martes, 27 de octubre de 2009

El Triángulo Mágico

La Fiesta de Orfeo.

Ese es el título que Javier Márquez eligió para su primera novela. No sé muy bien cómo catalogarla: terror, detectivesca, aventuras… lo que sí sé es que cuando me dejó el original para que le pegara un vistazo, hace justo un año, leí el texto con voracidad.

La Fiesta de Orfeo tiene la capacidad, desgraciadamente no tan común en muchas de las novelas de hoy en día, aunque ese es uno de los aspectos que más se deberían cuidar por parte de los autores, de transportar al lector de inmediato al lugar en el que suceden los hechos, la Inglaterra de mediados del siglo XX. Es muy curioso, pero la cuidada ambientación no se logra a base de descripciones del Londres de la época, ni del vestuario de los personajes… De todo eso, en el texto no se van dejando caer más que alguna que otra pincelada: el nombre de la pipa que fuma un personaje, el modo de tomar un sombrero o atusarse un bigote “perfectamente situado a media distancia entre la nariz y los labios”. Cosas así. El autor consigue ese clima de autenticidad, de ubicación geográfica y temporal, gracias a las actitudes de los protagonistas, gracias a su forma de hablar. Y no me refiero a que utilice un lenguaje en cierto modo anticuado, sino a una ingenuidad, una candidez, que nos hace recordar con una sonrisa tiempos pasados.

La trama absorbe tanto o más que la propia ambientación. Cuando la novela comienza con un simple cartero recordando en su furgoneta los anodinos acontecimientos de la noche anterior, que llega a un pueblo del norte de Inglaterra, uno puede pensar: “uy… esto no funciona…” Nada más lejos de la realidad, porque el descubrimiento que está a punto de hacer ese buen hombre, el terrible crimen que va a descubrir, sacudirá al lector con una fuerza tremenda. A partir de ese momento, quien tenga entre las manos la novela va a ser incapaz de dejarla hasta que concluya su lectura.

Y ese momento sucede, exactamente, en la página 5 del libro. Nada de esperas infructuosas. Nada de largas presentaciones de uno u otro personaje. Nada de divagaciones… La Fiesta de Orfeo va directamente a clavar una estaca en el corazón del lector desde el principio: la de la curiosidad, la del querer saber, la de acompañar en su búsqueda a los personajes para comprender qué ha podido pasar en ese pueblo del norte de Inglaterra.

Porque los personajes son la tercera y última arista del triángulo mágico sobre el que se alza esta magnífica novela. Un inspector, irónico, irrespetuoso, tan sagaz en ocasiones como el propio Sherlock, y su compañero, que le sirve de apoyo constante. Un actor, el famoso Peter Cushing, al inicio de su carrera cinematográfica, intentando preparar el papel que le abriría las puertas del éxito. Y la búsqueda de estos dos protagonistas, inspector y actor, de un objeto maldito del Hollywood de los años 20. En torno a ese dúo gira toda la trama.

En La Fiesta de Orfeo asistiremos a los inicios de la productora Hammer, que reinventaría el cine de terror, atisbaremos el modo de vida de lugares y épocas pasadas. Pero también encontraremos alocadas persecuciones en coche, o a través de un cementerio, ritos ancestrales, asesinatos rituales y en masa, locura generalizada y dosis de amor y ternura.

Todo, con una sencillez extrema, una calidez y una infinidad de guiños a películas como Indiana Jones o El Exorcista, por ejemplo. Todo, con un sentido del terror acusado, y una ironía y un sentido del humor más acusado todavía.

Porque, lo que ha conseguido Javier Márquez con esta novela, es utilizar a la perfección el triángulo mágico de la literatura: ambientación, personajes y trama.

Si queréis saber más, mañana, 28 de octubre, a las 20.00 el autor presenta su novela en Fnac Sevilla.

Un acontecimiento que no deberías perderte.

