lunes, 26 de enero de 2009

¿Te apuntas?

Suelo contar a menudo desde estas líneas que el clima literario que vivimos en Sevilla es único en muchos aspectos. Hay toda una generación de escritores que está saliendo a la luz, que poco a poco consiguen ver sus textos publicados. Más aún, se llevan a cabo talleres, encuentros, charlas… Es frecuente que algunos de esos autores nos encontremos un día para comer o cenar y hablar, invariablemente y para desgracia de las pobres acompañantes de cada uno, de nuestros proyectos, nuestros sueños, nuestros trabajos, cómo se desarrolla nuestra última obra o el mundo literario en general.

Tanto nos juntamos, tantas actividades surgen, que tengo un buen amigo en la otra punta del país al que suelo ponerle los dientes largos. Hace poco lo ponía al día de los proyectos que salieron durante la última cena (no, no tiene nada que ver Da Vinci ni Dan Brown en todo esto), y él me respondía que contábamos “con su admiración y su más asquerosa envidia”. Yo también te quiero, Leo…

Y es que, como ya dije hace bastante tiempo, si bien la labor creadora del escritor es tremendamente solitaria, lo cierto es que el autor no puede, ni debe, ni tampoco quiere permanecer aislado, salvando casos muy específicos. Es necesario que el autor respire el ambiente literario, que coexista con otros escritores, que intercambie ideas, que pida opinión. Y es necesario porque es el único modo de crecer como autor y de poder colocar en su debida perspectiva el trabajo propio. ¿Cómo saber si algo es bueno si nadie nos da una opinión cualificada? Y no, por opinión cualificada no podemos aceptar la de nuestro padre, o hermano, o amigo del alma, a menos que nuestro padre, o hermano, o amigo del alma sea un profesional de las letras. Y aún así habría que tener cuidado, porque no puede ser imparcial.

Pues bien, a todo ese ambiente literario que ya disfrutamos en Sevilla, desde hace un tiempo se suma un aspecto más que añade un plus adicional. Se trata de Escribes.

Escribes es una escuela de escritores. En ella se imparten más de 50 cursos literarios, en todas sus modalidades: presenciales, semi-presenciales y on-line. Pero Escribes es también algo más que simplemente una escuela. Ofrece a los autores servicios como el análisis de textos, correcciones ortográficas o de estilo, traducciones, y varios más.

Además de todo eso, Escribes tiene una clara tendencia a expandir la cultura. Se llevan a cabo acciones como la de repartir gratuitamente libros a los reclusos, por ejemplo, lo que dice mucho de sus responsables.

Lo que os cuento de Escribes es para que sepáis quienes son, no porque tenga acciones en la empresa ni nada de eso... Pero bueno, a lo que voy. Es evidente que los autores necesitan tener contacto entre ellos. En Sevilla lo sabemos bien. Que esto es así lo demuestra el hecho de que los blogs literarios proliferan. Los autores cuentan en ellos sus experiencias, exponen sus textos y demás. Y suele haber bastantes comentarios en todos ellos, en una muestra más del intercambio cultural que se da en el ambiente literario.

Seguro que también conocéis las redes sociales, tipo Facebook, tuenti o similares, que están en boga desde hace tiempo.

Bueno, pues todo esto que os he ido contando hasta ahora es para deciros que en Escribes han pensado también en eso y han creado un lugar virtual para que podamos hablar de aquello que nos gusta: literatura. En todos sus aspectos. Así que os animo a que os deis de alta. Encontraréis que algunos de los que se dejan caer por este blog ya estamos allí, participando. Y nuestro deseo es que, ya que no podemos quedar con vosotros físicamente, al menos sí podamos hacerlo de modo virtual. Se trata de que el buen ambiente literario que respiramos en persona se pueda expandir y compartir también a través de la red.

Seguro que todos salimos ganando de compartir experiencias y opiniones. Y ya que nos lo ponen tan fácil como a un simple click, creo que sería de lo más interesante. La invitación está hecha, ahora ya depende de cada uno reservar sus opiniones y vivencias para sí mismo, o por el contario, ser generoso y compartirlas.

