viernes, 27 de febrero de 2009

Futuro Incierto

Hemos hablado muchas veces de la soledad del que empieza a escribir con la intención de que sus textos sean publicados. La primera cuestión que nos surge, inevitablemente, es”¿será bueno lo que escribo?” Y suele pasar que nadie de nuestro entorno está capacitado para respondernos a esa pregunta.

Hoy tenemos una herramienta increíble. Tanto, que si nos lo hubieran dicho hace 5 o 6 años hubiera sonado a ciencia-ficción. Lo que ocurre es que lo tenemos tan asumido que lo damos por hecho y no lo valoramos en su justa medida. Esa herramienta es Internet.

Este blog, y cualquiera de los vuestros, es un buen ejemplo. El otro día, por ejemplo, mirando las estadísticas descubrí que hay alguien que entra asiduamente al blog… ¡desde Helsinki! Tengo visitantes de lugares tan extraños como Moscú, Ammam, e incluso Palestina. No me expliquéis cómo, pero así es.

Todo esto que cuento no es para presumir ni mucho menos. Es para mostrar que Internet es una herramienta impresionante. Seguramente vosotros tengáis también visitantes tan curiosos como esos.

Y sobre esto se estuvo hablando el miércoles en el acto que os anuncié hace unos días: la importancia de Internet en el universo de la literatura.

Ya antes del acto estuvimos hablando de temas recurrentes en este blog: cómo acercarse a una editorial, e incluso del hecho de que, determinados sectores editoriales, comienzan a darse cuenta de que tal como está organizado este mundillo, el colapso es irremediable. Al parecer, comienza a haber una corriente que está empezando a pensar en nuevas posibilidades de efectuar el contacto entre autores y editores. ¿Cuál será ese camino? Pues la verdad es que nadie lo sabe aún. Digamos que es el principio de todo proceso de cambio: descubrir que el cambio es necesario.

Porque, cuando una editorial recibe 6 o 7 manuscritos día tras día, cuando un agente recibe más de 100 originales todos los meses, no hay empresa en el mundo que sea capaz de valorar de modo adecuado (y ni siquiera inadecuado) todo ese volumen de libros. ¿Cuál es el resultado de ese sistema? Pues que sencillamente hay gente muy válida que se queda fuera del mercado.

Seguramente haya muchos manuscritos de los llegados a las editoriales de manos de autores noveles que ni siquiera serán leídos. Las agencias sí los leen… siempre y cuando sigan aceptando manuscritos. Cada vez hay más agencias que anuncian que no aceptan representar nuevos autores. Es decir, el colapso que antes sufrían las editoriales, ahora lo comienzan a sufrir las agencias.

El que pierde es… ¡todo el mundo! El primero el autor novel, claro, que ve muy complicada la publicación de su libro. La segunda, la agencia, que seguro que pierde algún que otro best-seller y auténticos bombazos literarios. Y lo mismo le sucede a la editorial, evidentemente.

Esto fue el preámbulo de la charla. Ya metidos en harina, o sea, sentados ante los presentes, que fueron más o menos una treintena –y casi todos ellos visitados vía internet-, se comenzó hablando de las redes sociales. Tuenti, Facebook, MySpace… ¡Ésta última tiene ni más ni menos que 100 000 000 de usuarios!

Escribes, el portal del que os he hablado ya en varias ocasiones, promueve numerosos actos culturales. Siempre hace convocatorias vía internet, y esas invitaciones llegan a un promedio de unas 600 personas. ¡600 personas que reciben, en su propia casa, los datos, la invitación, a participar en un acto cultural! ¿Cuánto costaría hace unos años enviar cartas ordinarias para 600 personas? Pues entre sobres y sellos y tal, unos 180€. Vale, que ninguna empresa se arruina por eso, pero hay que tener mil factores en cuenta, como enviarlas con cierta antelación, etc… Hoy todo eso es prácticamente automático.

Así que nos encontramos con un triángulo de las Bermudas:
1) El autor que ve que sus obras no tienen salida, y que incluso no llega a saber si su obra es o no de calidad.
2) Las agencias que dejan pasar buenos autores por la simple incapacidad de valorar todo lo que les llega.
3) Las editoriales que en ocasiones (y son más de las que os podéis imaginar) no encuentran lo que buscan para publicar.
Fijaos si esto último que os cuento es así, que me han contado casos de editores que buscan novelas de romanos y no encuentran nada con la calidad suficiente. Y también me han hablado de otros editores que buscan fantasía y no encuentran nada con la calidad suficiente. Y yo estoy seguro de que no es porque no les llegue ese material, sino porque no tienen la capacidad para detectarlo.

Y por otro lado hay a disposición de todo este universo una herramienta sin precedentes, Internet.

La cuestión es: ¿cómo poner Internet al servicio del mundo editorial?