Una lectura, que no puedes perderte.

martes, 20 de octubre de 2009

Una entrevista con sabor a clásico

Hoy traigo una extensa entrevista, la más extensa que he realizado hasta la fecha. Es una entrevista en cierto modo especial, porque, si bien todas las que he llevado a cabo han sido a amigos, éstos se encontraban todos en la lejanía de internet. No es el caso de la que os presento hoy. Entrevisto a un buen amigo, una persona a la que tengo un gran cariño y afecto.


Además, esta entrevista abre la puerta para un nuevo paso en mi camino desde que empecé a escribir, y es que con ella comienzo a colaborar con algunas revistas de tirada nacional. Espero que disfrutéis ella. Veréis que no tiene desperdicio.





Javier Márquez Sánchez nació en Sevilla, en 1978. Es periodista y escritor, y ha trabajado en Madrid, San Sebastián y Sevilla para diversos medios de comunicación de prensa y radio. Actualmente es subdirector de la revista Cambio16, además de colaborar habitualmente con otras publicaciones como Cuadernos para el Diálogo, Interfilms o Efe Eme.


Ha participado en la elaboración de la enciclopedia musical Canciones de Oro (Planeta, 2004), y es autor de una veintena de relatos. Su primer libro, en el año 2004, llegó de la mano de la editorial Milenio y de su dúo musical favorito: Paul Simon & Art Garfunkel. Negociaciones y canciones de amor, al que siguieron unas guías biográficas para la revista Efe Eme: Bruce Springsteen. El espíritu del rock (2005) Neil Young. El rockero indómito (2005) y Paul Simon. El maestro artesano (2006). En el año 2006, un peculiar combinado de música, historia, política y crónica social dio como resultado Rat Pack. Viviendo a su manera, publicado con notable éxito de público y crítica por la editorial Almuzara, y traducido a varios idiomas. Al año siguiente se publicó Elvis. Corazón solitario (2007, Almuzara). La misma editorial ha apostado ahora por publicar su primera novela, La fiesta de Orfeo (2009).


P: Es usted periodista, biógrafo, y ahora, además, se atreve con la narrativa. ¿Qué tiene el mundo de las letras para que lo haya subyugado de ese modo?

R: No creo que sea tanto el mundo de las letras lo que me fascina como el deseo de contar historias. El cine y la literatura me han apasionado desde niño, y siendo algo mayor descubrí también la capacidad narrativa de una canción. Pero hacer una película o grabar un disco, además del talento evidente, exige mucho más elementos, al contrario que la literatura, donde solo necesitas papel, lápiz y una buena idea. En ese sentido, no aspiro a ser un gran literato, pero sí desearía que mis historias hiciesen pasar a los lectores tan buenos ratos como suelo experimentar yo con muchos libros o películas. Prefiero que me digan que se han divertido con mi libro a que alaben las posibles cualidades técnicas de éste. Sólo aspiro a contar historias que emocionen y entretengan.


P: Sus anteriores trabajos, todos ellos de divulgación, estaban dedicados a grandes personajes del espectáculo: Frank Sinatra, Elvis Presley... En su primera novela también utiliza como personaje principal a un actor de gran fama, Peter Cushing. ¿Es usted tan mitómano como parece, o el hecho de usar a este tipo de personas para sus trabajos se debe a otro tipo de consideraciones?

R: Mitómano cien por cien. De hecho, el germen de la novela reside precisamente en el deseo de reproducir esa agradable sensación de diversión, de misterio e inquietud que desprenden las películas de Cushing y de la factoría Hammer, con ese cierto toque de ingenuidad atribuido por el paso de los años a este cine. Y qué mejor protagonista que el propio Cushing en el marco del rodaje de la película que dio origen a todo este fenómeno. Me parecía una idea fascinante que se me ocurrió, como siempre, por casualidad, mientras buscaba otra manera de dar salida a una trama policiaca con tintes esotéricos de la que poco quedó en la historia definitiva. Hammer films era un estudio británico de medio pelo que acabó marcando la pauta del cine de terror en todo el mundo durante más de una década. ¿Por qué? ¿Qué ocurrió? En los libros de historia del cine está la explicación, claro, pero me resultó excitante ir más allá e inventar toda una trama rocambolesca que explicase qué pudo ocurrir para que un actor afable, y algo apocado, se convirtiera en el rey del terror en la gran pantalla.

