miércoles, 30 de mayo de 2012

El Fin Del Mundo Maya Ha Llegado


El fin de semana pasado estuve en Málaga, en las III Jornadas Mejor con un Libro, impartiendo junto a Concha Perea (atentos al nombre porque próximamente escucharéis hablar mucho de ella) un taller sobre creación de personajes.


Fue la guinda del pastel... Me refiero a que para mí fue la guinda del pastel, porque llevo ya 2 meses sin tener un solo día de descanso. El motivo es sencillo: tengo varios frentes abiertos.

Ya os hable hace unas semanas de que había retomado la historia de Pecado Capital. Sin embargo, he tenido que aparcarla porque un proyecto más urgente se ha puesto en marcha después de varios meses de espera. Pronto podré dar más detalles. Por ahora, decir que estoy ilusionado con el tema.

Esta noche toca rescribir un capítulo, añadir pequeñas escenas. Os dejo la primera de ellas:


Hacía media hora que habían pasado la media noche en Panchagarh, al norte de Bangladesh. La familia de Benoy, su mujer y dos niñas, dormían hacía rato. Él, en cambio, llevaba toda la tarde con una extraña irritación que había ido creciendo más y más. También se había acostado, pero, cansado de dar vueltas, y temiendo despertar a su mujer, decidió levantarse.

Estaba asomado a la ventana desde que llegara la media noche. Simplemente. Sin hacer nada más que mirar la oscuridad en la que había ido cayendo la ciudad. De repente, se encaminó hacia la cocina, con los ojos febriles y el sudor mojando sus axilas. Tomó un cuchillo largo y salió. No le importó dejar la puerta abierta. Ni siquiera se dio cuenta.
Caminó por la calle un centenar de metros hasta que se cruzó con un joven.
El chico alzó la cabeza y sonrió de puro nerviosismo. No llegó a gritar: el cuchillo le segó el cuello.
Benoy ni siquiera se detuvo a contemplar lo que había hecho. Continuó caminando, dirigiéndose al centro de la ciudad, donde habría mucha más gente a la que matar”.


martes, 22 de mayo de 2012

Guerra de Autores


Igual levanto polémica, pero, sinceramente, me da igual.


Estoy cansado de la “guerra” de autores. Porque sí, HAY una guerra de autores. Por un lado, los revolucionarios. Por el otro los inmovilistas.

Los primeros defienden que el modelo editorial es caduco y obsoleto. Que las editoriales se aprovechan del autor ofreciéndole contratos leoninos. Que sin el autor no existiría mercado. Proponen que todos los autores deberíamos darle la espalda a las editoriales y aprovechar plataformas como Amazon, a la que erigen en el santo sanctorum de la revolución literaria, el nuevo mesías del escritor. La posibilidad de liberación absoluta de las garras del sistema.

Por otro lado, estamos los que creemos que, aunque es cierto que el autor es el último mono en el mercado editorial, los que de verdad valen tienen su hueco. Que esta es una profesión de larga distancia, que se necesitan varios años de trabajo muy duro para ir haciéndose un nombre. Que si consigues pergeñar una buena historia y das con un golpe de suerte puedes conseguir grandes cosas.

Éstos últimos, entre los que me encuentro, creemos que todo el mundo tiene derecho a escribir, pero que, desgraciadamente, no todo el mundo tiene el nivel suficiente como para publicar con garantías en un mercado durísimo y terrible. Que el escritor también necesita una formación: una formación en cuanto a cómo crear una historia, en cuanto a gramática, sintaxis, puntuación, etc. Con todo, respetamos y hasta animamos a los que prueban caminos distintos, como la autopublicación o la publicación digital, sea en Amazon, Bubok, Lulu o cualquier otra plataforma.

Sin embargo, no recibimos el mismo respeto por parte de los revolucionarios. En muchas ocasiones se nos tilda de inmovilistas, de vendidos, de ceder ante las editoriales y el sistema. De aceptar contratos de un 10% de ventas cuando ellos obtienen un 30% en edición digital.

En ocasiones, nos dan palmaditas en la espalda cuando alguno de nosotros anunciamos que vamos a publicar con tal o cual editorial, sea mayor o menor, mientras que por detrás nos critican, diciendo que si una editorial ha aceptado nuestra novela se debe a que es mediocre, que es de lectura fácil y poco arriesgada y que eso es lo que leen los analfabetos. Que, por el contrario, a ellos no les publicarán en la vida, porque ellos escriben historias de calado, de profundidad, de aquellas que marcan en la vida. Historias que pueden cambiar el mundo, poco más o menos. Y, claro, eso no compensa a las editoriales.

