martes, 30 de septiembre de 2008

Un Viaje a Barcelona

A finales de Abril, cogía un avión con destino a Barcelona a las 6 de la mañana. Tras cuatro meses enormemente largos de tensa espera, la agencia de Sandra Bruna decidió que estaba interesada en que formara parte de los autores que representa, de modo que, haciendo mil y una piruetas, logramos concertar una cita, curiosamente justo en la semana del Día de Sant Jordi, el día del libro por excelencia en Barcelona. Tal vez no fuera casualidad…

La cuestión es que me presenté en Barcelona a las 8 de la mañana y la cita no era hasta las 13 h. Tenía toda la mañana por delante. Desayuné bien y di un paseo por la ciudad. Hacía dos años que no estaba allí, pero sigue oliendo y respirando igual que entonces.

Cuando llegó la hora me dirigí a las oficinas. Me atendió Inés, algo así como la mano derecha de Sandra en determinados aspectos. Me recibió muy amablemente. Ya habíamos hablado por teléfono en varias ocasiones e intercambiado varios mensajes de correo. Me comentó que tendría que esperar un poco, pues Sandra estaba reunida. La semana estaba siendo de locos. De manera que tras rechazar su ofrecimiento de un nuevo café o alguna otra bebida, dejé que Inés siguiera atendiendo sus tareas, saqué uno de los libros sobre el Duque de Lerma que estoy utilizando como documentación para la novela en la que trabajo, y me dispuse a esperar.

No me dio tiempo ni a pasar de página.

Sandra me sorprendió mucho. Es una persona de una vitalidad contagiosa, tal vez la que irradie más energía y positividad que conozco. No podría ser de otro modo para atender todo el trabajo que tiene.

Me hizo pasar y nos sentamos lado a lado. De inmediato comenzó a decirme cosas que me dejaron pegado a la silla.

Comenzó pidiéndome perdón por la tardanza en contestar, llevaban semanas desbordados de trabajo y se habían retrasado. De inmediato me dijo que el informe que había recibido sobre la novela había sido muy positivo. La habían leído dos personas y ambas habían coincidido en destacar su valor. Según me contó, esto era algo que no solía pasar y que normalmente era ella quien tenía que ejercer de juez. Por supuesto, la última palabra siempre es suya, de modo que comenzó a leer la novela tras los informes y al llegar a la página 50, según ella misma, decidió que quería que trabajáramos juntos.

Comparó la historia con novelas archiconocidas que no voy a nombrar, porque sinceramente, me da vergüenza hacerlo… Destacó también que solían hacer recomendaciones a los autores noveles que fichaban, pero que la historia estaba tan bien llevada y escrita que les había ahorrado todo ese trabajo. En ese instante me acordé de todos los que me habían ayudado a crecer en sentido literario: mis amigos sevillanos de La Conjura, los amigos de Sedice, Eli, Susana, Leo, Jordi, Enrique… Todos ellos me habían enseñado cosas, todos me habían dado consejos. Gracias a todos ellos estaba sentado en aquella silla escuchando como, una de las más valoradas agentes literarios de España hablaba maravillas… ¡de la primera novela que escribía!

No quedó ahí la cosa… me comentó que algunas editoriales buscaban novelas de ese tipo escritas por autores nacionales, pero que no solían encontrar lo que buscaban. Sin embargo, ella estaba segura de que mi novela tendría una buena acogida en las editoriales. No voy a dar nombres de editoriales, claro, pero habló de algunas importantes.

La verdad es que no me creía todo aquello. Me imagino que mi sonrisa abarcaría toda la sala y la cara de alucinado me duraría varios días. Sandra entonces quiso calmar un poco el discurso y comentó que a veces las expectativas no llegan a cumplirse. No debía preocuparme por ello. Ella tenía muy claro el valor de la novela y si llegaba el caso reconduciríamos la situación.

Le dejé el manuscrito original de HIJOS DE HERACLES, mi segunda novela. Una novela histórica sobre una Esparta incipiente. Le gustó mucho saber que no me reducía a escribir novela juvenil, sino que estaba abierto a otros campos, lo que también permite mayores oportunidades editoriales a la hora de publicar.

Luego estuvimos un rato hablando del mercado literario, de su lentitud exasperante, de la cantidad de autores que se quedan por el camino por no tener paciencia o no saber conducir sus pasos…

Y, por supuesto, hablamos de los temas contractuales que demarcarían la relación entre autor y agente.