P: Tras leer «La Fiesta de Orfeo», puedo decir que podemos catalogar la novela de muchas cosas, pero en absoluto de ser ingenua. Es más, me pareció una trama muy trabajada, con un ritmo trepidante y un desarrollo que atrapa al lector desde el comienzo. ¿Le resultó muy difícil darle forma a una historia que conjuga el misterio, la novela de detectives y ese aire del Londres de los años 50?

R: Cuando hablaba de ingenuidad me refería a ese encanto que tiene el cine de hace varias décadas, cuando el mundo era muy diferente y, en cierto sentido, menos hipócrita. Los buenos eran buenos y los malos, malos. Los personajes soltaban frases lapidarias y nadie decía que no fuera realista. Pensemos en frases famosas de la historia del cine. Cojamos veinte o treinta. ¿Cuántas son de películas rodadas después de 1980? Muy pocas. Ése es el toque que buscaba, con el inspector que hace rabiar a su superior, el profesor universitario con la botella de coñac oculta tras un libro o el malvado que suelta un discurso antes de ejecutar a alguien.

Crear una trama de misterio con este tono y en aquella época... fue algo laborioso, pero no difícil. El momento de la documentación es uno de mis preferidos. Soy muy detallista. No dedico varias páginas a describir un paisaje o un personaje, pero sí me gusta dar datos de marcas, direcciones o cuestiones similares, porque, como lector, me ayudan a creerme más la historia. Un personaje puede beberse un trago de whisky o servirse un Johnny Walker etiqueta negra. Eso se visualiza rápidamente, es un lastre positivo; la imagen de lo que conocemos arrastra a lo que no conocemos para que nos resulte más "real".

He jugado con esas tres bazas tan bien como pude: revisé a fondo la filmografía de Hammer films para captar las claves del estilo, desarrollé con detalle la trama detectivesca y me documenté a conciencia sobre la época. Y cuando ya lo tenía todo... ¡Yo mismo me encargué de dinamitarlo! Me puse a escribir y las cosas empezaron a tomar otro rumbo, y ese estilo Hammer que quería reproducir fue evolucionando, deformándose y adaptándose a otras influencias. Si algún purista del cine de la Hammer lee la novela pensando en algo fiel, se horrorizará con el final, porque ahí di rienda suelta a mi devoción por las películas de John Carpenter. En cualquier caso, podemos decir que sí es un fiel tributo —o lo pretende— al cine de serie B, donde todo es disparatado, exagerado y entrañable.

P: Hablando sobre los personajes, el peso de la trama podría parecer que recae sobre Peter Cushing. Sin embargo, poco a poco se convierte casi en una novela bicéfala, en la que el personaje de Andrew Carmichael adquiere una importancia vital. ¿Lo tenía previsto de ese modo, o fue uno de esos casos en los que los escritores dicen que el personaje se le fue de las manos?

R: Fue así, efectivamente. Los protagonistas de la historia iban a ser los actores Peter Cushing y Christopher Lee, y contemplaba a una pareja de agentes de Scotland Yard, aunque con un peso claramente secundario. Pero la trama inicial dio un giro cuando, tras contactar con Lee, me pidió muy amablemente que no introdujera en la novela. No fue una prohibición, pero me explicó muy cordialmente que no le gusta que se aireen su nombre y su figura más de lo necesario, algo completamente lógico por otra parte.

Me permito hacer un inciso para explicar que, en el caso de Cushing, no he logrado dar con ningún pariente cercano o lejano con el que poder tratar estos temas, y dado que su uso en la historia no tiene por objeto más que rendirle tributo a él y a su trabajo, me he tomado la libertad de seguir adelante en su empleo en la novela…

