viernes, 4 de septiembre de 2009

Adivina, adivinanza

Esta mañana, he visitado a la directora de la Universidad Popular en la que vamos a impartir el curso de creación literaria. Me ha confirmado que la gente se está interesando y se están produciendo inscripciones, aunque todavía es pronto y hasta mediados o finales de la próxima semana no sepamos muy bien cómo va a quedar la cosa. Pero bueno, ya está en marcha.


Yo sigo desarrollando el temario (andaré por el 60% más o menos) y ya van 177 folios. Estoy disfrutando, la verdad. De modo que me ha parecido interesante traeros por aquí uno de los temas que ya tengo cerrado en su desarrollo. Os mando un reto: ¿Quién adivina el punto del temario tratado? Es muy fácil...


Muchos escritores pasan por alto este detalle a la hora de dar vida a sus textos.

Es posible que conozcamos a alguna persona que, en un momento dado de su vida, vivió una experiencia traumática, que lo marcara de algún modo, y más tarde la escribiera. La escribe tal y como sucedió, o al menos, tal y como él la vivió. Sin embargo, cuando se la deja a otras personas y la leen, le dicen que está muy bien escrita, pero que no se lo creería nadie. ¿Por qué pasa esto? Porque la verdad absoluta no siempre es igual a la verdad literaria.

En literatura, la Verdad es un mito y hay que desconfiar de ella. Un texto literario en sí mismo, una novela, es una MENTIRA. El escritor tiene ante sí el reto de que parezca real.

Cuando leemos, estamos dispuestos a creer todo lo que el escritor nos cuente, entramos en ese juego pactado entre autor y lector. No importa que la historia gire en torno a la resurrección, como en Frankenstein, a la inmortalidad, como en Drácula, los viajes en el tiempo, como en la Máquina del tiempo, o en un mundo por completo distinto al nuestro, como en las Crónicas de Narnia.

Entramos en el luego, aceptamos la partida. Y lo único que le pedimos al autor es que nos lo haga creer. A tal punto llega esa necesidad, que si en algún momento descubrimos el engaño, dejaremos la lectura: ¡esto no hay quien se lo crea! ¡Esto es infumable!

¿Cómo hacer que un texto sea creíble? Hay muchos modos, pero algo que hay que tener siempre presente es la necesidad de ser detallista. Cuando describimos al detalle una acción por completo increíble, podemos darle la vuelta a la situación y hacerla creíble. ¿Por qué? Pues en primer lugar porque el lector está prestando su atención a los detalles y no en lo increíble de lo que estamos contando. Y por otro lado, porque si hay tanto nivel de detalle, quien escribe ese hecho debió verlo para luego poder describir la escena con tanta meticulosidad. ¡Y si lo vio tuvo que suceder!

Otro modo de hacer que un texto sea creíble es mediante el narrador, de quién hablaremos en profundidad en las próximas semanas. Si lo que estamos leyendo nos lo hace llegar el protagonista de la historia en forma de cartas, de diarios, o por medio de noticias periodísticas, el asunto gana credibilidad.

Y hay aún otro modo de aportar realidad a una novela que cuente historias increíbles: rodearla de cosas que sabemos que son ciertas y demostrables.

La realidad es todo aquello que podemos percibir por medio de los sentidos del oído, vista, olfato, tacto y gusto. Es el mundo objetivo que nos rodea: las ciudades, las demás personas, la naturaleza. Todo eso está demostrado por la ciencia.

Por el contrario, la fantasía no se puede demostrar, es algo increíble. Escapa a los límites de lo que puede ser probado, escapa a la compresión de la persona.

Hay un libro de fantasía que se escribió hacia 1950 y no tardó en convertirse en un libro de culto. Para cuando Peter Jackson se encargó de hacer una de las trilogías más famosas del cine, ya era un fenómeno de masas: El Señor de los Anillos.

