miércoles, 11 de agosto de 2010

Cómo está el patio...

Hace tiempo que se viene diciendo que el tema de publicar un libro está complicado. La crisis global aprieta fuerte a un sector que, además, vive su propia crisis personal. A principios de año se habló que iban a bajar el número de publicaciones de las editoriales, que se iba a apostar menos por autores desconocidos y a fomentar, aún más, a los autores que dejaban dinero en caja…

Bueno, pues todo esto se ha ido viendo cumplido paso a paso. Las tiradas, por ejemplo, siguen bajando en el número promedio de libros editados. Pero eso no ha paliado el problema. De hecho, hay quien lo está pasando francamente mal.

A mediados de abril nos sorprendíamos al conocer que Ediciones B había decidido cerrar la editorial Bruguera por falta de resultados. Dicho así no parece demasiado preocupante, pero es que Bruguera ha sido uno de los sellos míticos de este país. Pues ni por esas. Dejará de editar a partir del próximo año. Y claro, no son pocos los rumores que hablan del mal estado de la empresa madre, Grupo Z, propietaria de Ediciones B.

No es la única que ha cerrado, ni la última, claro. La última, que yo sepa, ha sido Vía Magna. Hace unas semanas comenzaban a oírse rumores: que si no contestaban al teléfono, que si la página web no se actualizaba… Finalmente, se ha sabido que, efectivamente, la editorial ha cerrado. Personalmente me ha sorprendido, porque tenía en catálogo algunos bestsellers internacionales, como 2012, o las novelas de Steve Alten.

Las distribuidoras tan poco lo están pasando especialmente bien, y ya hay alguna que cerró puertas. Y mirando datos para esta entrada, descubro que en N.Y. ha cerrado la librería más grande de venta de libros en español tras casi 50 años en funcionamiento.

Vamos, que el panorama no es lo que se dice bueno.

Pero la gente sigue escribiendo, y las editoriales rechazando libros. Y en este sentido, hace un par de días me quedé blanco cuando vi en una de las grandes librerías de Sevilla un título que me revolvió el estómago. No recuerdo el título, ni la autora. Se ve que mi mente ha hecho un esfuerzo por olvidar ambos datos. Pero el recuerdo del tema sigue ahí clavado como el aguijón de la avispa, inflamando e infectando.

Era un libro que estaba dirigido, evidentemente, a las editoriales. Me llamó la atención por el título, algo así como “maneras de rechazar una novela”. Cuando lo abrí no daba crédito. Se trataba de un libro en el que la autora exponía decenas, supongo que habría más de un centenar, de cartas tipo con las que rechazar un texto. Organizadas por el modo de la carta, por ejemplo: formales, inteligentes, de disculpa, divertidas, etc…

¿Debería todo esto desanimarnos? Pues yo creo que no. Cuando las cosas están difíciles es cuando hay que demostrar la valía de cada cual. Se trata de una piedra de toque, de comprobar si realmente uno vale para esta profesión o no, de saber si sobresale o no sobresale por encima de la muchedumbre que, con poco acierto, poco talento, o mucha mala suerte, que también eso cuenta, se queda en la cuneta.

Es ahora cuando hay que apretar los dientes y dar lo mejor que podamos dar. Escribir desde las entrañas, esa historia que te remueve por dentro, que te emociona. Y es ahora, porque mañana no sabes si el desaliento te habrá ganado la partida.

Así que, fájate, cierra los ojos, mira en tu alma, y prepárate a trabajar como hasta ahora no lo habías hecho. Seguro que descubres que disfrutas de esa novela más que de ninguna otra.

4 comentarios:

Blas Malo Poyatos dijo...

Hola, Teo, el patio está caliente, caliente, y no hablo de los cuarenta grados que se alcanzarán hoy en Sevilla provinca. Hay crisis, sin duda, pero las librerías siguen llenas de novedades todos los meses. Se sigue publicando, aunque menos, y algunos novatos pronto verán la luz (ejem).

Ayer hablé con un compañero de trabajo que me comentaba que, Crisis o no Crisis, compraba al menos dos libros al mes; si se tenía que quitar de otras cosas, se quitaba, pero que sus lecturas no se las quitaba nadie. De hecho, está impaciente porque salga ya mi libro.

Septiembre nos traerá algunas respuestas, espero.

Un abrazo

Laura dijo...

Isaac Asimov escribió hace un montón de años (y de verdad fue hace mucho) un pequeño poema muy divertido sobre las diferentes formas en que se rechazaba un manuscrito: desde la manera más ruda hasta la más elegante. Y culminaba el poema con el sentimiento único al final, el del autor rechazado que veía así morir su ilusión. Y lo escribió basándose en su experiencia personal. Él vivió épocas terribles, pues le tocó ser niño en la Depresión, joven en la II Guerra Mundial, ser adulto durante la Guerra Fría y demás. Y así se tomaba con humor los vaivenes, las crisis, y los fracasos del mundo editorial. Y estamos hablando de uno de los autores más editados y famosos de la cienca ficción.

Si por cada crisis los autores enterraran la cabeza en la tierra y se echaran a morir, ¡cuántas obras no tendríamos ahora y disfrutaríamos como lo hacemos! Ya no habría libros ni textos ni literatura. Después de todo, el escritor siempre ha sido y creo que será un trabajador que tenga que luchar contra corriente. ;)

Francisco de Paula dijo...

Teo, para los que tenéis talento es muy fácil decir eso de "fájate", etc... Como vosotros sois unas máquinas de matar :D
Pero bueno, los que estamos en el alambre de la ilusión (todavía, ya queda menos), a seguir trabajando con humildad y a pensar que, por lo menos, siempre podremos seguir contándonos a nosotros mismos esas fantásticas historias que tanto nos esforzamos por contarnos. Crisis o no crisis, eso es gratis. :D

PD: Te debo un correo con el resultado de lo que mató al camello. Acabo de volver de vacaciones, dame un poco de margen para orientarme y te escribo por el FBook.

Sergio G.Ros dijo...

Hola, Teo. Bueno, yo estoy un poco desilusionado con el tema, la verdad. Entristecido sería la palabra. Creo que después de muchas horas en vela, de quitar tiempo a la familia, de casi perder a los amigos, de sacrificar horas de sueño... de mucho trabajo en definitiva, lo único que obtienes es una carta de rechazo, simple, rápida, directa. Las modas están ahí: el género negro y el histórico, pero cabe preguntarse entonces que si uno debe escribir con las entrañas, y no pertenece a esos géneros, no lo tiene nada fácil. Dicho todo esto, y, aunque me encantaría que me publicaran, como dije al principio, no es que esté cabreado, ni que eche la culpa a nadie, ni nada de eso, es solo tristeza.
Solo eso.
Un abrazo, y mis mejores deseos para Blas, ¡a romper los rankings!!