Como decía, la historia dio un giro y, en ese cambio, la pareja que conforman el inspector Andrew Carmichael y el detective Harry Logan fue ganando cada vez más peso. No estaba previsto sobre el papel. Hay pasajes en mis esquemas iniciales en los que su aparición es puntual, casi anecdótica. Pero ésa es la magia de la creación literaria. Cuando se dice que los personajes cobran vida suena a tópico, pero es verdad. Evidentemente es el autor quien escribe, pero la lógica de sus creaciones va marcando la actuación de cada personaje. Y en el caso de Carmichael y Logan, si yo pensaba en dos frases, tras escribirlas me resultaba imposible no proseguir con otras dos, o con un gesto o un guiño. Al final, di mi brazo a torcer y les concedí el protagonismo que demandaban. Y ni que decir tiene que se convirtió en uno de los grandes alicientes del proceso el concederles unas biografías y unas personalidades a la altura de sus caracteres. Ahora, qué ironía, ya son varios los lectores que me han animado a escribir un nuevo caso del inspector Andrew Carmichael.

P: Vaya... contacta con Christopher Lee, busca a los herederos de Peter Cushing... ¿Para todo es usted tan sistemático y minucioso?

R: Al tratarse de dos personajes reales —hay alguno más en el libro, pero de aparición más anecdótica—, me parecía fundamental contactar con ellos o sus familiares para pedir permiso. En el caso de Cushing, como decía, ha sido del todo imposible. En el caso de Lee logré comunicarme a través un familiar que reside en la Costa del Sol, si no recuerdo mal. El veterano actor fue muy amable y en ese tono me rogó que lo dejase fuera del proyecto.

Es curioso, creo que soy puntilloso para todo excepto a la hora de escribir. Tengo algunos buenos amigos, escritores o profesores de escritura creativa, con los que suelo mantener encendidos debates sobre técnicas, estilos, recursos... Reconozco que, en ese sentido, soy muy intuitivo, nada académico. A la hora de preparar el libro soy muy minucioso, me gusta cuidar todos los detalles. Si escribo sobre un recorrido en coche por Londres me gusta saber qué calles o avenidas va a tomar el personaje, si éstas son transitables o peatonales, de dos direcciones, de una o es dirección prohibida... Si hay un tiroteo quiero saber qué arma se usa, detalles de la distancia, potencia y cargador... Después no describo ni la mitad de esos detalles, pero a mí me sirven para dar más vida a la narración. Sin embargo, a la hora de ponerme a escribir, me impongo pocas cosas más allá de los puntos básicos (narrador, tiempos, etc.). Ya tengo la historia en la cabeza desde el principio, así que, para no aburrirme, me gusta reservarme el... llamémoslo "montaje final" para el momento de la escritura. Así es más fácil que, sin salirse de los márgenes acotados, la novela tenga vida y vaya evolucionando a medida que la historia y los personajes crecen con la escritura. Supongo que será herencia de mi formación periodística, de la necesidad de escribir con agilidad y precisión en poco tiempo y con unos pocos mimbres.

P: Anteriormente nos comentaba que la idea original sufrió algunos cambios. Acaba de decir que se deja margen de maniobra a la hora de desarrollar la historia, aunque tenga las líneas generales. ¿Podría hablarnos sobre cuál ha sido el desarrollo de la historia narrada en La Fiesta de Orfeo, desde la idea original hasta la versión final?

R:
Sí, me dejo completa libertad. Hasta ahora me ha ocurrido igual con todos los libros que he escrito. Planteo un esquema de trabajo y a medida que voy escribiendo voy adaptándolo. Normalmente no suele haber giros narrativos de importancia, cambios radicales que den la vuelta a la obra, pero sí que la alteran o pueden afectar al tono.

En el caso de La fiesta de Orfeo, la historia no cambió demasiado desde el momento en que me puse a escribirla, no así los personajes. Tanto la pareja de detectives como uno de los villanos y un clérigo fueron evolucionando conforme los escribía. De hecho, con el libro terminado y corregido, uno de esos personajes exigía más vida, y acabé añadiendo un capítulo completo que, por suerte, pude encajar sin demasiado problema; era evidente que la historia lo requería.

Ahora bien, hasta el momento de ponerme a escribir, la historia sí que evolucionó. Hacía tiempo que venía dándole vueltas a una idea que, me temo, no puedo comentar, pues daría pistas evidentes de la clave del misterio. Esa idea, que iba encaminada a una novela de terror puro, se me presentó como el trasfondo perfecto para una historia de misterio con la que rendir tributo al cine británico de serie B.

