lunes, 16 de julio de 2012

No solo es escribir

Cuando uno quiere dedicarse a algo, lo menos que puede hacer es preocuparse por conocer bien dónde se mete. Así, un aprendiz de carpintero tendrá que aprender a manejar el martillo y el serrucho antes de coger la sierra eléctrica. Los arquitectos deben pasar varios años estudiando una carrera, manejando planos y escalas y perfeccionando sus matemáticas antes de tener un título con el que iniciar su primer proyecto profesional. Y así con todo.

Para el escritor, esto no es así. Cualquiera puede ponerse a escribir sin tener conocimientos previos, sin tener siquiera una carrera universitaria. Y, ojo, puede hacerlo tan bien como el que más.

Aun así, personalmente no le perdono a alguien que quiera dedicarse a escribir que no se preocupe por conocer el mundillo en el que se mete. Es un mundo extraño, oscuro y bastante hermético, cierto. Es un mundo hasta feo en algunos aspectos. Desagradable y desagradecido, donde a menudo el escritor es la parte menos importante, la más ninguneada. Un mundo en el que muchos están cómodos con esa oscuridad, con ese mundo enrevesado y laberíntico. Incluso así, no lo perdono. Y no lo perdono porque hay muchos lugares en los que un escritor que empieza puede enterarse de qué cosas debe hacer, y cómo hacerlas, y qué cosas no debe hacer.

Y voy a poner un ejemplo. Lo primero que tiene que hacer un escritor que quiere que publiquen su obra es saber, exactamente, a quién le envía su obra. He perdido la cuenta, pero deben ser cientos las veces que he escuchado, o leído, a un escritor demonizar a las editoriales porque no contestan a las propuestas de publicación. Estoy de acuerdo, las editoriales deberían contestar esas propuestas. ¿Por qué no lo hacen? Porque están saturadas de trabajo. Porque, cada una de ellas, y las grandes ya ni hablemos, recibe centenares de propuestas de publicación.

Lamentablemente, y lo digo con conocimiento de causa puesto que colaboro con alguna editorial, muchas, la enorme mayoría de esas propuestas, son impublicables. Por varios motivos: están mal escritas (y cuando digo mal escritas me refiero a que contienen múltiples faltas de ortografía y necesitan una corrección larga y profunda que encarecería muchísimo el producto final), tienen argumentos manidos y repetitivos que no aportan nada nuevo, las líneas argumentales no están bien desarrolladas o los personajes son calcos de novelas de éxito. O todo ello junto.

Siendo todo eso una mala noticia, es perdonable. A escribir se aprende escribiendo, y probablemente los primeros textos de los grandes genios de la literatura universal no fueran mucho mejores que los de cualquier otro. Hay tiempo de aprender, y lugares donde hacerlo. No es nada malo asistir a un curso de narrativa, o contratar servicios como los de corrección o informes de lectura.

Lo que no perdono es la falta de interés. La falta de atención. La falta de preocupación por nuestro trabajo. Me explico: nuestro texto no encajará en cualquier editorial. Las editoriales tienen unas líneas marcadas, unas «especialidades», por llamarlas de algún modo, y fuera de ahí no tocan otra cosa. Y es obligación del autor saber si su obra encajará o no en esa editorial

Hace cosa de un mes se levantó cierto malestar en Facebook cuando una editorial anunció que desde ese instante pasaba a recibir originales de novela romántica escrita por autoras españolas para su colección. Hubo algunas dudas, y fueron contestadas en un mensaje público por parte de la editorial. Entre otras cuestiones, se especificó que se aceptarían novelas «románticas, pero no sentimentales». Puede parecer un texto extraño si uno no conoce el mundillo de la novela romántica. Pero, claro, si uno ESCRIBE novela romántica, ¿qué menos que conocer ese mundillo? La cuestión es que, semanas más tarde, la editorial tuvo que poner un nuevo mensaje pidiendo a la gente que se fijara en qué tipo de textos enviaban, que estaban recibiendo novelas que no encajaban con su línea editorial porque no tenían escenas de sexo.

Y se formó el problema, porque algunos decían que la editorial no había sido clara, que qué se quería decir con eso de «novela romántica, pero no sentimental». Pues si uno quiere enviar una novela a una editorial, y se encuentra con que piden algo que no sabe lo que es, lo mínimo que debe hacer es preguntar qué demonios es eso, en lugar de enviar su texto sin más. ¿Por qué? Pues porque satura a la editorial innecesariamente, le envía un texto que jamás publicará, quema balas y posibilidades de publicar y encima se envenena contra el mundo editorial porque no recibe respuestas y si las recibe son negativas. Se carga de razones en contra del mundo editorial sin ser capaz de reconocer su responsabilidad y, de paso, complica un poco más el proceso para todos aquellos compañeros escritores que sí hacen bien su trabajo.

Seamos responsables. Hagamos nuestro trabajo, que no consiste solo en poner unas letras detrás de otras… Ser escritor es mucho más que eso. Si elegimos esta profesión, porque profesión es aunque la mayoría no podamos vivir de ello, hagamos bien nuestro trabajo. Es lo mínimo, ¿no?