En su libro, John Ronald Reuel Tolkien nos cuenta una historia de fantasía épica. Todo lo que sucede allí es prácticamente increíble, la esencia misma de la historia escapa a toda lógica: se centra en un anillo que tiene el poder suficiente como para destruir el mundo y esclavizar a todos sus habitantes. Tolkien hace vivir a sus personajes en un mundo lleno de extraños seres: arañas gigantes, pulpos asesinos, engendros como los orcos o los trasgos, árboles que caminan y hablan, águilas gigantescas que pueden llevar a su lomo a una persona grandes distancias, espíritus de reyes muertos siglos atrás que caminan por el mundo, semidioses viviendo entre personas, y un largo etcétera de otras cosas fantásticas.

Y sin embargo, su historia es totalmente creíble, hasta el punto que uno se plantea si en realidad es una fantasía, o pudo llegar a suceder en un tiempo remoto cuando el mundo que vivimos era mucho más joven. ¿Cómo lo consigue?

Impregnando de realidad su relato. Creando ciudades con descripciones tan detalladas que se han podido recrear en ordenador, inventando idiomas tan reales que la gente puede aprender a hablar, o incluso hacer sus tesis de facultad con ellos, siendo detallista en las descripciones de la naturaleza, en los árboles, en las rocas… Tan exhaustivo fue en su relato, que incluso se han llegado a publicar atlas sobre la Tierra Media, que es el mundo en el que sucede la acción. En el atlas se habla de qué tipo de roca formaba tal o cual montaña, cosa que puede saberse debido a la descripción que de ellas hace el narrador. Se pueden saber las distancias a las que estaban situados los distintos lugares haciendo cálculos de desplazamiento… Hay tal nivel de detalle, el mundo recreado es tan sumamente rico, ¡que es imposible que no existiera!

En Shogun, hay multitud de ejemplos de cómo hacer creíble una historia. En cierto momento, Toda Hiro-matsu va a visitar a Toranaga, su señor feudal. Esto es lo que sucede:

Yoshi Naga, el oficial de guardia, era un joven de diecisiete años, maligno y peligroso.
―Buenos días, señor. Sé bienvenido
―Gracias. El señor Toranaga me espera
―Sí
Aunque no lo hubiesen esperado, Naga lo habría dejado pasar. Toda Hito-matsu era una de las tres únicas personas del mundo que podía visitar a Toranaga de día o de noche, sin haber sido citado previamente.

Es un simple detalle, pero el hecho de que haya 3 personas más que tienen ese honor, le da una profundidad increíble a la historia. No importa que no sepamos quienes son, es más, es mejor que no las sepamos, porque además de profundidad, crea expectación: ¿quiénes serán esas personas? Con una simple frase, logra dos objetivos: desviar la atención de la posible irrealidad de la lectura, y darle profundidad a la historia. Y ambas cosas, hacen que la narración resulte creíble.

Otra posibilidad es mostrar un mundo mucho más complejo que el que el lector lee, dejar entrever que, más allá de la narración, hay otras cuestiones, otras posibilidades, que no nos están contando pero que están ahí.

Por tanto, debemos cuidar mucho el nivel de realidad que imprimimos a nuestra historia. Si tenemos un buen argumento, un buen conflicto, personajes cuidados hasta el extremo, bien caracterizados y un narrador convincente, pero la historia que contamos no es creíble, la novela fracasará con toda seguridad.

Otro ejemplo es Una Vuelta de Tuerca, de la que hablábamos antes. Es la historia de una mujer que llega a una mansión donde debe cuidar a unos niños. La historia se vuelve muy atractiva porque la mujer comienza a ver personajes que nadie ve y que luego descubre son antiguos sirvientes ya fallecidos. Lo interesante de la historia es que transita todo el tiempo entre varios planos de realidad, sin que sepamos con seguridad si la mujer ve a los fantasmas o es producto de su imaginación. Primero, la historia la cuenta ella por medio de un papel que escribe como si fuera una confesión, pero al que llegamos porque en un momento del pasado, ella se la deja a un amigo, quien la está leyendo en voz alta para un grupo de conocidos que hablan de historias extraordinarias. Este amigo aclara que en algún momento se estaba borrando el original, y tuvo que transcribirlo, de modo que el grado de ocultación de la verdad es todavía mayor:

Se trata entonces de: un documento escrito por alguien que dice ver fantasmas, -realidad subjetiva y fantástica- que se lo da a un amigo que vive en el plano real, que lo copia –de nuevo en un plano subjetivo- y que lo lee en voz alta ante otras personas. Hay tantos narradores, tantos cambios, tanta subjetividad, tantos planos de realidad que al final ya no se sabe qué es real y qué no lo es.