Porque, claro, las editoriales tienen que hacer un esfuerzo terrible: tienen que descartar a las malas historias, sí. Pero también a las buenas historias, aquellas que venderían sí o sí por su extraordinaria calidad. Tienen que buscar, por tanto, sólo a las historias y los autores mediocres, y ponerse a rezar para que, una vez publicados, vendan lo suficiente como para costear al menos los gastos y generar algún beneficio.

Esos autores pasan el día anunciando que su libro está en el puesto nosécuántos de los más vendidos. He llegado a ver autores que anunciaban a bombo y platillo que su libro estaba en el puesto 700 y pico de una lista de varios miles.

Autores que no se dan cuenta de que Amazon es una plataforma, sí. Una posibilidad, sí. Pero que, igual que con las editoriales, solo llegan los buenos. Y solo se mantienen, que es lo verdaderamente difícil, los extraordinarios. Autores que han ocupado durante semanas los primeros puestos en Amazon sólo consiguen ganar las astronómicas cantidades de 300€ o 400€.

Los que optamos por la publicación tradicional nos tenemos que conformar con un adelanto de 2000€, 3000€ o 5000€, dependiendo de la editorial y lo que esté dispuesta a apostar por cada uno. Eso sí, nuestros contratos son los leoninos. Somos nosotros los que nos vendemos.

No, señores. No nos vendemos. Elegimos el tipo de publicación que queremos llevar a cabo. En mi caso personal, y me consta que en el de la gran mayoría de los inmovilistas, por motivos como el de querer que nos hagan una corrección profesional; o una maquetación profesional. Que un sello de calidad contrastada respalde nuestro trabajo, etc.

Repito, defenderé el derecho de cualquiera a publicar del modo y la manera que desee. Pero exijo exactamente el mismo derecho. ¿O acaso si viniera Planeta, o Random House, o Alfaguara, o cualquier otra editorial, aunque fuera mucho más pequeña, con una oferta razonable dirías que NO a que sacaran tu obra en papel?

Elige tu modo de publicar. Y deja que yo elija el mío. A ser posible, sin criticarme a mis espaldas.

domingo, 13 de mayo de 2012

LA PREDICCIÓN DEL ASTRÓLOGO


En noviembre terminaba de escribir mi última novela. Se titula LA PREDICCIÓN DEL ASTRÓLOGO, y está ambientada en el siglo XI, en una Sevilla convulsa que pretende convertirse en el mayor reino de Al-Ándalus.

Me llevó dos años escribirla, desde el momento que empecé a darle forma a la idea hasta el punto final.  Es una historia de amistad y amor y de lo que estamos dispuestos a hacer para conseguir nuestros objetivos. Incluso para vengarnos.

Si todo va bien, dentro de muy poco tiempo podré dar buenas noticias sobre la novela. De momento, aquí dejo un pequeño fragmento.

La desesperanza me rodeaba como una manta calurosa; mi piel se quemaba; mis ropas terminaron de hacerse jirones. Pero era en mi interior donde me asomaba al verdadero abismo. No pensaba en lo que me esperaba más adelante, sino en lo que había dejado atrás.

No podía dejar de ver a Atira en manos de otro hombre, alguien a quien no amaba. Lloraba cada uno de los besos que no había podido darle, que jamás podría darle; cada caricia que recibiría su piel levantaba llagas en la mía, y el ardor que sentía en mis entrañas era más abrasador que el abrazo del sol. ¿Por qué iba a preocuparme de lo que le pasara a mi cuerpo en aquel viaje si mi vida había dejado de tener importancia?

Huí de Silves por amor, atravesé reinos y ciudades para encontrar el olvido a las puertas del desierto; justamente allí, dónde casi nada puede crecer, fue donde volvió a florecer mi corazón. Y cuando ya acariciaba la felicidad, lo había perdido todo nuevamente.

Ni siquiera era consciente del paso de los días. Simplemente caminaba con la cabeza clavada en mis pies, trotando siempre, como si hubiera dejado de ser persona y no fuera más que la cáscara de una nuez rellena con la única voluntad de llegar a un lugar en el que ser quebrada.

A mi alrededor hablaban los guardias, restallaban los látigos y gemían los hombres, que clamaban por agua y comida cuando las lenguas aún estaban frescas. Y mientras todo eso ocurría, yo trotaba en silencio por aquel lugar que debía formar parte del itinerario que tomó el Profeta cuando visitó el Infierno.

Un amanecer tras otro.

Miles de pasos detrás de otro esclavo.

Con los labios resecos y la piel cuarteada, los andrajos rozando las llagas que nos cubrían.

Con los hombros llenos de ampollas y los pies plagados de heridas.

Y la imagen de unos ojos enmarcados por unas cejas como alas de gaviota revoloteando en mi cabeza.

Porque allí, bajo el sol abrasador del desierto, sentí de nuevo el gélido vacío que te envuelve cuando una persona que estaba destinada a ser importante en tu vida sale de ella de repente.