Fue todo tan positivo, que aunque no habíamos firmado el contrato allí mismo para que yo pudiera estudiarlo con calma y plantear las dudas que pudieran surgirme, Sandra me aseguró que comenzaría a mover de inmediato la novela, puesto que el acuerdo era en firme.

Y nos despedimos con las sonrisas pintadas en ambas caras. Todo había ido sobre ruedas.

Pasé el resto del día en una nube. Y el siguiente, y el otro… No sé exactamente cuánto tiempo estuvimos reunidos, pero sería cerca de una hora más o menos. Para mí, que una persona de su experiencia y trayectoria profesional hiciera una valoración tan sumamente positiva de mi primera novela era más que un sueño.

Recuerdo que comí una pizza en un restaurante cercano a la plaza Cataluña que me supo a gloria. Luego entré a ver una película: “Las Hermanas Bolena”. No estuvo mal, pero casi me quedé dormido. El cansancio y la tensión habían sido muy altos.

Finalmente, regresé al aeropuerto y me quedé dormido en el viaje de regreso. Cuando aterricé en Sevilla eran las 2 de la mañana y regresaba destrozado, con el ego hinchado y mi primer sueño cumplido: fichar con la agencia de Sandra Bruna.

Hace poco volvimos a estar en contacto, por dos asuntos relacionados con las novelas que le he presentado. Pero de eso, os hablaré otro día.

martes, 23 de septiembre de 2008

Estudios de Marketing III: La sinopsis

Tras escribir la novela, elegir para ella un título atrayente y seleccionar la/las editoriales o agencias a las que queremos enviarla, llega el momento de prepararnos para argumentar sobre nuestra obra. Porque, si antes tuvimos que convertirnos en editores, ahora tenemos que cambiar el chip y ser un híbrido entre guionista y vendedor.

Volvamos a pensar un segundo. Imaginemos que vamos a comprar, por ejemplo, un coche. Normalmente, solemos tener dos o tres modelos que nos interesan. Pero siempre hay algo que nos decide por uno u otro. Y lo que nos decide es lo que hace DIFERENTE a ese coche sobre el resto. Puede ser el equipamiento, el interior, la carrocería o el precio. Pero hay algo que lo diferencia de los otros.

Normalmente, lo que lo hace diferente ya lo sabemos. Es decir, solemos habernos informado previamente de un modelo y otro y sabemos lo bueno y malo de cada vehículo. Es entonces, cuando el vendedor del concesionario entra en acción, y si hace bien su trabajo, salimos de allí con los papeles de la compra firmados.

En nuestro caso sucede algo parecido, aunque algo más complicado porque no hay un contacto directo con el editor, al menos, inicialmente. Pero el principio básico no cambia: tenemos que presentar nuestra obra de manera que sea diferente al resto de novelas que reposan sobre la mesa de la editorial.

Y para eso, como ya se ha hablado en algunos de los comentarios de este blog, contamos con dos armas: La sinopsis y la Carta de Presentación.

La sinopsis no es más que un resumen de la obra. Un agente literario asegura que si un autor no es capaz de resumir su obra en una sola frase, probablemente esa novela no esté bien trabajada. Por supuesto, esto no deja de ser una opinión, más o menos discutible. Lo que sí es cierto es que la sinopsis es fundamental. Como decíamos hace unas semanas, una de las primeras cosas que hacemos al coger un libro en las manos para valorar su compra es leer la sinopsis, y dependerá de si esa sinopsis nos llega o no que nuestro deseo de comprar la novela aumente o se desvanezca por completo.

De modo que veamos un ejemplo.

La sinopsis original de un libro archiconocido es esta:

Corre el año 1123, el pueblo de Kingsbridge asiste al ahorcamiento público de un inocente que entona una quejumbrosa melodía en francés, la lengua de la nobleza normanda, dirigida a una joven embarazada. La chica, tras el ajusticiamiento, maldice a los siniestros personajes y huye al bosque.

Inglaterra se halla sumida en una cruenta lucha sucesoria en la que se suceden injusticias como ésa. En Kingsbridge se inicia la construcción de una catedral gótica, el sueño de Tom Builder, un sencillo maestro de obras que quiere erigir el monumento en celebración de la gloria del señor. Pero los intereses que se oponen a tan ingenua empresa, representados por un monje ambicioso y un obispo corrupto empeñados en destruir el proyecto y arruinar la reputación de sus impulsores, darán lugar a un conflicto entre el clero y la monarquía.