Parece que el futuro del mundillo avanza hacia el uso de este tipo de nuevas tecnologías. Y hay algunas organizaciones que empiezan a moverse. Una de ellas es Narraluces.

Narraluces ha nacido como un portal en el que se puedan paliar, en cierto modo, esas carencias.

Para empezar, se trata de una red social dirigida en exclusiva al sector literario. Para el autor novel tiene las ventajas de un foro habitual, es decir, las de colgar por ejemplo un texto y que otros usuarios puedan valorarlo, corregirlo, etc… Pero tiene además otro tipo de ventajas. De entrada, el hecho de que el propio autor decide quién puede ver dicho texto: si estará disponible sólo para los amigos o para el público en general, cosa que no sucede en un foro, con los consecuentes peligros de plagio, etc…

Y ahora es cuando viene el redoble de tambores de toda esta mega-entrada…

Según se anunció durante la presentación del portal y la asociación, algunos editores ya han asegurado que van a estar observando dicho portal “a la caza” de posibles autores publicables.

¿Funcionará? ¿Serán editores solventes? ¿Hablarán en serio? Pues sinceramente, no lo sé… Pero yo ya estoy dado de alta en Narraluces.

Por lo que pueda pasar.

martes, 24 de febrero de 2009

Lectura Ligera: HIJOS DE HERACLES

Como tengo mal acostumbrados a los asiduos a este blog, me consta que más de uno ha venido hoy por aquí buscando la entrada semanal, que como sabéis suelo colgarla los martes. Pero, esta semana me voy a retrasar un poco. Creo que merece la pena esperar un par de días, hasta el jueves, y poder hacer una entrada en condiciones de lo que se hable mañana en la mesa redonda de la que os hablé hace unos días.


Pero ya veis, me siento un poco en deuda con vosotros por eso de no haber colgado nada hoy... así que voy a hacer algo por primera vez desde que comencé a escribir este blog: colgar un fragmento de mi trabajo.


Pensé en primera instancia subir un cuento infantil al que le tengo mucho cariño, porque así os presentaría también a una ilustradora apabullante. Pero como tantas veces os he hablado de HIJOS DE HERACLES, creo que estaría bien que os mostrara algo del libro.


Y como las cosas hay que empezarlas por el principio, pues os cuelgo el prólogo, para que vayáis abriendo boca. Son sólo un par de folios. Teniendo en cuenta que mis entradas ocupan más de tres, supongo que no os resultará demasiado largo.




El paisaje que me rodea es hermoso. Eligieron mis antepasados este lugar por muchas razones, aunque la belleza no se encontraba entre ellas. Es un paraje resguardado, recóndito, a salvo de miradas escrutadoras. Un lugar de profundos valles y altas paredes rocosas. Hermoso, sí, pero duro. Hermoso, sí, aunque de piedra y roca. Hermoso, sí, pero de fría tierra y aire gélido. Hermoso, sin duda, pero con la suficiente crueldad, inclemencia y aspereza para templar el carácter de los que vendríamos después. Y tan adecuadamente cumplió este lugar su propósito, que ahora, tras muchos años, contemplo por primera vez el esplendor que alberga, porque la hermosura es algo que mi gente tuvo que dejar de apreciar para dedicarse a otros menesteres.

Me encuentro en un punto elevado al oeste de mi ciudad, Esparta. A mi espalda puedo ver las altas montañas que la defienden. El griterío del pueblo ha quedado en su interior. Las mujeres y los niños nos han despedido. Ahora reina la calma. Nada excepto el soplo del aire hiere mis oídos. Es un día cubierto de nubes grises, con una claridad que presagia una fuerte nevada. El viento azota mi capa, y aunque mi torso se encuentra desnudo y el frío es penetrante, soy inmune a él. Porque yo, que según me describieron incluso mi venida al mundo fue dolorosa, no cuento las calamidades como otros. Muchos años de preparación lo hacen posible. Muchos años de vida estoica, de dureza impuesta, de sentimientos doblegados, me permiten mirar a la cara de la adversidad esbozando una sonrisa donde cualquier otro perecería, o al menos, lloraría igual que un perro apaleado.

Y no hablo sólo de mí.

Tres mil de mis hermanos me acompañan.

Todos tan preparados como yo. Todos tan dispuestos como yo. Todos tan felices como yo. Todos tan duros y abnegados como yo. Todos vistiendo la misma capa de color rojo sangre. Cada uno dispuesto a morir. Es nuestro designio.

Un bosque de espadas se alza ante mi vista. Destellos broncíneos fulguran con cada exiguo rayo de luz solar con poder suficiente para atravesar el manto de nubes que cubre nuestras cabezas.

Tres mil almas resueltas las portan.