Una vez ajustado eso, todo fluyó con normalidad. Aunque sí que hubo un giro importante hacia el final. Creo que ya comenté algo al respecto. La euforia me pudo y, sin descuidar la ambientación de la época, aposté por un cierre por todo lo alto, poco habitual en ese tipo de historias que a priori intentaba emular. Así que al final me alegro, pues para bien o para mal, acabé creando mi propio mundo, más allá de los homenajes que perseguía.

P: Bueno, pues ya que no puede desvelarnos mucho de cómo evolucionó la idea original, cuéntenos, al menos, qué es lo que les espera a los lectores de La Fiesta de Orfeo, más allá de una historia policiaca de misterio.

R: Ante todo, les espera un gran entretenimiento. Ésa ha sido mi pretensión desde el mismo día en que empecé a trabajar en el proyecto. Quería conseguir esa mezcla de entusiasmo, ilusión y deleite que uno experimenta cuando lee clásicos de Verne, Salgari o Dumas, pero cruzados con el encanto Conan Doyle y el toque macabro de Robert Bloch. Aunque pueda parecer una historia detectivesca, no me interesa que el lector se interese por descubrir al malvado. Eso lo intuirá casi desde el principio. La tensión en este caso estará en cómo plantarle cara y evitar que lleve a cabo sus planes.

Misterio y aventura con dosis de terror. Ése era un aspecto que me preocupaba. No sabía si iba a ser capaz de conseguir algo tan difícil como inquietar al lector, pero a tenor de las primeras opiniones, parece que en determinados pasajes sí que lo he logrado. Así que hay misterio, hay terror, hay acción, hay humor, amor... ¡hasta un duelo de espadas y una explosión por todo lo alto!

P: Y una vez escrita su novela, llega el momento de intentar publicarla. Vivimos un momento de gran incertidumbre en el mundo editorial. Por un lado, se encuentra la consabida crisis económica, por otro, aspectos propios como la aparición del libro electrónico, y la manida crisis del sector editorial. ¿Qué opina, como autor, sobre todos estos asuntos? Con todo ese convulso clima, ¿resultó muy difícil encontrar una editorial que se interesara por una novela tan particular como la suya?

R: Con respecto a esos aspectos que apuntas, creo que son demasiado amplios y complejos como para responder de manera tajante, y sobre todo, en el ámbito del mundo editorial y el libro electrónico, se trata de un asunto que está por eclosionar y, cuyas consecuencias aún no somos capaces de imaginar. No obstante, sí creo que el mercado editorial está siguiendo peligrosamente los pasos del musical y el cinematográfico. La revolución tecnológica le ha alcanzado y se empeña en mantener las estructuras y sistemas de trabajo tradicionales, que se demostrarán inútiles por completo en cuestión de unos pocos años. En este sentido soy bastante negativo. El pirateo literario está a la vuelta de la esquina. Yo soy de los que seguirá comprando libros del mismo modo que nunca he dejado de comprar vinilos, pero los coleccionistas, los bibliófilos, son y serán minoría frente al gran mercado. Pero pase lo que pase, el escritor siempre será imprescindible. Pirateados o no, el papel o en digital, el lector seguirá reclamando historias, y alguien tendrá que escribirlas.

Por otro lado, con referencia a encontrar editorial, fue la parte más sencilla del proceso. Una vez terminada la obra se la envié a mi editor en Almuzara, y quedó muy satisfecho. Dado que la colaboración fue bastante satisfactoria por ambas partes con los libros anteriores, ambos estuvimos de acuerdo en prolongarla. Y hasta ahora creo que ninguno nos hemos arrepentido ante los resultados obtenidos.

P: Al hilo de lo que comenta, surge una ida de lo más curiosa y contradictoria. Hoy se publican más libros que nunca antes. Sólo en 2007 fueron más de 87.000. Sin embargo, muchos escritores se quejan de que es más difícil publicar de lo que nunca lo fue. ¿Es usted también de esa opinión? ¿Tan difícil está el mercado para los autores?