Yo lo tengo claro. ¿Y tú?

martes, 20 de enero de 2009

Los Aspectos Positivos de la Coedición


No, no me he vuelto loco. Puedes colgar el teléfono y decir al personal de Psiquiatría que te has equivocado al marcar.

Hace algún tiempo que comenté en este blog que tenía intención de hablar del tema de la coedición, o autoedición. Y hoy empiezo a tratar ese tema. Y aunque parezca mentira, empiezo hablando bien de esta fórmula para ver una obra publicada. El motivo es bien sencillo: en la vida no hay nada, (bueno, nada si obviamos el holocausto nazi, el conflicto de Gaza en el que Israel está causando la muerte de miles de inocentes en una muestra de amnesia colectiva difícil de entender, las bombas de Hiroshima y Nagasaki, los niños soldados de África, el Apartheid… en fin, ese tipo de cosas tan desgraciadamente unidas al ser humano) nada, digo, que sea inherentemente malo. Es decir, que casi todo en la vida tiene aspectos positivos y otros negativos.

El que se compra un Ferrari tiene un cochazo, pero a cambio necesita un camión cisterna de gasolina detrás. El que vende 5 millones de discos alcanza el éxito, pero luego no puede dar dos pasos por la calle sin que el personal lo acose. Etc…

Y la coedición no iba a ser menos.

Todo aquel que escribe, bueno, casi todo, no voy a generalizar, lo hace con la intención de poder ver algún día su obra en las estanterías de una librería. Y si puede ser en varias pilas en el centro de la mesa de novedades, con varios carteles alrededor anunciando el libro, mejor que mejor.

Pero hay un problema, y es que al año se editan unos 70 000 libros en España. Es decir, 1346 por semana. O lo que es lo mismo, 192 libros diarios. Vamos, que cada hora salen de las imprentas de las editoriales 8 libros nuevos listos para ser distribuidos. Uno cada 7 minutos y medio.

Con semejante cantidad de libros en la calle diariamente, es muy difícil poder meter la cabeza y colocar el nuestro. Podría parecer al contrario, es decir, que si se publican tantos libros es porque todo tiene cabida… Craso error. Se publican 70000, pero se rechazan 8, 9 o 10 veces más libros de los que se publican. ¡O más! Y claro, es mucho más fácil que el nuestro, ya que somos escritores noveles y muy pocos apuestan por nosotros, pues llegue a formar parte de los rechazados en lugar de los publicados.

A este panorama literario nuestro hay que sumarle otro aspecto: hay muchos que dicen que el mercado editorial está en crisis. Y no la crisis de ahora, de la que habla todo el mundo (por cierto, ¿os habéis fijado en que prácticamente todos los anuncios de Tv. Hablan de que el producto anunciado te ayuda a ahorrar o tiene un descuento que no puedes dejar pasar?) no, no hablo de esa crisis. Hablo de una crisis que viene de hace varios años. Creo que, precisamente, por esa vorágine editorial por publicar cientos de libros… La cuestión es que por ese motivo, las editoriales no confían en los autores noveles. Es lógico. Como no me canso de repetir, el mundo literario no es más que otro negocio, y las editoriales quieren conseguir productos que proporcionen la mayor cantidad de ventas posibles. Y evidentemente, Saramago, Follet o Reverte venden más que yo.

De modo que nos encontramos con un autor que ha dedicado meses, e incluso años a escribir una novela, que, ¿por qué no? Puede ser maravillosa, y después de tanto trabajo, de presentarla con la máxima ilusión a mil y una editoriales, lo único que recibe son respuestas negativas.

Y ahí es donde entra la coedición. O la autoedición.

El autor, descorazonado, termina por decidir que lo mejor es publicar su obra bajo esta modalidad de edición. Y no son pocos. Al parecer, un 20% de todos esos libros son coeditados o autoeditados. 14 000 al año. 269 a la semana. 38 cada día. Casi 2 por hora.

Algo bueno tendrá que tener la fórmula, ¿no?

Hay una diferencia sutil, aunque importante, entre ambas modalidades: en la coedición, los gastos de edición se dividen entre editorial y autor. En la autoedición no, todos los gastos los asume el autor.