Tres mil caras que muestran la mirada decidida del que se ha sobrepuesto a un millar de calamidades para llegar al día de hoy. Pues, desde la época de los Heráclidas, mi pueblo se ha preparado para este momento. Este es nuestro destino. Se nos enseña orden y pureza. Se nos enseña a despreciar cualquier banalidad. Todo en nuestra vida nos lleva a no temer a la muerte, a luchar por la libertad a cualquier precio.

Mucho hace ya que los descendientes de Heracles constituyeron la ciudad, pero ese derecho a gobernar esta tierra cedida por el propio Zeus, lejos de caer en el olvido, se ha ido renovando con la sangre de muchas generaciones.

Y es el momento de hacerlo valer.

Miro a mis hermanos y veo tres mil corazones que esperan la señal. Pues vamos a la guerra. Para eso estamos aquí. Para eso hemos nacido.

Durante todos nuestros años, desde la más tierna infancia, se nos ha preparado, se nos ha impuesto el extremo rigor que domina nuestras vidas.

La hemos aceptado con gozo, pues ésa es la tradición, y es nuestro honor, así como nuestra libertad, lo que está en juego.

Es, además, la única manera de llevar a cabo nuestra venganza.

De modo que observo las huestes que me acompañan y no puedo evitar que el orgullo me invada, pues al fin, se hará justicia.

Y en el preciso momento en que reconozco que estamos cerca de la gloria, la euforia me domina. No puedo retener por más tiempo el grito que inflama mi garganta. Mis pulmones estallan soltando todo el aire retenido y los espíritus de incontables generaciones de hombres de dureza inigualable, de increíbles hazañas y proezas que deberían ser recordadas cuando mi pueblo desaparezca, vuelven a la vida a través de él: “¡El Juramento! ¡La Muerte!”.

Y otras tres mil gargantas elevan su voz repitiendo esas palabras para llevarlas hasta el Olimpo, para que los dioses las oigan. Para que sepan que vamos a cumplir nuestra promesa. Que mi pueblo conoce lo que es el honor.

Soy el general que comanda un ejército como no se ha visto ningún otro en el mundo. Para eso estoy aquí. Este es mi destino.

Me llamo Anaxándridas.

Y soy rey de Esparta.

viernes, 20 de febrero de 2009

Invitación

En su momento, el término “narraluces” se usó para designar a una generación de andaluces que a finales del siglo pasado eclosionó en el panorama literario español. Ellos ganaron premios Nadal, Alfaguara, Planeta… Se llegó a identificar su literatura como la “escuela del aljarafe”.

Muchos de aquellos autores hoy ya no están entre nosotros. Algunos otros todavía viven. Pero sí hay un grupo de narraluces. Y tienen su portal de internet y todo…

Los narraluces de hoy son una asociación sin ánimo de lucro que nace para promover el intercambio, desarrollo y promoción de la literatura en general, con particular atención a las creaciones hechas en Andalucía, tal y como se anuncia en su portal http://narraluces.org

Si os acercáis hoy mismo por su página, comprobaréis que todavía tiene varios apartados en los que están trabajando, y es normal, porque su puesta de largo, su presentación como asociación literaria, se llevará a cabo el próximo miércoles día 25 de Febrero a las 20:30 en la sede de Escribes, c/ imagen, 3, en Sevilla.

Ese mismo acto se usará para dar el pistoletazo de salida a la Red Social de Escribes. Sí, esa de la que ya os hablé hace unas semanas y a la que varios de vosotros os unisteis enseguida. Es una red que, como digo, está comenzando a dar sus primeros pasos. Hay mucho trabajo que hacer, pero lo importante es que la hagamos nuestra, que participemos, que la usemos como medio de interrelación entre autores, pues eso nos enriquecerá, sin duda.

Para llevar a cabo los actos de presentación de ambas cosas, la red social y la asociación narraluces, se ha organizado una mesa redonda que tendrá lugar en el mismo lugar. El tema a tratar será el de las nuevas tecnologías en el mundo literario. Se tratarán temas como los foros de literatura, los métodos de investigación, cómo ha afectado internet al autor y a la editorial, etc…

La charla estará a cargo de Javier Márquez, un buen amigo al que todos los asiduos de este blog conocéis de sobra, Andrés Nadal, director de Escribes, y los organizadores han tenido la desastrosa idea de invitarme a ser uno de los que participen en ella.

Así que ya sabéis, si estáis cerca de Sevilla y queréis conocer Escribes, narraluces, cómo se mueve el mundo de la literatura en estos tiempos que vivimos, o ponerle voz a las palabras que estáis leyendo semana tras semana desde este blog nuestro, no tenéis más que acercaros. El buen ambiente está asegurado, la buena compañía también. Igual hasta aprendemos todos un poco. Y para colmo, al final del acto nos invitan a una copa… ¿se puede pedir algo más?

lunes, 16 de febrero de 2009

Los Aspectos Negativos de la Coedición (I)


Hace unas semanas hablábamos de los aspectos positivos de la Coedición. Leí hace un par de días un artículo en el que se explicaba que en E.E.U.U. las editoriales de Coedición están creciendo a una velocidad de vértigo, aumentando sus ingresos de un modo brutal. Hay alguna que ya cuenta en millones de dólares sus beneficios.