R: Es terrible eso que ocurre. Hoy publicar no es nada complicado. De hecho es "demasiado" fácil. Hay infinidad de editoriales cuyo único fin es publicar lo que sea para embolsarse una suculenta ayuda económica por cada título. Por no hablar ya del tema de la co-edición. En mi opinión ahora es más difícil hacerse valer debido a esa marea de publicaciones. Antes, si uno pasaba la criba del agente y del editor, al saltar a la arena literaria tenía más fácil llegar a los lectores. Hoy son tantas las novedades que hay que tener mucha suerte para mantenerse unas pocas semanas en la mesa de las novedades... si se llega. No hay nada más peligroso que la falsa democratización.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Fiestas Literarias (II)


Calentando motores el viernes, durante la cena


Como en toda novela que se precie, el mes de septiembre había ido teniendo momentos de mucha tensión y momentos de relajación en los que no paraba de trabajar. Y, como no podía ser de otra forma, septiembre iba a terminar en un clímax apoteósico, una fiesta de la que ya he disfrutado en 3 ocasiones, y las que me quedan… Os hablo, claro, del IV Encuentro de literatura Fantástica de Dos Hermanas.

La misma semana del Encuentro fue casi de locos, y el día antes, el viernes 25, la locura se desbordó. El Encuentro de este año ha superado todas las expectativas de asistencia. Nunca habíamos tenido tantos participantes. El año anterior, la noche antes de que comenzara el Encuentro, había unas 35 personas inscritas. Este año, diez días antes, el número de inscritos era de más de 80. Desde la organización fue necesario no aceptar más inscripciones, pues la sala del Palacio de Alpériz en la que se celebraría el evento, no admitía a más de 80 personas. Los arquitectos fueron muy claros en ese sentido: más de 80 personas suponía un riesgo para la estructura. Sin embargo, la gente seguía llamando, seguía queriendo venir a las diferentes ponencias. La única posibilidad pasaba por apuntarse a una lista de espera, por si acaso los inscritos iban fallando. Pero esa lista no dejaba de crecer. La gente llamaba desde Galicia, Cataluña, Valencia, Madrid…

De modo que, un día antes de la inauguración, el viernes 25, se tomó la decisión de cambiar la sede del Encuentro y hacerlo en el mismo escenario del año anterior, que, milagrosamente, había terminado unos días antes las obras en las que estaba inmerso. Fue una locura, un día de llamadas interminables de teléfono para avisar a todos los asistentes. Pero se logró.

Al concluir el encuentro, el número de participantes rozaba las 130 personas.





Imagen del auditorio



Desde que empecé a asistir a este encuentro, hace ya 3 años, he podido ver cómo crece. El primer año que asistí hubo unos 60 inscritos, el año pasado algo más de 70. Y este año, ya veis los números. Pero ¿qué tiene éste Encuentro para que crezca de ese modo? ¿No parece irreal, que durante un fin de semana completo, un centenar de personas pase horas sentadas en una sala escuchando lo que otros dicen de ¡literatura!?

Yo creo que el éxito de este evento es, sin duda, el ambiente. Los asistentes tienen la posibilidad de hablar durante horas, con autores reconocidos. Este año nos visitaba, por ejemplo, Care Santos, reciente ganadora del Barco de Vapor, uno de los más prestigiosos de la literatura juvenil en España, o Félix J. Palma, que está arrasando con su novela El Mapa del Tiempo, que será traducido próximamente a una veintena de países.


Comida de convivencia del sábado

Otro de los grandes alicientes de este Encuentro es la posibilidad de encontrarse con decenas de autores que se encuentran en el mismo punto que tú: los primeros pasos de su carrera literaria. ¿Cómo solucionar tal o cuál problema? ¿Cómo creas un personaje? ¿Cómo surge la inspiración? ¿De qué modo hacer interesante tu novela? Todas estas cuestiones, y muchas más: consejos para corregir, métodos de documentación, etc., son ampliamente comentadas y discutidas durante casi 40 horas a lo largo de dos días.