Ciertamente, los gastos no son pocos. Y cuanto mejor queramos que esté presentado el libro, más dinero habrá que soltar, claro. Corrección, maquetación, diseño de portada, promoción de la obra… todo estos aspectos van sumando euros al total de lo que tendrá que pagar el autor, si es que decide incluirlos en el contrato.

Y no nos engañemos, en algunas ocasiones, un libro coeditado puede llegar a convertirse en un éxito de ventas. En España, por ejemplo, se vendieron más de 3 000 ejemplares de “probando el hardcore”. ¿Y quién no conoce El Código Davinci? Pues este libro, Dan Brown lo lanzó coeditado.

Evidentemente, no es lo habitual. La editorial argentina de coedición Dunken, reconoce que sólo el 20% de sus ediciones alcanza los 500 ejemplares de venta. Está claro que, si lo que queremos es hacernos un huequecito en el pastel editorial, la Coedición no es la solución. Las editoriales tradicionales incluso ven con malos ojos a los autores que se decantan por esta opción. Pero no se paran a pensar que a menudo es la única salida para una obra que ha sido rechazada por el mercado literario.

Hay muchos peligros en la coedición, por su puesto. Muchos más en la autoedición, desde luego. El mercado literario se ha convertido en un lugar donde los fraudes campan a sus anchas y hay que ser cuidadoso. Sobre eso hablaré más adelante.

Entonces, si no se asegura un mínimo de ventas, si hay que pagar cantidades importantes por ver el libro publicado… ¿cuál es el aspecto positivo de la coedición?

Pues la satisfacción de que algunos podrán disfrutar de leerte. El hecho de ver cumplido un sueño. ¿Acaso te parece poco?

martes, 13 de enero de 2009

Pepe Carrasco, o Capitán Nadie


Según 20 minutos, Telecinco prepara una serie llamada SuperCharly, que contará las aventuras de un cuarentón que se queda en paro y descubre entonces que tiene súper-poderes.

Ya, ya. Ya sé que eso no tiene nada que ver con la literatura… ¿o sí? Porque resulta que tan pronto como leí esa noticia, escribí a Pepe Carrasco. Y es que, Pepe tiene dos libros puestos en el mercado: Capitán Nadie y El Regreso del Capitán Nadie, en los que nos cuenta las aventuras de Paquito, un chico que, de la noche a la mañana y de la mano de mil casualidades, se convierte en Superhéroe. ¿Demasiada casualidad?

No hay lugar a dudas: la obra de Pepe Carrasco está funcionando. Los números lo demuestran. Capitán Nadie, fue publicada en 2005 por Edebé. Actualmente se encuentra ya en su cuarta edición. El Regreso del Capitán Nadie se publicó hace unos meses, pero todo parece indicar que está funcionando bien. Lo suficiente como para que se esté planteando ya una tercera parte.

Conocí a Pepe hace cosa de año y medio. Yo asistía por entonces como público a las segundas jornadas de literatura fantástica de Dos Hermanas, (las mismas de las que ahora formo parte del comité organizador, lo que son las cosas) mientras que Pepe estaba al otro lado, es decir, sentado detrás de la mesa y formando parte de una charla en la que departía junto con Alfonso Merelo, José Ángel Muriel e Inés Martín.

A lo largo del tiempo hemos ido coincidiendo en diferentes lugares: en la feria del libro de Sevilla, con comida y cafecito posterior en una terraza con vistas magníficas, en las 3º jornadas de literatura fantástica de Dos Hermanas, donde presentó el Regreso de Capitán Nadie, y tuve el gustazo de tenerlo sentado al lado en la mesa redonda de la feria del libro del Aljarafe sobre literatura fantástica. Y el próximo jueves, si Zeus nos es propicio y no nos manda una tormenta eléctrica, tenemos previsto un ratillo de charla entre amigos rodeados de alguna tapita con su correspondiente bebida.

Desde el principio, Pepe me pareció una persona que no hablaba por hablar, sino que todo lo que decía había sido meditado previamente, y cuando verbalizaba las ideas lo hacía después de haber pasado un proceso de aceptación e interiorización. Eso, como podéis imaginar, hace de él una persona de lo más interesante. Más aún cuando su humildad va pareja a esa rara cualidad de pensar lo que se dice antes de decirlo.