Así se vende LOS PILARES DE LA TIERRA.

Para nada se habla en la sinopsis de Lady Aliena, ni de Jack, ni del Prior Phillips, ni de los problemas económicos, ni de los ataques a la ciudad… ¡y sin embargo, de eso es de lo que trata la novela! Quien haya leído (me imagino que la mayoría) esta novela reconocerá que, si bien es cierto lo que se dice en la sinopsis, en realidad, la novela no se fundamenta en esas cuestiones. LOS PILARES DE LA TIERRA es la historia de una familia humilde en un intento por sobrevivir en un mundo violento en el que tienen pocas probabilidades de continuar con vida y la lucha de una familia noble venida a menos. Pero de nada de eso se hala en la sinopsis.

Pero, imaginemos que la sinopsis hubiera sido algo parecido a esto:

En la ficticia ciudad de Kingsbridge, en 1123, una familia al borde de la inanición consigue una oportunidad para salir de la pobreza al iniciarse la construcción de una catedral. A su alrededor, se crea una guerra de poder entre los nobles y el prior de Kingsbridge, lo que dará lugar a matanzas y violaciones. El pueblo mismo está a punto de sucumbir a los numerosos problemas que lo acosan, pero el hijo bastardo de una mujer a la que consideran bruja aparecerá para solucionar los asuntos.

Desde luego, la diferencia es obvia. Para empezar, en la sinopsis original se nos habla de un inocente al que le quitan la vida, de la madre de su hijo que se ve obligada a abandonarlo todo y adentrarse en el bosque, de un sencillo maestro de obras que se encuentra con el sueño de su vida, pero que se verá dificultado por una guerra de intereses…

Todo eso son virtudes de la primera sinopsis que atraen al lector y favorecen la compra. Pero es que, además, la segunda, la que me acabo de inventar para esta entrada, vamos, tiene debilidades:

Hablar de que el lugar donde transcurre la acción es ficticio en una novela histórica, es tirar la novela por tierra. Quien va a comprar novela histórica sabe que no todo será cierto, ¡pero al menos que no se lo refrieguen por la cara! Se habla también de matanzas, e incluso de violaciones, cosas que en general, el gran público suele rechazar planteadas abiertamente. Por último, que la solución llegue casi como por acto de magia, termina de darle un aire inverosímil al tema.
¡¡¡Y lo cierto es que todas esas cosas también pasan en la novela!!!

La sinopsis debe maquillar la historia, presentarla de forma novedosa, creíble, interesante y, además, planteando cuestiones y preguntas que sólo tienen respuesta cuando se lee la novela.

Esta es la sinopsis de mi primera novela con la que conseguí firmar con la agencia de Sandra Bruna, una novela de fantasía juvenil:

Jhan, un miembro de la casa real del reino de Isitrlond, es reclamado por el rey, quien solicita su colaboración para participar en la recuperación de un objeto divino. Según las nuevas llegadas desde el Sur, LA PIEDRA DE ALDUR permitirá que los reinos de los Hombres puedan hacer frente a un oscuro peligro que amenaza con aniquilarlos a todos.

En contra de sus deseos, Jhan se incorpora a la misión abandonando a su esposa enferma. Pero antes de que pueda unirse al resto de los que serán sus compañeros, es capturado y trasladado para que sirva como esclavo de sus enemigos.
Mientras tanto, un grupo de héroes llegados de todos los rincones de la tierra, inicia la búsqueda del maravilloso objeto que les permitirá oponerse a su enemigo. Durante el viaje tendrán que enfrentarse no sólo a los siervos de éste, sino también a sus propios temores e inseguridades, mostrando su faceta más humana.
Lo que desconocen los aventureros es que, en el seno mismo de su grupo, oculto tras unos extraños sueños, se esconde la semilla de un mal que puede destruirlos a todos.


El poder de la Sinopsis de la novela no puede ser despreciado. Es el primer contacto con el tema de nuestra novela. Si conseguimos atraer al editor con ese resumen, estaremos un paso más cerca de publicar nuestra obra.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Encuentros Fantásticos

Hace justo un año, estaba completamente solo. Sí tenía una novela terminada, que además, mandaría en unos meses al Premio Minotauro. De hecho, estaba convencido de que tenía posibilidades de ganarlo.