Hay una serie de T.V. que está logrando un éxito arrollador, y en parte se basa precisamente en eso: en crear diferentes planos de realidad. Se trata de la serie LOST, o PERDIDOS: Unos pasajeros de un vuelo que se estrella en una isla. En la isla empiezan a suceder cosas extrañas e increíbles. Aparece un grupo hostil de pobladores. Más tarde se sabe que esos pobladores no fueron los primeros, que hubo otros antes que ellos. Mientras tanto, se nos va contando la historia personal antes del accidente de los protagonistas. Luego nos van contando la historia POSTERIOR, es decir, en el futuro, aunque ellos siguen en la isla. Hay tantos planos, tantos niveles narrativos, la historia es tan compleja, que todo lo que te cuenten termina por ser plausible.


RESUMEN
· El escritor tiene el reto de hacer creíble la ficción de su novela
· Para conseguirlo es necesario:
· Ser detallista
· Usar un narrador creíble
· Rodear la ficción de elementos que se conocen en la realidad
· Cuidar el nivel de realidad del mundo recreado

Luego vendrían las preguntas y las actividades y ejercicios. ¿Qué os parece? ¿Alguien se anima?


P.D. Como ya dije, estoy haciéndome mi propio "libro de texto", conjugando información de varios libros de teoría y práctica literaria, añadiéndole todo ello más ejemplos para intentar que sea lo más ameno y comprensible que pueda conseguir. Esos libros de texto formarán la bibliografía del curso, recomendando a los alumnos que los adquieran. Y los ejemplos estarán sacados de diferentes novelas, que serán las lecturas recomendadas.

18 comentarios:

La Bruja dijo...

Qué bien que la gente se esté apuntando. Va a ser una experiencia maravillos. No, si al final vas a poder vivir de esto je je je. Un abrazo fuerte

Javier Márquez Sánchez dijo...

Oiga profe, esto tiene muy buena pinta... ¡Mucho ánimo con el asunto!

naTTs R dijo...

¡Reservame uno de esos libros! :P

Mucha suerte con el curso, seguro que sale de perlas.

Saludos

B. Miosi dijo...

Teo, me parece intersantísimo el tema que planteas, y tienes razón, de eso se trata: hacer creible una mentira, pero tan bien, que aunque el lector sepa que no es verdad, esté bien dispueto a aceptarla. Eso sí: mucho cuidado con no saber recrear bien esa mentira, el lector sabe que lo engañan, pero quiere que lo convenzan. Es un juego sutil y extravagante, que sólo los seres humanos somos capaces de inventar.

Te diré que Lost es demasiado enrevesado para mi gusto. Me da la impresión de que el guiinista se la pasa sacando conejos de la chistera para alargar la serie.

Besos,
Blanca

Juan dijo...

Hola

Llevaba tiempo sin comentar... Creo que es el punto 1.5, Planificación de la obra. ¿Me gano un punto positivo, profe? (ja, ja, ja).