Un ejemplo de esa humildad de la que os hablo es una anécdota de las muchas que cuenta a lo largo de su carrera literaria: el momento en el que recibió la carta de Edebé en la que le comunicaban su interés por publicar Capitán Nadie.

Pepe comenzó a escribir esa novela en un momento ciertamente difícil a nivel personal, tal y como él mismo declara. Al terminarla, la tuvo tiempo metida en el cajón de su mesa, y no fue hasta varios meses después cuando la registró y comenzó a moverla en algunas editoriales. Al fin le llegó una carta de Edebé. Cuando la recibió volvía de su trabajo. Él cuenta que llegó a su casa, abrió la carta, la leyó y al ver que en ella le comunicaban el interés de la editorial por publicar la novela pensó: “esto no puede ser verdad. Vengo cansado, así que voy a ir a ducharme, y cuando salga veremos si la carta sigue diciendo lo mismo”.

Evidentemente, el contenido de dicha carta no había cambiado, ni al salir de la ducha, ni cuando llegó su mujer a su casa. Pero no fue hasta ese momento, cuando su mujer le confirmó lo que estaba leyendo, que él aceptó lo que le estaba pasando.

Desde entonces, su carrera literaria va en aumento. No sólo por la buena acogida de sus novelas, sino también porque diversos centros de enseñanza la están usando en un programa de fomento de la lectura. Pepe cuenta con emoción que en alguna ocasión ha llegado a uno de esos centros para dar una charla a los alumnos que han leído su novela, y se ha encontrado con que alguno de esos chiquillos se había presentado disfrazado de Capitán Nadie. ¿A quién no le emocionaría algo parecido?

Capitán Nadie y El Regreso de Capitán Nadie están fuertemente influenciadas por el amor de Pepe por los comics, eso es evidente. Pero en ellas se tratan de realidades diarias, de problemas sociales, de personas con las que nos cruzamos a diario. Y lo hace curiosamente con un sentido del humor que le permite presentar esos problemas sin amargar al lector, sino arrancándole una sonrisa. Aunque, eso sí, luego queda la idea para que uno pueda meditar sobre ello.

Pepe se considera escritor de fantasía, "para su orgullo y regocijo", (ojalá otros muchos autores hablaran así de claro sobre este tema). Ya tiene escrita una tercera novela, que estoy seguro terminará por ver la luz más pronto que tarde, y trabaja en una cuarta. Ya sabéis, el veneno del que os he hablado en otras ocasiones…

Mientras compráis una de sus obras, si un día os lo encontráis por la calle, paradlo. No para pedirle un autógrafo. Pepe tiene algo más interesante que ofrecer… su conversación.
P.D. Anuncié que las entradas de "la generación del 70" incluirían a dos autores por entrada. He decidido cambiar esa idea inicial. Mis entradas suelen ser ya bastante amplias y normalmente he de dejar cosas en el tintero que me gustaría decir. Quiero evitar eso al máximo, o al menos minimizarlo, cuando hable de estos autores.

lunes, 5 de enero de 2009

Estudios de Marketing VI: Más trabajo



Si habéis sido lo suficientemente buenos durante el año como para que los reyes os hagan un buen regalo, si además vuestra novela es realmente buena, y si habéis logrado captar la atención del editor/agente al que enviasteis vuestra obra, un buen día os encontraréis con una llamada de teléfono, o un mensaje de correo que tendréis que leer varias veces antes de creéroslo. Porque, sí, una editorial se ha interesado por tu novela y quiere publicarla.

Lloraréis, patalearéis, gritaréis y os dará un subidón de adrenalina que os mantendrá en las nubes durante unos días. Luego os llamará el editor o editora y os dará su impresión: que la editorial tiene una buena opinión de la novela, etc, etc… Eso sí, no esperéis que de inmediato os dediquen demasiadas alabanzas… porque en la mente del editor, en ese instante, hay algo bien distinto: Mejorar la novela.

Sí, sí… lo que leéis: MEJORAR la novela. Porque en esta vida, todo, absolutamente todo, es susceptible de ser mejorado. Y vuestra novela no va a ser menos.

Y aquí, es donde muchos están, en mi opinión, equivocados.