Pero no tenía ni idea de cómo se movía el ambiente editorial, qué pasos eran los más adecuados para un escritor novel, o incluso los más inadecuados… vamos, que estaba perdido.

Y hace justo un año, eso, comenzó a cambiar.

Fue a raíz del II Encuentro de Literatura Fantástica de Dos Hermanas. Yo no me enteré de que se iba a celebrar hasta una semana antes, entonces decidí que era buena idea y necesario que acudiera. Además, uno de los ponentes era un autor al que deseaba conocer: Javier Negrete. No conocía de él más que el hecho de ser el penúltimo ganador del Minotauro. ¡Tenía que hablar con ese hombre como fuera!

Así que allá me presenté, pague mi inscripción (un precio ridículo, creo que fueron 8 o 10€) y me senté a escuchar de qué iba todo aquello.

De entrada, me sorprendió ver que había bastante gente; mucho más de una cincuentena. Al final me enteré que la asistencia fue de más de 70 personas. Además, algunos venían de lejos, incluso de Madrid.

El primer discurso corrió a cargo de Rafael Marín. Para mí, entonces, un completo desconocido. Se titulaba: NO ES LA RAMITA DE PEREJIL: ES LITERATURA. Y en mi opinión resultó apoteósico. Rafa, a quien ya puedo llamar así, hizo una explicación impresionante de por qué la literatura fantástica no debería considerarse como un simple adorno (de ahí el título, emulando a Arguiñano, supongo), algo menor dentro del panorama de la literatura. A partir de ahí, la jornada resultó terriblemente corta.

A continuación, David Mateo hizo un repaso por la historia de la literatura fantástica en España. La verdad es que se curró muchísimo la presentación. Toda una lección de erudición.

Tras la presentación de una obra de Alfonso Merelo, con quien he tenido el gustazo de coincidir en alguna otra ocasión, se hizo una pausa para el almuerzo.

La sensación de soledad continuaba, claro, porque de los que había allí no conocía a nadie, exceptuando a mi acompañante. Pero una cosa llevó a la otra, Negrete me firmó muy amablemente con dedicatoria incluida Señores del Olimpo (muy recomendable), y… me acerqué tras media hora de dudas a un grupito que se había formado por los pasillos donde se celebraba el aperitivo.

Y entonces, se acabó el estar solo. La charla fue terriblemente interesante. Casi nadie conocía al otro y sin embargo, nos unía el gusto por la literatura, y por lo fantástico. Uno de ellos era Joaquín Revuelta (de quien no voy a empezar a hablar porque como empiece no paro… todo para bien, por supuesto). Otros dos se convirtieron en amigos y compañeros en un abrir y cerrar de ojos. El último era todo un personaje, al que lamentablemente he perdido la pista.

Nos fuimos a tomar a tomar un café antes de la sesión de la tarde. Ángel, (uno de los recién conocidos) no paraba de enseñarle sus textos a todo el que se le acercaba. Los guié hasta un pub de estilo inglés cercano al centro donde se celebraban las conferencias y cuando llevábamos allí como 20 minutos, aparecieron Rafa Marín, Javi Negrete, Juanmi Aguilera, y alguno más. Se sentaron en la mesa junto a la nuestra, pero ellos a su historia y nosotros a la nuestra. Hasta que alguien les preguntó algo y entonces, Rafa nos miró y nos dijo: acercad la mesa, si estáis tan lejos no podemos hablar.

Y allí nos tiramos el resto del descanso hablando con primeros espadas de la literatura fantástica de España como si nos conociéramos de toda la vida. Luego hemos vuelto a coincidir en alguna otra ocasión, y la verdad es que el buen rollo, la amabilidad y la simpatía que destilan todos los encuentros es formidable. Ya digo, como si nos conociéramos desde hacía años.

Regresamos al centro para continuar con la jornada, que comenzó con una mesa redonda que dio para tanto que se hizo necesario continuarla unos meses después en otro encuentro del que ya hablaré.

Para terminar, Juanmi Aguilera y Javi Negrete nos hablaron durante dos buenas horas de las ucronías y de sus trabajos en ese sentido.

Por la noche, algunos se fueron a cenar con estos personajes. Yo no pude… A raíz de ese encuentro, surgió una buena amistad entre varios de los asistentes. Además, conocí la existencia de Sedice, que tanto me ha ayudado personalmente.