Pero, si hay aspectos que pueden llevar a un autor a pensar en la Coedición o Autoedición como una posibilidad seria para ver impreso su trabajo, lo cierto es que estas modalidades dentro del mundo editorial tienen también aspectos negativos, que el autor hará bien en considerar antes de decidirse a utilizarlos definitivamente.

El más evidente es, sin duda, el económico. Para explicarlo con detalle, voy a utilizar una propuesta que le llegó a un conocido para publicar uno de sus libros. Las características del libro son habituales, vamos, nada extraño: novela de unas 350 páginas, encuadernada en rústica y un papel normal de 80 grms.

La propuesta en cuestión incluye varios aspectos importantes: corrección, diseño de portada, maquetación, espacio web, venta en internet y distribución nacional. Además, si la editorial lo ve apropiado, realizaría un “minisite” de la obra que tendría un afijo .es incluido en la página de la editorial (para que lo entendáis, sería, por ejemplo: hijosdeheracles.nombredelaeditorial.es) Se comprometían también a realizar promoción en modo de reseña a bibliotecas, medios de comunicación, foros de internet, páginas web, asociaciones de escritores, etc…

Digo que algunos de esos aspectos son importantes porque no todas las editoriales de Coedición ofrecen servicios como la corrección, o la maquetación. Pero, si os fijáis en esos detalles que os he dado, ya hay algo que llama la atención… luego volvemos sobre ello.

Vamos ahora con el dinero que pedía para coeditar el libro. Hacían dos propuestas, una de ellas para publicar 500 ejemplares, la otra, para publicar 800. ¿Cuánto dinero tenía que poner el autor? (redoble de tambores) Nada…, minucias…, calderilla…

La edición de 500 ejemplares tenía un coste para el autor de 3920€ + 4% IVA = 4077€
La edición de 800 ejemplares tenía un coste para el autor de 5850€ + 4% IVA = 6084€

No sé qué tal andaréis vosotros en la cuenta corriente, pero no todo el mundo tiene 800 000 de las antiguas pesetas, o un millón de ellas (que aunque no lo parezca eso es lo que suponen 6000€) para gastarse en una coedición.

Pero bueno, vamos a ver si salen los números.

El autor, en esta propuesta, recibía el 45% de cada venta, mientras que el 50% quedaba para la distribución (distribuidora y librería). ¿Y el 5% restante? Pues al parecer se desvanece en el aire, porque no se comenta nada en absoluto sobre ello… Aunque, espera, pensando un poco, igual se lo queda la editorial, ¿no? Pero, no… no puede ser… si el autor ya ha pagado por la edición del libro, ¿cómo es que la editorial se queda con una parte del porcentaje? Bueno, a no ser que cobre dos veces por el mismo trabajo, claro… Sí, creo que va a ser eso. Aunque, si pienso un poco más, igual resulta que no cobra dos veces, si no tres. ¿Qué por qué? Hoy hay subvenciones especiales para las editoriales. Ya sea por línea editorial, o por nº de ejemplares, o por… ¿no lo sabíais?

Claro, que habrá quien diga: “es que tienes que tener en cuenta que lo que proponen es una Coedición, es decir, que parte de los gastos los asume la editorial”. Ya, ya… la cuestión es que un cálculo básico como es el de la división, nos muestra que los 800 ejemplares le salen al autor por 7,605€ cada uno. O sea, que el autor paga el 40% del precio total de venta, IVA incluido, de la novela. Y ahora es cuando uno piensa: “¿de verdad a la editorial en cuestión le sale por MÁS de 7,605 la edición de un libro?” Pero… ¡¡¿¿de verdad??!! Vamos, ¿alguien piensa que el costo de edición de un libro (sólo de edición, sin contar distribución ni porcentajes ni nada de eso… es decir, el trabajo de imprenta: tinta, papel, etc…) supone más del 40% del precio de venta del libro? Sé que por aquí se dejan caer editores de vez en cuando, así que, por favor, si lee esto algún editor, que me de datos sobre el tema. Mientras tanto, yo no me lo creo. Tú puedes pensar lo que quieras, evidentemente.

Pero bueno, si la editorial cobra 3 veces, pues muy bien, oye. Aquí la cuestión es si el autor saca algo de movimiento… Pues venga, sacad calculadora, que vamos a hacer números.