Conozco personalmente a varios autores que niegan al editor la opción de que el texto de la novela sea corregido. Y es muy curioso, pero todos los que conozco que tienen esa actitud (respetable por otro lado), resulta que luego se quejan de que se venden pocos de sus libros, e incluso de que la editorial se vuelca más en la difusión de otras novelas que en las suyas.

Y ahora es cuando yo digo… ¿y nunca se han parado a preguntarse por qué sucede eso? Bueno, en realidad me consta que sí lo han hecho. Es más, yo mismo he sacado el tema cuando hemos estado juntos. Y de forma invariable, salen a la palestra teorías conspiratorias de carácter casi judeo-masónico, que en realidad no explican nada, pero que dejan muy satisfecho al autor, quien termina echando balones fuera y culpando de sus bajas ventas a las editoriales.

Voy a repetir algo que los que pasáis por aquí a menudo lo habréis leído ya en otras entradas: Señores, las editoriales son un N E G O C I O. Buscan obtener el máximo beneficio posible por sus productos. Por tanto, el editor quiere presentar un libro tanto mejor cuanto más pulido se encuentre. Porque, si el libro está bien trabajado (al margen del autor, pues el autor es incapaz de ver todos los errores, que los hay, y muchos, de su novela) se venderá más.

Digo que es incapaz de ver sus errores por un motivo muy simple: él es el que la ha escrito, se sabe las frases y el argumento de memoria. Por tanto, cuando lee su texto, no lee lo que hay escrito; recuerda lo que su mente quiso poner. Por eso, porque su lectura es superficial, no puede ver sus errores, tanto de trama, como de personajes e incluso ortográficos. Os pongo un ejemplo. Hace algo más de un año estuve comiendo con varios autores, muchos de ellos de cierto nombre y prestigio. Hubo uno que había presentado su última novela hacía unos pocos meses, una ucronía bastante buena, por cierto. En ella, hablaba a menudo de los tapices que poblaban los suelos de determinados lugares. Al menos había 6 o 7 referencias en el libro a esos tapices. Pero resulta que los tapices, por definición, ¡¡¡no pueden estar en el suelo!!! Si está en el suelo, no es un tapiz, es una alfombra. Al comentarlo, tanto él como su esposa se quedaron un poco parados, me dieron la razón y me dijeron que ni el autor, ni su esposa, que le corrige los textos, habían reparado en ese dato.

Bien, pongámonos ahora en el lugar del editor: “Esta novela me parece interesante, cuenta una buena historia y está bien escrita. Quiero publicarla. Sin embargo, es necesario darle un repaso a la ortografía y al estilo. Si lo hacemos bien, puede quedar una novela de un gran nivel.”

¡¡El hombre quiere la novela!! ¡¡¡Quiere apostar SU dinero por ella!!! Pero, ¿qué ocurre? Que el autor le dice. ¿Sí, la quieres? Eso significa que tal y como está te ha gustado, ¿no? Pues en ese caso, no se toca, porque es MI obra, y nadie más va a ponerle las manos encima.

MEEEEECK!!! Error! Error porque el editor, si hay suerte y no da el paso atrás y te dice que en ese caso publiques tú mismo la novela, si hay, digo, mucha suerte, aún te la publicará. Pero, ¡ojo! La editorial tiene un nombre que proteger, tiene una reputación, y desde luego, apoyará más a los autores que colaboran que a los que se cierran en banda. Por tanto, lo normal será que la tirada de ese libro no trabajado por la editorial sea inferior que otros a los que sí ha dedicado tiempo, en los que sí ha trabajado. ¿Por qué? Porque es un N E G O C I O y por tanto ha de rentabilizar esfuerzos.

Os pongo otro ejemplo: las portadas de los libros.

¿Por qué las portadas de las distintas colecciones de las editoriales tienen elementos comunes? Por varias razones: para que se las identifique con la editorial, para igualar la calidad de sus productos, para imprimir el sello de calidad de la casa, etc…

Con las revisiones de texto pasa lo mismo. La editorial no las hace porque sí, es un proceso largo, de varios meses, y caro, pues se imprimen diferentes galeradas y en él trabajan varias personas a las que hay que pagar su sueldo. De hecho, las editoriales pequeñas no ofrecen ese servicio, no porque no les guste, sino porque no se pueden permitir el lujo de pagarlo.

