lunes, 31 de agosto de 2009

El Lector Editorial (I)

El primer artículo disponible en este blog, de hace ya más de un año, hablaba sobre el hecho de que todos los escritores, ya sean grandes o pequeños, han tenido que enfrentarse una primera vez al juicio de una editorial. Esa primera entrada hablaba del caso de J.R.R. Tolkien, autor al que admiro profundamente por su capacidad de inventiva y trabajo. Reproduje entonces una traducción más o menos literal del primer informe de lectura que se hizo sobre El Hobbit.

Y es que, todos los que pretendemos publicar nuestros escritos, debemos pasar por el juicio que de nuestro trabajo hará el lector editorial.

Ya hemos hablado brevemente de esta figura a lo largo de otras entradas, pero en esta ocasión profundizaremos un poco más en ella, intentaremos comprender su trabajo, porque es importante para nosotros.

En las últimas entradas sobre los editores, veíamos lo complejo y completo de su agenda. Apenas tienen tiempo para atender a tanto trabajo. Podemos imaginar, por tanto, lo que sucedería si tuvieran también que dedicarse a efectuar una primera lectura de los cientos de textos recibidos en la editorial. Ese trabajo recae en otra figura, la del lector editorial. Hablamos siempre, por supuesto, de editoriales tradicionales. No es habitual que una editorial de coedición o autoedición disponga de lectores: puesto que el escritor va a pagar por publicar su obra y el editor cobrará por hacerlo, ¿qué necesidad hay de una criba previa? En estos casos, así como en las editoriales pequeñas, suelen ser los propios editores quienes efectúan la lectura del original.

El lector es, por tanto, el encargado de hacer un primer informe sobre la obra recibida, en el que recomendará, o no, la publicación del libro. No significa esto que el lector decida qué libro se publica. Como veíamos tiempo atrás, eso sólo lo hace el editor. Lo que sí suele ocurrir es que el lector decide lo que NO se publica.

Porque si su informe de lectura es negativo, es habitual que el editor no dedique tiempo a la lectura de la obra, y por lo tanto, no habrá pasado el corte.

Álvaro Colomer los define del siguiente modo: Cobran poco, ganan enemigos diariamente, trabajan en el anonimato y, sin embargo, son los primeros responsables de cargar de buenos textos los anaqueles de las librerías.

Los lectores editoriales suelen mantener su identidad en el anonimato. No es capricho, tiene su razón de ser. Si supierais qué lector ha efectuado el informe sobre vuestra novela, que ha sido rechazada por una editorial, ¿no intentaríais contactar con él? ¿No procuraríais que os comentara qué le ha hecho valorarla de forma negativa? Seguro que sí. Algunos, incluso serían bastante más agresivos que un simple intento por aprender. Ese anonimato es necesario hasta para evitar presiones: E.Q., lectora de cinco editoriales, recuerda una carta en la que la madre del aspirante detallaba la depresión en la que estaba sumido su hijo por culpa de la novela.

Ya hemos hablado también en este blog de la ingente cantidad de originales (me niego a llamarlos manuscritos a estas alturas) que llegan a las editoriales, y de cómo la inmensa mayoría son rechazados para su publicación. Algunos son errores enormes por parte de la editorial, y del lector en ocasiones. Porque puede ser que el lector haya recomendado una publicación y, más tarde, el editor la rechace por los motivos que sean. Ha ocurrido mil veces (J.K. Rowling, García Márquez, o Hemingway) y seguirá sucediendo. Pero lo cierto es que la mayor parte de las obras rechazadas es porque, realmente, no tienen la suficiente calidad.

Por supuesto, esto el autor de la obra en cuestión no suele creérselo, siempre podrá decir aquello de: pues no veas la cantidad de porquería que se publica todos los años. Y no deja de tener razón, se publican muchas obras de escasa calidad. Pero eso no significa que la suya sí la tenga.

El lector editorial es, ante todo, subjetivo. Y es lógico. La editorial le paga porque haga un informe de un libro que, a priori y en potencia, puede ser el gran éxito literario del año. ¿Por qué habría de dar un informe negativo a sabiendas de que es un buen libro? Eso, al fin y al cabo, sólo le hará perder puntos frente a la editorial, que es quien le paga. El lector no es por tanto ni un enemigo ni un amigo. Es más bien un juez, que debe juzgar bajo su propio prisma, lo que implica cierta subjetividad inherente a todo ser humano.