Así cruzamos la Hamada del Draa y Tinduf: desollados, sedientos y hundidos. Muchos con las espaldas marcadas por los latigazos, aunque los guardias conocían bien su trabajo y no golpeaban para debilitar más al que caía, sino con la fuerza justa para que el dolor le hiciera levantarse y retomar su camino.

martes, 1 de mayo de 2012

Trabajo presente... y trabajo para el futuro

Os hablaba hace unos días que había retomado el proyecto que había escrito sobre el Duque de Lerma.

Este fue un personaje importantísimo en la España de finales del s. XVI y principios del XVII. A pesar de que provenía de una familia noble empobrecida y venida a menos, consiguió convertirse en el valido de Felipe III. Prácticamente tenía al rey secuestrado, y nada se hacía en la Corte sin contar con él. Se llamaba Francisco de Sandoval y Rojas, I Duque de Lerma.

Escribí su historia hace ya bastante tiempo, la concluí en noviembre de 2008. De hecho, aquí podéis ver en el texto que colgué en este blog cuando la terminé y la sensación que me dejó. La envié a mi agente por aquel entonces. Tiempo después (años después) se envió por fin a una editorial para valorar su posible publicación. Era Edhasa, la editorial que había publicado Hijos de Heracles. La leyeron y les gustó la historia, la época, el personaje… Pero no la quería publicar por los motivos que os comentaba en la entrada anterior: estaba escrito como crónica, no como novela.

Me invitaron a rescribirla, y es lo que estoy haciendo. Es un trabajo que voy a afrontar en varias fases. La primera ha sido una búsqueda de nueva información. ¿Por qué? Porque voy a mezclar la historia del S. XVI con otra posterior, en el s.XIX con la invasión napoleónica. Esa fase ya está prácticamente concluida. Ahora estoy en una segunda fase.

Lo que estoy haciendo es, básicamente, rescribir el texto original para adecuarlo a los cambios que se producen en la historia. Para empezar, es un texto que pasa de ser narrado por un narrador omnisciente a ser contad un narrador en segunda persona a un narratario explícito. Además, estoy eliminando gran parte de los datos históricos.

Al haber estado escrita como crónica, contiene multitud de datos que, en realidad, no son necesarios para una novela. Dan mucha información sobre la época, la forma de gobernar, las ciudades, villas, palacios, etc. Pero entorpecen en avance de las tramas de la novela, así que toca eliminar datos.

Ahora bien, no los estoy “borrando”. Al contrario, estoy organizándoles por temas. ¿Por qué? Pues porque creo que serán una información adicional maravillosa para los curiosos que quieran conocer más sobre lo que se narra en el texto. Si llega a publicarse, crearé una página web en la que habrá toneladas de información adicional.

Os dejo un ejemplo, para que veáis de qué os hablo y abriros el apetito.


De por qué Felipe III fue nombrado rey

El camino que había llevado a Felipe a ser heredero de España y Portugal había resultado tortuoso. El primer hijo y heredero de Felipe II, Carlos, tras sus repetidos intentos de levantarse contra su padre, fue confinado por mandato del rey casi veinte años antes, con órdenes de no recibir correspondencia y con acceso limitado a su persona. El príncipe amenazó con quitarse la vida, de modo que fueron retirados de su alcance cuchillos, tenedores y cualquier objeto con el que pudiera llevar a cabo sus planes. Finalmente, Carlos inició una huelga de hambre, y más tarde, al no poder mantener su primera intención, comenzó a comer sin medida. Todos estos excesos llevaron al príncipe a la muerte en el verano de aquel mismo año. Con todo, puesto que el rey había sido extremadamente ambiguo con respecto al confinamiento de su hijo, comenzaron a correr rumores por los reinos, acusándolo de haber dictado una secreta sentencia de muerte contra su heredero.

Tres años después de estos acontecimientos nacía, del tercer matrimonio de Felipe II, su hijo Fernando. Sin embargo murió joven, en 1577. Dos años después, vio la luz Carlos Lorenzo, que moriría con tan solo dos años. Igual suerte correría el tercer hijo del matrimonio de Felipe II con Ana de Austria, Diego, nacido antes de que transcurrieran dos meses del fallecimiento de su hermano Carlos Lorenzo, y a quien la muerte lo encontraría cuatro años después que a su hermano Fernando, en 1582, cuando ya era heredero de España y Portugal.

Todos estos acontecimientos y muertes no podían ser casuales. El pueblo comenzó a creer firmemente que Felipe, el último hijo del rey, había sido elegido directamente por Dios para llevar las riendas de la monarquía española y empezó a venerarlo, puesto que por intervención divina había quedado como la única opción para que la monarquía continuara reinando. 

Por tanto, todos los reinos juraron sin mayores problemas al heredero de la monarquía.