Cojamos la de los 800 ejemplares (aunque podéis hacerlo con la otra también, claro). Hemos dicho que tenemos que pagar 6000€ mal contados. La editorial propone un precio aproximado de venta de 19€ (la misma cantidad que hemos usado para el cálculo anterior), con lo que la venta de los 800 ejemplares reporta un total de 15200€. De ellos, el autor cobraría el 45%, esto es, 6840€. Si restamos a esta cantidad el importe que hemos abonado para la coedición, los 6084€, nos resulta que el autor gana una cantidad de 756€. Por supuesto, el autor tiene que presentar su declaración de la renta, en el que también debe incluir este concepto, con lo cual, esta cantidad no será real.

756€

Eso es lo que le queda al autor. El fruto de su sueño.

Bueno, miento. Eso es lo que le queda al autor… si consigue vender los 800 ejemplares. ¿Recordáis lo que decía el responsable de una editorial argentina de autoedición? Decía que la mayoría de los libros que editan no superan los 250 ejemplares vendidos. Bien, pues vamos a hacer entonces la cuenta con eso. Imaginemos que hemos vendido 300 ejemplares, por 19€ de venta, suman un total de 5700 €. De esa cantidad, el autor recibe el 45%, es decir, 2565 (de los que también tendrá que presentar la declaración de renta), que si se le restan los 6084 que aportó para la publicación de su libro, supone un total de -3519€.

Con esos números, que son los normales, no lo olvidemos, el autor habría perdido 600 000 de las antiguas pesetas.

Y este es el más evidente de los aspectos negativos de la coedición. Pero, como decía un famoso ratón: No se vayan todavía, aún hay más.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Estudios de marketing VII: El momento de la verdad (I)


El proceso para que se publique un libro es enormemente largo. Pasan, en el mejor de los casos, cerca de dos años desde el momento en que el autor concluye su obra hasta que se puede encontrar en las librerías. Y eso contando con la gran suerte de que el libro interese a la primera editorial a la que se envíe, la lean en un plazo realmente corto y la editorial se ponga las pilas para sacarla al mercado cuanto antes.

Pero seamos optimistas; Pensemos que lo hemos logrado, con independencia del tiempo transcurrido: ya está el libro listo para salir a la calle, las cajas llenas de ejemplares, los camiones cargándolas para su reparto, en los almacenes de la distribuidora el frenesí de los pedidos… Y creedme, con independencia de si ha sido gracias a seguir los pasos de los anteriores estudios de marketing que hemos ido comentando o no, yo me alegraré por vosotros.

Pero si pensábamos que nuestro trabajo con ese libro ya estaba acabado… estamos de lo más equivocados.

Se suele pensar que la promoción del libro corre a cargo de la editorial. Que es ella la que tiene los medios, materiales y económicos, para hacer publicidad y que el autor lo único que tiene que hacer es estar disponible por si le preparan una firma de libros, una entrevista, conferencia o presentación de la obra.

Y ese es uno de los peores errores que puede cometer el autor que empieza.

Porque, claro, los que ya llevan 20 ejemplares a sus espaldas, venderán más o menos, pero tienen su público. Si hablamos de mega-ventas más aún, claro. Pero nosotros… lo nuestro es bien diferente. A nosotros no nos conoce nadie, ni nadie (o casi) ha leído nuestras novelas.

Y además, nos encontramos con que hay una tendencia por parte de las editoriales a menguar el número de presentaciones de sus nuevas obras, a menos que se trate del gran lanzamiento de la temporada, que ahí no duelen prendas en dejarse los euros a base de promoción, como es lógico. Por supuesto, nuestra novela, como noveles (esto último se llama aliteración, para quién no lo sepa, que siempre se puede ofrecer calidad literaria, aunque sea en una entrada “bloguera” :p), no será el gran lanzamiento de la temporada, así que, de promoción, seguramente iremos cortitos.

Y ahora es cuando viene el conflicto. Porque nuestro futuro como escritores dependerá en buena parte de cómo funcione este primer libro. Si funciona bien, nos abrirá puertas en el futuro. Si no funciona bien… en el mejor de los casos nos tocará volver a pelear por publicar nuestra siguiente obra como si no hubiéramos publicado ninguna otra. En el peor, podemos ir pensando en la coedición…

De modo que, si queremos que la cosa funcione, toca volver a ponernos el mono de trabajo. Porque hay muchas cosas que a nivel personal podemos hacer para promover nuestro trabajo.

Podemos empezar solicitando entrevistas. Sí, sí, solicitándolas, que no nos van a llamar para entrevistarnos por las buenas. Como es natural, no vamos a llamar a A3, T5, TVE, El País, El Mundo, ABC, La Vanguardia, El Correo, etc… Vamos, si quieres, puedes intentarlo, pero has de saber que seguramente sea tiempo perdido. Toca empezar desde abajo.