En cuanto al contenido, muy interesante y muy ameno. Tu curso se dirige al novelista, pero muchas cosas de las que comentas son aplicables a la narrativa breve. La dificultad es que, en un relato, no puedes hacer descripciones largas y te ves obligado a sugerir antes que a narrar. Lo que más problemas causa esto crear la sensación de que la historia transcurre en un mundo creíble, ya que no puedes detenerte tanto en el detalle (ojo... en el relato breve sí hay que ser detallista, pero con moderación por la brevedad). Hay dos formas de hacerlo, que son, más o menos la misma. La primera, ambientar en un sitio y una época que el lector objetivo conozca perfectamente. Por ejemplo, en Málaga capital en el año actual. Basta con dejar caer una frase como: "aquel agosto de 2009, Málaga estaba a punto de derretirse", para que el lector andaluz pueda imaginarse cientos de cosas sin que tú las menciones. El caso es que yo nunca hago esto, pero puede ser interesante.

La segunda, válida para la narrativa fantástica, es introducir, a cada rato, detalles del mundo, de manera que dé la sensación de que ese mundo imaginario existe fuera del relato. Mencionar el nombre de un reino extranjero, de una ciudad lejana, ninguno de los cuales tiene relevancia en la trama... También se puede usar para incrementar el misterio.

Y... otro recurso, pero de eso a lo mejor hablas en temas posteriores: tener narradores falibles. Casi nunca veo usarlo, pero creo recordar que en la tetralogía La necesidad de Mordant, de Stephen R. Donaldson, hay un personaje que va relacionándose cada vez más estrechamente con otro, y yo pensaba todo el rato: "¿pero qué haces? ¿no ves que ese es el malo?" (ja, ja). La técnica consiste en describir todo a través de los ojos del personaje, de forma que el lector vea lo que pasa en realidad, y luego, que el personaje lo interprete de otra manera, si puede ser, al contrario. Que el lector vea que un personaje secundario es un impresentable, y para el narrador una bellísima persona. Esto sí me divierte mucho hacerlo, pero sólo vale con narradores que quieras dejar como inocentes.

Un saludo

Juan.

Juan dijo...

Hola

Espera... ahora que veo por aquí a Blanca Miosi... En El Legado (que aún no he terminado de leer :) ), hay un narrador falible. Y me parece mejor referencia para tus alumnos que La Necesidad de Mordant :). Y no desvelo más de la novela de Blanca :D.

Por cierto, Blanca, ya te hablaré de tu novela cuando la termine.

Un saludo.

Juan.

Lola Mariné dijo...

Muy interesante.
¡Yo quiero asistir a tu curso!

Teo Palacios dijo...

MEEEEEEC, fallo, Juan, no es ese punto, pero puedes seguir intentándolo, ;) jaja

Lo cierto es que tiene un poco de truco, porque como decía en una entrada anterior, he ido modificando brevemente el temario en base a su desarrollo. Este tema, en concreto, será el 1.4: Nivel de Realidad

Ya os colgaré el temario final cuando termine.

Gracias por participar!

Alejandro Laurenza dijo...

Está muy bien, Teo, muy interesante. Y está bueno además que nos vayas contando por acá algunas cosas del curso, para quienes estamos a la distancia, :-).

Saludos,
Alejandro.

Guillem López Arnal dijo...

Teo, sinceramente, este curso tuyo va a resultar una joya. Espero que cuelgues más fragmentos del temario.
Un saludo.

B. Miosi dijo...

Quiero saber cuál es que captaste como narrador falible, Juan. Quiero ver, ;)

Ya me contarás.

Laura dijo...

Muy interesante, Teo. ¿Puedes tomar en consideración los personajes carismáticos? He notado que algunas historias muy celebradas ganan puntos por personajes de los que el lector se enamora o con quienes el lector se identifica. Pienso en la muy famosa Canción de Hielo y Fuego, que es narrada desde el punto de vista de seis u ocho personajes seleccionados. La perspectiva se torna interesante, pues ya no habrá un narrador omnisciente, sino una tercera persona limitada. El lector, que domina los otros puntos de vista, conoce la casi totalidad de las relaciones entre personajes, pero éstos se ven limitados por sus puntos de vista. De esta manera, dicha saga ha conseguido que muchos lectores se identifiquen con ciertos personajes al punto de conocer su genealogía, sus tristezas y sus alegrías, sus defectos y sus virtudes, mejor que el mismo autor.