Porque, aunque las jornadas de discursos, mesas y ponencias vienen a realizarse en tres sesiones de unas 3 o 4 horas, en el Encuentro de Dos Hermanas los participantes continúan las actividades por su cuenta: durante la comida, durante la cena, en el desayuno del día siguiente… A veces la cosa se alarga hasta la 1 o las 2 de la mañana, aunque al día siguiente haya que madrugar.



Tapeando el sábado por la noche


¿Cuál es el resultado? Algo de lo que ya he hablado bastante a lo largo de este blog: el autor deja de sentirse solo. Descubre todo un mundo alrededor que tiene el mismo pulso que él, que anda al mismo ritmo, con los mismos intereses e intenciones que él. Y el sentimiento de satisfacción, de valoración personal, de ver que lo que tiene que contar les interesa a otras personas… te hace crecer de un modo increíble. Te otorga una visión de ti mismo que antes no tenías.

Siempre digo que el Encuentro de Literatura Fantástica de Dos Hermanas es diferente a cualquier otro a los que he asistido. Lo que lo hace diferente es la participación del público, la hermandad que reina antes o después de los discursos. Este año, por ejemplo, se presentaba el libro de una autora novel, Bárbara G. Rivero, titulado Laila Winter. Lleva varios meses en el mercado y está funcionando muy bien. Bárbara decidió escribir un libro sobre hadas. Pero había un problema: Bárbara tiene un resentimiento personal tremendo contra las hadas, pues en su niñez, durante una fiesta de reyes, recibió un disfraz de hada y la varita mágica era falsa, no era capaz de hacer ningún truco de magia. Así que decidió abrir el mundo de las hadas y mostrar hadas completamente distintas de las que estamos acostumbrados. El resultado es un libro maravilloso (que estoy a falta de 50 pág. de terminar de leer) que está revolucionando a los jóvenes españoles. Bien, pues cuando Bárbara nos presentaba su libro, hubo un participante que, tal vez espoleado al ver el tremendo nerviosismo de Bárbara al encontrarse por primera vez ante 100 personas hablando de su libro, realizó una intervención de lo más desafortunada, indicando que si la autora quería crear unas hadas diferentes no las llamara hadas, sino de cualquier otro modo, que se documentara mejor sobre todos esos fenómenos antes de escribir y, en un alarde de osadía brutal, pedir a los editores que poblaban la sala que subieran los listones de calidad literaria antes de publicar libros tan absurdos como el de Bárbara G. Rivero. Durante la intervención de este personaje, se podía palpar la tensión en el ambiente: el auditorio estaba en un silencio tremendo, esperando la respuesta de la autora de Laila Winter. Ella, con todo el nerviosismo que la atenazaba se irguió en su silla, miró fijamente a su interlocutor, y le contestó: “sí, entiendo más o menos lo que me quieres decir. Pero, ¿sabes una cosa? Los personajes de mi novela son hadas, y no otra cosa”.

Y entonces, el auditorio se cayó de aplausos. La reacción del público fue atronadora, se alargó durante varios minutos, sonaron varios gritos de ¡Bravo! Y un buen montón de silbidos. Fue el momento apoteósico de este año. Y eso que el programa era de un nivel increíble, os lo aseguro.



Bárbara G. Rivero rodeada de admiradoras


Ese es el espíritu del Encuentro de Dos Hermanas. Eso es lo que hace diferente este evento respecto a otros.

Y el año que viene volverá a aparecer, allá por el otoño… ¿No quieres saber qué se siente?

jueves, 8 de octubre de 2009

Fiestas Literarias (I)

Poco a poco voy recobrando el resuello, y es que todavía arrastro cansancio después del mes loco que he tenido. Pero siento que no terminaré de cerrarlo hasta que os cuente cómo fueron las fiestas a las que he asistido durante las últimas semanas, separadas por más de 1000Km. de distancia en apenas unos días.

La primera fue en Barcelona. Me refiero, claro al evento que organizó la agencia de Sandra Bruna.

De entrada, venía yo contento y feliz tras mi encuentro con la editorial. Pero además, la felicidad se multiplicaba porque, al fin, tras dos años de mantener contacto vía e-mail, iba a poder darle un abrazo a una buena amiga, Montse de Paz, Elisabet para el mundo virtual.