¿A quién podemos solicitar esas entrevistas? Pues a radios y televisiones locales, revistas gratuitas del entorno en el que vivimos, periódicos locales. Con “locales” no me refiero en exclusiva a las de nuestra ciudad. Quiero decir que nos dirijamos a medios que se distribuyen en una franja territorial concreta. Seguramente tu ciudad, o tu pueblo, tiene una radio propia. Pero es que el pueblo de al lado tiene otra, y el de al lado de éste otra más… Explota tantos medios de este tipo como puedas. Verás que la lista de aquellos a los que puedes solicitar una entrevista es realmente inmensa. Y seguramente te sorprenderá también que deseen realizarla, pues, ¿qué pueblo no está orgulloso de que sus ciudadanos logren metas?

Otro tema que podemos explotar es el de las bibliotecas.

Las bibliotecas existen para promover la lectura, ese es su fin principal. Suelen realizar actos como talleres de lectura, o de escritura, cuentacuentos y demás. Así que… ¿por qué te iba a sorprender que acogieran con los brazos abiertos un encuentro con un autor?

Desde luego, no podemos olvidarnos de entregar tarjetas, tantas como sea posible, a todo el mundo que se nos acerque en alguno de estos actos. No tener tarjetas no es una excusa, porque hoy se hace uno 500 tarjetas incluso en máquinas en las estaciones de RENFE, así que…

Se trata de promover que se hable de nuestra obra. O incluso de nosotros, que para el caso es lo mismo. Cierto es que no podemos poner carteles en la Fnac, ni en el Corte Inglés. Que no depende de nosotros aparecer en la lista de los 10 más vendidos en el Carrefour…

Pero quien piense que no puede hacer nada por promover su trabajo, que vaya cambiando el chip.

Y no he entrado en lo que se puede conseguir con internet… Eso lo dejo para otro día.

sábado, 7 de febrero de 2009

Conocer para Crear

No me importa leer una historia de fantasía o una novela histórica. Ambos géneros me gustan por igual, siempre y cuando la historia sea buena, claro…

Ahora bien, sí hay una cosa que para mí es primordial a la hora de iniciar un proyecto: que el lector se crea lo que lee. Una novela tiene que entretener, enseñar, hacer reflexionar, sacudir nuestras emociones… todo eso está muy bien. Pero si uno no se cree lo que está leyendo, nada de eso será posible, sencillamente porque no podrá sumergirse en la historia. Estará continuamente pensando: “esto no hay quien se lo trague”, en lugar de dejarse llevar por los acontecimientos narrados.

Así que una de las primeras cosas que hago cuando empiezo un nuevo proyecto es pensar qué puedo hacer para que la historia que voy a contar se la crea aquel que va a leerla. Y claro, eso pasa, inevitablemente, por documentarse tanto como sea posible.

¿Qué cómo se documenta uno para una novela de fantasía? Pfff, pues de mil formas distintas. ¿Acaso no hay en esa novela fantástica descripciones sobre determinados paisajes? Seguro que sí… Pues vamos a poner un ejemplo práctico: alguno de los personajes tiene que pasar por una montaña, por poner un caso típico.

¿Qué hacemos, poner en la cumbre de la montaña un olivo? ¿O sembrar de césped la ladera de una montaña dominada por un glaciar? No, somos un poco más inteligentes y colocamos, por ejemplo, un pino. Pero es que, ¡resulta que hay decenas de variedades de pinos! ¡¡Y cada uno de ellos preparado para una altura concreta, con situaciones concretas de temperatura, humedad o suelo!! ¿Y qué puede suceder si describimos un pino equivocado en un clima concreto? Pues que haya un lector que entienda de esas cuestiones y se vea, de repente, fuera de la novela por un detalle como ese. Luego la novela le gustará más o menos, pero siempre, pero siempre, adjuntará a su comentario sobre la novela una coletilla: “Sí, no está mal. Pero la verdad es que no sabe muy bien de qué habla en tal o cual asunto”. O, “Si sólo se hubiera documentado mejor…”.

¿Que es algo muy rebuscado? ¿Y cómo lo sabes? ¿Acaso puedes adivinar quién va a leer tu obra? Y, siendo sinceros, ¿no es tu objetivo que se critique tu trabajo lo menos posible? (Si la respuesta a esta pregunta es que no, está claro que tu objetivo no es escribir para que se publique tu obra… pero igualmente puedes seguir leyendo esta entrada ;) )

Otro aspecto en el que se puede uno documentar en una obra de fantasía es CREANDO su propia documentación. Otro ejemplo: Tolkien, del que no me canso de hablar, creó historias que nunca publicó, pero a las que continuamente citaba en sus obras. En El Señor de los Anillos habla, por ejemplo de “los gatos de la Reina Beruthiel”. Luego no contaba la historia, pero saber que existía, creaba un fondo de realismo, de que el universo narrado era más profundo, más detallado… y cuanto más alto es el nivel de detalle, más creíble es algo.

Así que yo procuro dar tantos detalles como me resulta posible para ganarme al lector, situarlo en escena y que se haga una composición fidedigna del asunto que se está tratando.