Y no nos equivoquemos, que no todo el mundo puede ser lector editorial. No vale el hecho de ser un lector asiduo, ni siquiera un devorador de libros. Se necesitan otras cualidades, y algunos conocimientos específicos, para poder ejercer la profesión. Los lectores editoriales suelen ser profesores, críticos, periodistas, filólogos… incluso algunos escritores. No es extraño que algunas editoriales, o incluso agencias, que también tienen sus lectores, ya que al fin y al cabo también tienen que elegir a quién representar y a quién no, cuenten entre sus lectores a escritores de confianza con los que mantienen una buena relación.

¿Por qué? ¿Por qué buscarlos entre esas categorías profesionales? Por el simple hecho de que un lector editorial no simplemente lee el texto. Lo lee sí, pero mientras lo lee lo disecciona, lo analiza, tiene que ver puntos fuertes y débiles. Y no todo el mundo es capaz de realizar una lectura con semejante profundidad. Pero es necesario que así sea, porque no olvidemos que el fin de su lectura es realizar un informe.

¿Qué es lo que suele aparecer en dichos informes? Eso es lo que trataremos en la siguiente entrada dedicada al lector editorial.

Fuentes: http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/tecni/editori.htm

P.D. Tal y como ya anuncié en su momento debido a la polémica surgida en torno a uno de estos artículos, a partir de ahora, al final de cada entrada, aparecerá, en los casos que lo requieran, la dirección de determinadas páginas o artículos de las que he extraído parte de la información.

6 comentarios:

B. Miosi dijo...

Me encantan estas entradas, Teo, siempre interesantes, para los que desean publicar por primera vez y para los que ya han publicado, siempre una nueva novela se siente como la primera vez: ¿Será buena? ¿le gustará a la editorial? ¿A mi agente? ¡Le hubiese dado otro repaso antes de enviarla! se repite el proceso cada vez, y cada vez se pone la meta más alta, pues se trata de superarse. Es como una prueba que nunca termina, y que podría llegar a ser fustrante. Aquellos quienes piensen que una vez publicado el libro todo terminó, están equivocados, es cuando empieza el trabajo de campo. La lectura editorial es el primer paso, y cuando se presenta un original se debe tratar de hacerlo lo mejor posible, para evitarse decepciones inútiles, porque puede ser una magnífica novela, pero si tiene fallas en las primeras páginas, con seguridad, no pasará.

Vaya! creo que me extendí demasiado!

Un abrazo,
Blanca

Laura dijo...

Casi parece que hubieras continuado mis primeras reflexiones sobre el lector corrector que todos los autores necesitamos, ése que es "nuestro", que nos puede ayudar a presentar un original decente, con probabilidades incrementadas de ser aprobado tanto por el lector editorial como por el editor en sí. :)

Jesús F. dijo...

Hola Teo,
otra entrada interesante (y ya van...)
Acertada la reflexión que haces sobre que no porque se publique algo malo lo nuestro debe ser mejor. Creo que todos llegamos a un punto en que, conforme vamos desarrollando la faceta de escritor, nos damos cuenta de si lo que escribimos es bueno o malo, mejor o peor que lo anterior. Pero eso se gana con el tiempo. Por eso es bueno que exista esa figura, ese juez como dices, que estudia tu manuscrito (u original, je, je) de manera objetiva. Y por suuesto que a veces se equivocan, es que son humanos.
Con respecto a tu entrada anterior, aprovecho y contesto aquí. Es una pena que no podamos vernos, pero lo primero es lo primero, ya habrán otras posibilidades.
Un abrazo.

Lamardestrellas dijo...

Otra muy buena entrada. Gracias, leerte resulta siempre interesante.

naTTs R dijo...

Interesante de verdad. Leí también el artículo que pones al final y la combinación resultó estupenda.

La figura del lector me da mucho respeto. Supongo que yo haría lo mismo en su lugar: si algo me disgusta, no apostaría por ello. Es evidente que su visión es comercial.
Lo que sí estaría bien es que facilitaran a los autores rechazados un informe de lectura. Todavía no me he visto en la tesitura de recibir una carta del estilo "al margen de la calidad de su obra, me temo que..." (tampoco lo contrario), y siento miedo de mi reacción. De todas formas, creo que sería esta: ¿y qué hago para mejorar?

Estaría bien que el lector se convirtiera entonces en un aliado.

Saludos,

naTTs

Alejandro Laurenza dijo...

Buena entrada, Teo. Esperaremos la siguiente parte!

Saludos,
Alejandro.