Pero lo más importante, fue que ese día comencé a descubrir qué había detrás del mundo editorial, como funcionaba y se movía. Y además, hice buenos amigos relacionados con la literatura.

Y este año, la historia se repite… Los días 3 y 4 de Octubre se llevará a cabo el III Encuentro de Literatura Fantástica de Dos Hermanas. La cosa para mí ha cambiado tanto, que ahora formo parte del equipo organizador de dichos encuentros. Y el programa para este año es de auténtico lujo.

Sólo os voy a decir, que la inauguración corre a cargo de José Carlos Somoza, que además formará parte de una mesa redonda al día siguiente, sábado, junto a Rafa Marín, y dos buenos amigos: Javi Márquez y José Ángel Muriel.

Habrá también una conferencia temática sobre el universo del Ejército Negro, de Santiago García-Clairac y pondrá la guinda al fin de semana Nerea Riesco.

¿Es o no es un cartel de Lujo?

Pues eso… que si no sabes cómo funciona el mundo literario, si eres un autor novel que busca a otros en su misma situación, si eres seguidor de alguno de los autores que forman parte del programa o simplemente, te gusta la buena literatura, no puedes dejar de asistir el viernes 3 y el sábado 4 de Octubre al III Encuentro de Literatura Fantástica de Dos Hermanas.

Además, ¡yo estaré presente!

martes, 9 de septiembre de 2008

PECADO CAPITAL

Allá por el mes de Junio, me enteré de que estaba previsto que en Septiembre se estrenara una película histórica: LA CONJURA DEL ESCORIAL.

Fui a verla hace un par de días. La película en sí misma es bastante mala, sobre todo a nivel técnico. Hay un par de buenas actuaciones (J. Ormond ó J. Puigcorbè) y el vestuario, como casi siempre en las películas de época españolas, es maravilloso. Pero aunque la trama es históricamente correcta, lo cierto es que el doblaje es pésimo en casi todos los personajes (se trata de una co-producción), las escasas coreografías de lucha resultan penosas y un largo etc de detalles que hacen que la película no sea recomendable.

Esto en sí mismo suele ser aplicado a gran parte del cine español de corte histórico, aunque hay excepciones maravillosas, como ALATRISTE. Vamos, es un poco “más de lo mismo”, algo esperado.

Y sin embargo, yo quería, deseaba, ¡llevaba meses esperando que se estrenara la película!

El motivo es simple: los sucesos narrados en la peli son inmediatamente anteriores a lo que narro en la novela en la que estoy trabajando.

Puedo decir que el proyecto de la novela es anterior a mi conocimiento sobre la película. En realidad, nació a finales del mes de Marzo, durante un viaje a Lerma. Allí terminé mi segunda novela, HIJOS DE HERACLES, y nació este proyecto, en el que cuento la vida del Duque de Lerma. Este es uno de los personajes más importantes de la historia de España, logró firmar la paz con Inglaterra y los rebeldes de los Países Bajos. Pero a la vez, se enriqueció enormemente en un país que estaba en la ruina. No sólo él, también aquellos que lo apoyaban. Mientras tanto, un rey indolente se desentendía de los asuntos del gobierno. Y, por su parte, la reina intentaba reconducir la situación de acuerdo a lo que entendía que era lo correcto.

Todo esto crea un ambiente de intrigas políticas, asesinatos y venganzas. Y en ese contexto es en el que se mueve la novela, que puedo decir es histórica al 98%. De hecho, ahora mismo, cuando llevo 180 páginas escritas, algo más de 1/3 de la historia y algo menos de la mitad, llevo utilizados un total de 33 títulos como bibliografía. Algunos sólo los he utilizado para encontrar un dato que se me escapaba. Otros cuatro, sin embargo, forman la espina dorsal de la historia. Si sumamos las páginas de esos 4 títulos, sin contar el resto, suman más de 1500 páginas. Es agotador, pero la satisfacción es tremenda.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la película? Pues que puedo imaginar ahora lo que siente un autor de quien llevan al cine una novela. Algunos de los personajes de la peli aparecen, aunque sean fugazmente por la diferencia temporal, en la novela, y verlos plasmados en la pantalla fue una sensación extraña, gratificante y emocionante. A partes iguales.

