rodera dijo...

Estoy de acuerdo casi con todos vosotros. En mi primera obra si pude controlar más o menos a los personajes, aunque es verdad que a veces siguen unos derroteros que no teníamos planeados. Aunque por supuesto nosotros como autores tenemos la sartén por el mango, pero a veces resulta gratificante dejarnos llevar y asumir las consecuencias.

Pero ya en mi segunda novela me salió el tiro por la culata. Creí tener un personaje principal, protagonista de la historia, pero al final su ayudante casi coge más protagonismo y resulta el eje principal de la trama. No me arrepentí del resultado, ya veremos que piensan los demás...

Por cierto, Teo, me he tomado la libertad de poner un enlace a tu maravillosa página en el blog que acabo de inaugurar, espero que no te importe. Me encantaría que pudieses hacer lo mismo con la mía si tú quieres, claro está. El blog aparece en:
vivenciasdeunescritornovel.blogspot.com/
También he creado una web sobre mi "opera prima" y os invito a ti y a todos tus lectores a visitarla mientras os lanzo un reto. A ver si sois capaces de solucionar los enigmas/juegos que planteo en la misma.
www.elenigmadelosvencidos.es

Muchas gracias de antemano y un saludo.

Javier Pellicer dijo...

Estoy completamente de acuerdo contigo, mis historias también parecen tener la costumbre de evadirse de mis planes iniciales y construirse su propio camino. Es como si una mano invisible nos guiara...

Elisabet dijo...

Hola,

¡ah, qué debate tan emocionante! Mi experiencia es ésta: la historia ya está completa en mi mente antes de escribirla, de manera que la controlo casi totalmente, no se me va por las ramas así como así. Pero con los personajes... Me ha ocurrido al menos un par de veces: han aparecido unos personajes, que no tenía previstos inicialmente y que han ido ganando tanta importancia que, si bien no han llegado a ser co-protagonistas, sí han jugado un papel relevante en la novela. Me ha sucedido con la primera y la última, y os diré que realmente tienen vida propia y SABEN LO QUE HACEN, pues logran encajar con la trama perfectamente, enriqueciendo el argumento y dando realce a otros personajes. ¡Increíble! Pero cierto.

Y a esos personajes... ja, ja, son como hijos por sorpresa, se les coge un cariño especial.

Esther dijo...

Teo, me encantó el cómo se gestó "Hijos de Heracles".
!Es una novela en sí misma! Jejejeje.
(O un cuento, por lo menos...)

Hay algo de magia en el que hayas encontrado dos personajes reales, en la Esparta, que coincidían con los imaginados antes. Obvio, "no hubieran aparecido" si no te hubieses puesto en la tarea de buscar información, leer y estudiar.

Cariños!
Esther