Que una editorial quiera revisar el texto de nuestra novela no es una “invasión” de nuestra obra. Deberíamos verlo como lo que es: un intento de mejorarla. Al fin y al cabo, el autor mantiene el derecho, por contrato, a negarse a que se haga un cambio si no lo ve conveniente. Por lo tanto, no perdemos nada en dejar que la editorial efectúe sus correcciones. Al contrario, nos ayudará a comprender un poco más el otro lado de la industria editorial, pues el editor no te dice: quiero hacer este cambio, este y este. Sino que te dice: este cambio sería conveniente por tal motivo, este otro sería interesante por tal otro, y en esta frase, ¿crees que tal y como está presenta con claridad tu idea, o sería mejor presentarla de este otro modo?

¿Qué mejor modo de aprender que de la mano de auténticos profesionales de esa industria?

Fijaos cómo es la cosa en cuanto a las correcciones. Os hablo ahora de mi experiencia personal. Ya sabéis que hay una editorial que quiere publicar HIJOS DE HERACLES. Es una novela histórica ambientada entre 735 y 655 a.C., en la antigua ciudad de Esparta. Bueno, pues hablando con mi editora el primer día, me comentaba que había una serie de cuestiones que su especialista en historia creía que podían ser errores históricos, y que, por tanto, era conveniente que los repasara. Le pedí que me enviara esas cuestiones y cuando me llegaron eran un total de 16 puntos.

Estuve 4 horas contestando uno a uno. La mayoría no eran errores, sino que la historia que presento se basa en un punto de vista que no es el normalmente aceptado para explicar lo ocurrido. Por tanto, podían ser considerados como tales. Para que entendáis de qué os hablo os diré por ejemplo que normalmente se cree que fue Licurgo quien introdujo en Esparta una serie de leyes. En mi libro, sin embargo, esas leyes las introduce otro personaje histórico. Puede parecer que es un error, sí. Pero le expliqué a mi editora cuales eran los motivos por los que había optado por esa posibilidad, basándome en determinados puntos de vista de una serie de expertos en la Grecia clásica. ¿Sabéis cuál fue su respuesta? Os la copio directamente:

Como ya comentamos por teléfono, de la historia antigua de Esparta se sabe poco, y de ahí deriva el que haya hipótesis distintas para explicar diferentes aspectos de su evolución. Es evidente que algunos de los comentarios de nuestro informador se deben a que tú propones una hipótesis distinta de la habitualmente aceptada. Eso es totalmente aceptable e incluso creo que le otorga un factor novedoso a la novela. Sin embargo, creo que no estaría de más que incluyeses una breve nota al respecto al final. El lector de novela histórica suele agradecer que le digan cuánto hay de verdad y cuánto de elucubración en estas obras.

No sólo no insistía en imponer su punto de vista y aceptaba el mío, sino que creía que además era un aspecto positivo de la novela. Sin embargo, señalaba, acertadamente, que para evitar que algunos lectores que pudieran estar familiarizados con la historia narrada en la novela creyeran que ésta contenía errores históricos, se aclararan determinados aspectos en una nota adicional. ¿Hay algo más razonable que eso?

Pero es que además, algunas de las apreciaciones de ese especialista eran de lo más acertadas, pues hablaba por ejemplo de aspectos lingüísticos del griego (idioma que desconozco por completo) que estaban mal expresados en la novela. De no haber accedido a esa corrección, la obra hubiera contenido errores lingüísticos. Y es que, por más que uno busque información, es imposible que domine absolutamente todo lo relacionado con su obra.

Por eso, el día que una editorial esté dispuesta a publicaros vuestra novela, sin importar si es la primera o la quincuagésimo octava, y os proponga revisar el texto, aceptad sin condiciones. Significará más trabajo, sí. Más horas dedicadas a un proyecto que, en principio, ya teníais cerrado. Pero sin duda, merecerá la pena.

La única pregunta que queda por hacer es: ¿habéis sido durante el año lo suficientemente buenos como para que los reyes os hagan semejante regalo?

jueves, 1 de enero de 2009

Vosotros...