Claro, que a veces, la cosa se complica…

Ya he hablado en ocasiones de Hijos de Heracles (no, todavía no tengo novedades, tranquilos que ya avisaré). Cuando decidí que finalmente sería una novela histórica, me encontré con un problema: iba a tratar un periodo histórico del que apenas hay documentación. Compré varios libros, leí a Jenofonte, a Plutarco, a Herodoto, busqué información en internet, encontré artículos en revistas… Pero seguía teniendo lagunas. Así que di un paso nuevo: consulté con un especialista.

El libro en el que baso casi toda la novela dio la casualidad que estaba escrito por un profesor de la Universidad de Sevilla. Busqué sus datos en la página web de la universidad y localicé una dirección de correo electrónico. Y allí que me lancé… Le escribí un mensaje en el que me presentaba y le explicaba en qué consistía la obra. Le conté los impedimentos que me estaba encontrando y solicitaba su ayuda para solucionar determinados asuntos, como la cronología, por ejemplo, y otros muchos, muchísimos detalles.

Para mi sorpresa, el profesor me contestaba al día siguiente, se hacía disponible para comentar todo aquello que pudiera resolverme y me dijo una frase que no se me olvidará: “me alegro de que alguien se anime al fin a escribir algo sobre la Esparta arcaica, aunque sea una temeridad”. Y claro, era una temeridad porque apenas hay documentación al respecto, eso lo aprendí muy bien a lo largo de los meses que seguirían, jejeje.

Lo importante es que encontré ayuda especializada que me aclaró ideas y me guió en determinados aspectos de la obra. Más tarde solicité la ayuda de otro profesor universitario, en este caso de Alcalá de Henares, y nuevamente obtuve una respuesta sencilla y sincera que me ayudaba a seguir el desarrollo de la obra.

Como sabéis, estoy empezando a trabajar en una nueva novela. No es una novela histórica, aunque como ya he comentado sí tiene algunas connotaciones históricas. La cuestión es que en esta historia, la protagonista trabaja en una especialidad que desconozco profundamente: la restauración de documentos gráficos.

Y no me vale que me digáis que le cambie la profesión, porque esa profesión es absolutamente indispensable para el desarrollo de la historia. Tiene que ser restauradora de documentos. No puede ser otra cosa si quiero contar ESTA historia. Y esta historia es la que QUIERO contar. Aunque tal vez debería decir que esta historia ha decidido que sea yo quien la cuente…

En fin, que volvía a estar en un atolladero. Porque sí, en internet se encuentran algunos datos. Puedes leer sobre cómo se hacía el papel en el S. XV, o sobre qué problemas puede presentar un documento. Puedes encontrar alguna referencia al encapsulado de un documento, o a otros aspectos relativos a la restauración de documentos. Pero la respuesta a ¿cómo se restaura un documento?… Eso no se encuentra en internet. No se encuentra, porque cada documento presenta una problemática diferente y por tanto hay que tratarlo de forma diferente.

Así que yo necesitaba saber qué problemas presentaba un documento en concreto y cómo se solucionaban dichos problemas. Y evidentemente no tenía ni idea…

Hasta esta semana. Hace unos 10 o 15 días me puse en contacto con un par de empresas que se dedican a la restauración, y esta semana me contestó una de ellas. La respuesta era de lo más amable. Se hacían disponibles para ayudarme en todo lo necesario y me invitaban a visitarlos y conocer su laboratorio. ¡Iba a poder ver un laboratorio de restauración de documentos! ¿Cuánta gente ha visto uno? ¿Conocéis a alguien? Yo no. Es más, a todo el que le comentaba que este fin de semana iba a hacer 800 Kms para visitar uno se quedaban alucinados y comentaban que tenía que ser de lo más interesante. Estoy seguro que más de uno me hubiera acompañado con los ojos cerrados.

Acabo de llegar a casa hace escasamente 4 horas, y quería compartirlo con vosotros. La visita ha resultado tremendamente interesante. No sólo por la amabilidad con la que me han atendido, sino también por lo que he aprendido en las casi 3 horas que hemos estado reunidos. Me han hecho incluso una demostración de cómo funcionan máquinas como la disgregadora automática y la reintegradora automática.

Juntos hemos establecido los problemas que podría presentar el documento que aparecerá en la novela, y luego me han explicado, paso a paso y con muuuuuuuuucha calma, porque he realizado doscientas mil preguntas, cómo solucionar esos problemas. Y he aprendido, aprendido y aprendido.

Mi novela podrá ser mejor o peor, podrá enganchar más o menos, podrá entretener o no, y podrá o no hacer pensar.