Os dejo aquí las palabras de introducción a la novela, por si queréis darle un vistazo:

Paréceme que mis días han pasado tan fugaces como las hojas que caen durante el otoño. Mas, si hago memoria, los sucesos se agolpan en mi mente mostrando ante mis ojos una vida abundante en honores, aunque colmada de sinsabores y desazones, pues sobre mis hombros descansó durante veinte años, al igual que si fuera un nuevo Atlas, el devenir del mayor reino cristiano que el mundo ha de conocer.


Muchas son las acusaciones que pesan contra mi persona en esta época triste, donde el caos parece haber dominado a los hombres, y los nuevos gobernantes del reino se lanzan a batallas perdidas y a la búsqueda de culpables de hechos que en poco o nada conocen, todas ellas falsas y guiadas por enemigos falaces que durante años persiguieron mi caída. Por ello, heme aquí, cuando los días con los que el Cielo quiso recompensarme han de estar, forzosamente, a punto de concluir, con pluma presta y sentidos aguzados, dispuesto a escribir mis memorias desde la casa de Valladolid en la que fijé mi residencia tras ser expulsado de la Corte. Pues esa fue la recompensa que yo, Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, I Duque de Lerma y Cardenal de San Sixto, el más voluntarioso y trabajador de los servidores del muy cristiano rey Felipe III, recibí tras años de velar por la figura de mi señor.


Quiera Dios que a lo largo de estas letras pueda mostrar a aquél que las lea que en el desempeño de mis muchos oficios fui siempre honesto y voluntarioso.


Que nadie se asuste, que la novela no está escrita en ese lenguaje. Sólo lo utilizo en un par de capítulos.

Por cierto, que el título de la novela es PECADO CAPITAL.

martes, 2 de septiembre de 2008

Porcentajes

A raíz de la entrada anterior, algunas (las mujeres, todas tan curiosas :P) me preguntáis: si la editorial no es quien más dinero se lleva a la hora de vender un libro… ¿Quién se queda con la pasta?

Bueno, lo cierto es que del negocio, lo que es el negocio editorial, sé más bien poca cosa… ¡afortunadamente! Únicamente lo que me contó alguien que tiene mi completa confianza por ser escritor, editor y porque, leñes, ¿para qué iba a engañarme si era la primera vez que hablábamos y quien sabe cuando volveríamos a hacerlo?

Desconozco el % que se quedará un autor “consagrado”, mucho menos una estrella de la escritura, dícese Follet, King, Grisham, Rowling… Sin duda, el % de esta gente es muy superior. Pero, aproximadamente, un autor NOVEL se lleva un porcentaje sobre la venta de entre un 8 y un 12 %. Y como en la media está la belleza, pues pongamos un 10%, aproximadamente.

Ojo, que no es el 10% del PRECIO DE VENTA. No, es el 10% PREVIO I.V.A . Vamos, que de la venta de un libro que cueste 18€, el autor recibe, aproximadamente, 1,5€. Ahora bien, de ese 1,5€ debe pagar sus impuestos, claro y, si tiene agente, pagarle el % correspondiente y que cada uno tenga firmado.

Vamos, que para vivir de vender libros tienes que vender MUUUUUUUUUUUUUCHOS libros…

Bien, eso es el 10%. ¿Qué pasa con el 90% restante?

Según me dijo ese autor y editor, la Editorial se queda, más o menos, alrededor del 30 %. De ahí, tiene que pagar todos sus gastos: maquinaria, personal, papel, tinta, etc… ¡y ganar dinero, claro!

Como dos más dos son cuatro, resulta que ya tenemos el 40% de la venta de los libros. ¿Dónde va el 60% restante?

Pues, como en casi todos los productos, ese dinero se lo queda el distribuidor, vamos, el que pone los vehículos para llevar nuestro libro a tal o cual librería.

Por lo que me contaron (ya digo que de primera mano), el distribuidor es el que pone “las reglas”. Es decir, es el distribuidor quien decide dónde se coloca tu libro y cuántos ejemplares reparte en cada lugar. Vamos, que es quien maneja el cotarro. Ya digo, como en cualquier otro producto, ¿o a caso las patatas las compran los distribuidores al precio al que lo hace el consumidor en el supermercado de la esquina? Precisamente por este razonamiento, me inclino a pensar que esta media de porcentajes es más que cierta. La editorial, por tanto, está en cierto modo en manos del distribuidor.

Es mejor que nos dediquemos a escribir. El mundo editorial es demasiado complejo y descorazonador.