Este mensaje de hoy no es habitual. No lo es porque se salta una de las normas que me impuse cuando creé el blog: escribir sólo una entrada semanal. Pero todas las normas están para saltárselas alguna que otra vez y, ¡qué demonios!, es uno de enero, un día especial para muchos.

Los que visitáis a menudo este sitio sabéis que desde aquí hablo, exclusivamente, de literatura. De la mía, claro, y de la de otros. Y sabéis también que intento ayudar en lo que puedo. Y que esas son las entradas típicas de éste blog.
Y por eso la de hoy es también una entrada que se salta mis propias normas. No voy a hablar de literatura, ni a dar consejos, ni a comentar algo sobre mis proyectos ni los de otros.

Hoy voy a hablar de vosotros, los que os acercáis por aquí cada dos por tres.

Quiero deciros que cuando empecé el blog me daba un poco de miedo, vamos… miedo… quiero decir reparo, duda, reserva… ya sabéis. El motivo de ello era que no sabía si lo que tenía que contar sería de interés para alguien.

El comienzo, como siempre, fue un poco titubeante. Pero para mi sorpresa, pronto me encontré con que cada vez entraba más gente al blog. Y no sólo entraban, no. Además, muchos os tomáis la molestia de comentar sobre lo que digo: hacéis preguntas, o añadís vuestra propia visión sobre el tema del que hablo. Habéis logrado que, de verdad, este pequeño rinconcito sea completamente interactivo.

Yo visito a diario TODOS y cada uno de los blogs que tengo enlazados desde aquí, aunque no comento en todos. Algunos los visito varias veces al día, por aquello de ver si ya se ha actualizado la última entrada. Y hay un dato que me sorprende: la falta de comentarios en muchos de esos blogs.

Me sorprende porque algunas de las entradas son estupendas, muestran una visión muy clara de lo que se habla o abren debates muy interesantes. Y sin embargo, no surgen comentarios en ellos. Y cuando lo comparo con lo que sucede aquí, no puedo dejar de asombrarme. Sólo tenéis que mirar las últimas entradas del blog: ¡la media es de más de 22 comentarios por entrada! Yo casi no conozco ningún otro blog dónde ocurra algo parecido, si exceptuamos alguna honrosa excepción.

Además, últimamente las visitas al blog han ido creciendo de manera asombrosa.

La primera entrada la cree el 29 de julio. Esto quiere decir que hace 5 meses y 3 días que el blog está en funcionamiento. En Septiembre, el primer mes del que tengo estadísticas fiables y completas, hubo un total de 468 visitas. De ellos, 134 venían por primera vez. En diciembre, esto es, 2 meses después, el total de visitas ha sido de 665, y los visitantes que han venido por primera vez han sido 238.

Es decir, el total de visitantes ha crecido un 142% y el de visitantes que entran por primera vez un 177%. ¡En sólo 2 meses!

El resultado final es que, en 5 meses y 3 días, el total de visitantes del blog ha sido de 2958, casi 20 visitas diarias. ¡¡¡¡¡¡¡¡Con una media de 14 comentarios por entrada!!!!!!!!
Y sigue creciendo...

Y eso que a mí no me conoce nadie, no soy nadie en el mundo literario.

Por eso he llegado a una conclusión: este blog no es mío. En realidad, es vuestro, pues sois vosotros los que le dais vida a diario, los que lo hacéis atractivo para otros, los que invitáis a otros a venir (de lo contrario, esos datos no se explican), los que con vuestros comentarios hacéis que la gente se anime también a participar, a comentar, a sentirse un poco parte de esta “familia” que hemos creado entre todos.

Por todo ello, hoy quiero daros las gracias. Por visitar este rinconcito tan pequeño entre el inmenso mundo virtual que nos rodea, por hacerme sentir, a mí y a otros, como en casa cada vez que abrimos una de estas páginas.

¿Y qué mejor día para daros las gracias que hoy, 1 de enero, día especial para muchos?

Que todos vuestros deseos se vean colmados de dicha y felicidad. Y que podamos seguir reuniéndonos, una vez a la semana, en este blog que, en realidad, es vuestro.