Otro punto, más que niveles de realidad, ¿no estarás hablando de niveles de verosimilitud? (Es una pregunta técnica y la hago por curiosidad)

STB dijo...

Excelente. Interesantísimo, profe.
Si alguna vez te decides a publicar el temario que estás elaborando... ¡Avisa!

Marta Abelló (martikka) dijo...

Supongo que tratas la relación entre el espacio y el personaje, las técnicas de verosimilitud.

Son los matices, los detalles, los que hacen creíble una historia y un personaje.

Gran trabajo, Teo.

Juan dijo...

Hola Blanca

Como narrador falible me refiero a Alicia cuando dice que una persona era maravillosa. Y no digo más ;).

Un saludo.

Juan.

Blas Malo Poyatos dijo...

Teo, ¡chapó! Veo en mi bola de cristal que tu futuro como profesor de literatura irá in crescendo.

Me ha encantado la entrada. Por eso no soy capaz de escribir literatura fantástica, porque me encanta el detalle, ¡y no tengo tiempo para dedicar 60 años de mi existencia a un mundo nuevo para un único libro!

Y mentir, mentir... qué feo suena. El lector no quiere un engaño, sino una posibiidad de realidad que le aporte algo diferente a su rutina.

Un saludo

Teo Palacios dijo...

Gracias a todos por los animadores comentarios.

Laura, que el lector debe "encariñarse" con los personajes es una auténtica necesidad, y de eso se habla en profundidad durante el curso en los apartados dedicados a la creación del personaje. Y es cierto que el personaje debe ser creíble, al igual que la historia debe ser creíble. Sin embargo, ambos temas los trato por separado, en bloques independientes. Esta primera parte está dedicada a la inspiración, desarrollo y estructura de la historia en sí misma, de lo narrado, y no de los personajes que intervienen en ella. Es por eso que no hablo de la credibilidad del personaje (que como digo se tratará más adelante, en los puntos 4.4, 4.4.1, 4.4.2 y 4.4.3), puesto que ambas cuestiones necesitan ser creíbles, pero dicha credibilidad se logra de modo distinto en una cosa y otra. Además, el hecho de separarlos permite incidir pasadas unas semanas de curso en la necesidad de lograr credbilidad, con lo que a idea se refuerza en el "alumno".

En cuanto al tema de nivel de realidad-verosimilitud. ciertamente hay un matiz pequeño, aunque importante. Algo verosimil es algo que tiene la apariencia de ser verdad. Pero el hecho de que APARENTE la realidad, no significa que sea real. Evidentemente, una novela no es realidad pura y dura, pero se trata de que el lector la considere como tal. Por ello es necesario que se esfuerce por hacerla REAL, y no simplemente CREÍBLE. Si te esfuerzas por hacerla real y no lo consigues, te podrás quedar a medio camino y que resulte creíble. Si intentas hacerla creíble y no lo consigues, lograrás que el lector no se lo crea, y se romperá la magia. De ahí el título elegido para el punto tratado.

Por supuesto, es sólo una opinión, y, por cierto, muy discutible... Así que estoy abierto a un debate abierto sobre el tema. Puede ser muy interesante.

Abrazos y besos para todos

Laura dijo...

Qué interesante. Te apuntaba la distinción entre realidad y verosimilitud por esas corrientes de pensamiento en la teoría literaria en que se presupone un texto ficticio como carente, a priori, de "realidad". Lo único que puede hacerse con él es volverlo verosímil, pues el lector sabe, de antemano, que no es real. Eso diferenciaba la literatura moderna de la literatura de tiempos míticos, cuando lo que se narraba era tenido como real, aunque fuesen puras leyendas. La realidad, en cambio, está en los textos no literarios, aquellos que transcriben los hechos tal como sucedieron sin adición de subjetividades ni suposiones.
Por supuesto, es sólo una teoría. Tu explicación me parece muy lógica también, en particular para todos aquellos que nos dedicamos a la escritura creativa.
¡Exitos en tu curso! :)