Mi relación con Montse comenzó en un foro del que ya he hablado otras veces. Un día, recién llegado yo a aquel foro, le comenté un texto, ofreciéndole algunas sugerencias. Lo hice con muchas reservas, porque nunca sabes cómo se va a tomar la gente este tipo de cosas, pero su respuesta fue formidable: “¡Esto es lo que yo quiero que hagan con mis textos!”, respondió. Desde entonces, sacó su raqueta, yo desempolvé la mía, y cada texto que nos hemos mostrado ha sido un emocionante partido-aprendizaje. No voy a hablar de las bondades como persona de Montse, ya lo hice en su momento, hace una buena cantidad de tiempo. Pero sí me saqué la espina clavada: al fin nos dimos un abrazo.

Nos fuimos a tomar una coca-cola, que no todos los escritores somos alcohólicos, (aunque empiezo a entender por qué muchos lo son…). Poco después, aparecía Lola Marinè, y de este modo se organizó la primera reunión formal y real de brunescos (autores representados por Sandra Bruna). Hablamos de nuestros proyectos, de nuestros temores, de nuestras alegrías. Hablamos de anhelos, de amistades virtuales, de cosas que nos ayudan a crecer en este mundo literario que a veces es tan obsesivo, oscuro y extraño.

Junto a Montse de Paz, de blanco, y Lola Marinè


Y luego, pues nos dirigimos al lugar donde se celebraba el evento de la agencia, situado a escasos 300 mts. del hotel en el que me alojaba. El lugar era estupendo, disfrutábamos una temperatura ideal, y aquello estaba lleno de gente. Debíamos ser más de 60 personas. De entre todas ellas, tuve la oportunidad de conocer a alguien de quien había escuchado hablar mucho: Montserrat Rico. Se trata de una autora de novela histórica, que lleva ya unos años trabajando muy duro, y comienza a cosechar éxitos más que importantes. Sus últimas novelas ya se están traduciendo a otros países, y Portugal o Rusia están siendo los primeros en apreciar su valía como escritora. A mí, lo que me sorprendió gratamente fue su extrema sencillez, su humildad, su hablar tranquilo y sus ganas de ayudar a los que venimos detrás. Fue todo un descubrimiento. No me extraña que Montse la tenga en tan alta estima.


Apenas pude hablar con Sandra, no más allá de unas pocas palabra. No la culpo, desde luego. Estaba de lo más ocupada y tenía a mucha gente que atender. Ahora andan todos de cabeza, con la feria de Frankfurt aquí mismo, así que la dejaré respirar hasta la vuelta y entonces hablaremos de mis últimos trabajos.
De izquierda a derecha, Montse de Paz, Sandra Bruna, Montserrat Rico, Joan Bruna y Lola Marinè, conmigo en el centro.

Cuando ya me estaba despidiendo de los presentes para regresar al hotel, tuve el gusto de conocer a Jordi Cantavella. Es un tío genial, con el que conecté de inmediato: simpático, alegre… no me extraña que se dedique al género del humor, genero que por cierto, en mi opinión, es el más difícil de trabajar en la literatura. Igual es que soy una persona muy seria… La cuestión es que resultó que Jordi había sido uno de los lectores de HIJOS DE HERACLES para la agencia. Y claro… no podía dejar pasar la oportunidad. Me invitó a tomar una copa y me llevó a su bar, porque tiene un bar muy cuidado, todo hay que decirlo. Me presentó allí a su socio y pasamos un buen rato de charla. Los tres hablamos de literatura, cine, historia… En fin, el broche perfecto a un día estupendo.

Regresé pronto a mi habitación, estaba muy cansado, y me acosté de inmediato. El viaje de vuelta fue plácido, pero, contrariamente a lo que creía, no me dormí en el avión. Regresé con un cansancio tremendo, pero contento por cómo había ido el viaje. Era la primera cima importante del mes de septiembre, pero ya en el horizonte se alzaba la siguiente: el Encuentro de Literatura Fantástica de Dos Hermanas.

En unos días os lo cuento.