Pero podéis estar seguros de una cosa: si alguna vez la tenéis entre las manos, aquello que se relate sobre la restauración de documentos será completamente real. No podréis decir que eso os ha sacado de la historia.

lunes, 2 de febrero de 2009

Eso que llaman Talento


Hace unos días mantenía una interesante conversación. El tema era uno muy manido, pero ya sabéis que yo soy poco original en mis planteamientos. La cuestión que surgió mientras comíamos era si el escritor nace o se hace a lo largo del tiempo. Surgió, supongo, porque mientras esperaba a mi acompañante en la comida aproveché para comenzar a escribir ya en firme la que será mi cuarta novela. Si os interesa, que sé que sí, os diré que va a ir (creo) muy rápida en su escritura, que tendrá algunos tintes históricos, pero que no es, para nada, una novela histórica. Y hasta aquí puedo leer, que diría la gran Mayra.

Total, que cuando llegó al restaurante me encontró tecleando como un poseso. Yo es que escribo prácticamente en cualquier circunstancia y situación. Me da igual estar rodeado de gente bulliciosa, en un parque, en el silencio de casa o con buena música de fondo. Me da igual si un niño llora cerca o si la tele está a todo volumen. Yo escribo igual. Y cuando me vio en faena, quiso ver cómo avanzaba la cosa. De modo que leyó las primeras páginas, le gustaron y ya estuvimos prácticamente toda la comida hablando sobre el tema de escribir.

Y fue entonces cuando surgió una de las grandes preguntas del universo literario.

Quien me acompañaba no escribe. De hecho, considera que le resultaría imposible contar una historia, no porque le falten ideas, sino porque no se ve capaz de plasmarlas en una hoja en blanco. Le parece demasiado trabajo, cree que no sería capaz de expresar la historia que bulle en su mente. Ponía el ejemplo de un profesor, que puede ser el más sabio en su materia, pero no necesariamente saber transmitir esos conocimientos. Decía que supondría un enorme esfuerzo que no le merecería la pena.

Por tanto, opina que el oficio de escritor es algo innato, tiene que nacer con un “don” especial: la capacidad de transmitir una historia, igual que el profesor debe nacer con la capacidad de transmitir conocimientos.

Bien, pues yo sí soy escritor. Ojo, que ser escritor no es nada del otro mundo… prácticamente todos los que pasan por aquí también son escritores, pues escritor es el que se dedica a escribir. Pues eso, que soy escritor y defiendo una postura un tanto distinta.

Sí opino que el escritor tiene que tener una capacidad singular: la de saber contar historias. No es lo mismo que inventar historias… Uno puede inventar historias y luego ser incapaz de contarlas. No, lo del escritor es otra cosa… es la capacidad de imaginar primero, y expresar después, o si queréis al mismo tiempo, es igual, algo que no existe. Y eso no es nada fácil. Es más, o se tiene o no se tiene.

Pero eso no significa que uno no pueda llegar a tenerlo. De hecho, si no fuera así, no existirían la enorme cantidad de cursillos literarios, escuelas de literatura creativa, y demás.

Contar, lo que es contar una historia, se hace a base de una serie de recursos: giros argumentales, historias secundarias, tramas paralelas, hilos conductores, saltos temporales, historias no lineales y un largo etcétera.

Hay quien todas esas cosas las tiene dentro de sí mismo. No es nada mágico, desde luego. Las ha aprendido por observación, por leer y leer, o por ser capaz de imaginar una historia de atrás adelante (como la genial película Memento) y explicarla de manera que al final cada cosa vaya a su lugar.

Pero hay también quien lo aprende de modos más estructurados, en academias y cursillos, hablando con escritores que ya disponen de esos recursos, que para todo existen esos profesores estupendos y capaces de explicar sus conocimientos para que los alumnos los hagan suyos, o en base al método de ensayo y error, ¿o no?

Es cierto que algunas personas habitualmente no tienen la imaginación necesaria para plantarse ante una hoja en blanco y rellenarla de una serie letras que terminen formando una historia. Ya no digamos una historia interesante.

Pero eso es HABITUALMENTE.

Esa capacidad de imaginar una historia y ponerla por escrito es lo que podríamos llamar talento. Pero… ¿qué es el talento? El diccionario de la RAE define el talento, entre otras acepciones, como la capacidad para ejercer una ocupación. Especifica que tener talento es ser apto para determinada ocupación. Es decir, que la persona con talento es aquella que tiene la habilidad para hacer algo.

Y la habilidad, señores, es algo que no es innato. Es algo que se adquiere con la práctica. Es decir, que para ser escritor sólo hace falta una cosa: escribir. Escribir tanto mejor cuanto más se haga.

¿Qué algunos lo tendrán más fácil por ciertas capacidades, digamos, genéticas? Sin duda, pero no significa que para quien no las tenga escribir sea un imposible.

Porque, no lo olvidéis, en el interior de cada persona hay algo que nadie puede negar: la capacidad de llegar a ser lo que quiera ser.

Y si no os lo creéis, ahí está Barack Obama para demostrarlo.